.—
Salvo el consenso favorable a la ciudad de Barcelona sea la sede
principal de la Unión Mediterránea (UM), los ministros de la nueva
concertación debaten hoy sus modalidades en un complejo proceso
negociador.
El papel de la Liga Arabe que aspira a ser de total protagonismo,
encuentra la oposición de Israel, así como ciertos contrapunteos
relacionados con la influencia de los países del Magreb y de Europa.
La UM tomó figura el pasado 13 de julio en París por iniciativa
del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien dio impulso a la idea
de crear un mecanismo de intercambio y cooperación entre naciones
con costas comunes en el Mediterráneo.
Sin embargo, el proyecto estuvo a punto de naufragar por la
oposición, entre otros, de Alemania, finalmente invitada a sumarse a
la iniciativa que integran actualmente 43 países.
Según medios diplomáticos, algunos asuntos tienen de hecho el
visto bueno de los 43 ministros o sus representantes que toman parte
en la reunión de dos días que concluye hoy en esta ciudad portuaria.
Barcelona como sede, la secretaria general asignada a uno de los
países de la ribera sur del Mediterráneo, además de cinco
subsecretarías, una para Israel, otra Palestina y las tres restantes
a la Unión Europea (UE).
De todas formas, para que todos los pre-acuerdos tengan validez,
deberán ser aprobados como un paquete al cierre de las sesiones esta
noche. El grupo pudiera finalmente llamarse Unión por el
Mediterráneo.
El régimen de Tel Aviv acepta que la Liga Arabe participe como
observador en las reuniones ministeriales de la Unión por el
Mediterráneo, pero se opone a que también tome parte en los
encuentros preparatorios.