Entre
las tantas criaturas que Alicia Alonso encarnó sobre la escena,
Giselle es quizás su mayor símbolo de identidad danzaria. Sesenta y
cinco años después de su debut en el personaje, los participantes en
el XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana la arroparon el
último domingo durante la extraordinaria velada que en la sala
García Lorca celebraron ese hito histórico.
A
su vez, la noche hizo historia. Primero, porque la función
conmemorativa fue asumida por nacientes estrellas del Ballet
Nacional de Cuba que se empinan creativamente sobre el ejemplo de la
maestra: Viengsay Valdés y Anette Delgado, en inusual pero
justificado y hermoso reparto del papel protagónico, aparejadas por
Rómel Frómeta y Joel Carreño. Y luego, porque se reunieron en el
proscenio tres de los mejores partenaires que Alicia tuvo en
su carrera: Azari Plisetski, Cyril Atanassoff y Vladímir Vassiliev.
(P. de la H.)