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Volver a cuando enseñar era un juego
La capital debe formar miles de maestros para
cubrir las necesidades. En todas las instituciones ha de funcionar
igual la orientación profesional, con el fin de atraer a niños y
jóvenes. Es preciso cuidar que quienes se inicien en este camino
mantengan su decisión
Leticia Martínez y Joel
Mayor
Cambiar de uniforme, de maestros y hasta de escuela no transformó
los sueños de Ayamei O’Farrill. Ahora cursa el noveno grado, pero
mantiene intactos los anhelos aprehendidos en la primaria. Quiere
enseñar a los niños con la misma dedicación que le brindaron. Cuando
historias como esta se multipliquen por Ciudad de La Habana, dejará
de ser una preocupación cubrir las aulas con maestros.
En
la Lenin, el IPVCE y el pre pedagógico comparten instalaciones,
buenas clases, exigencia. Y el ambiente convida a estudiar, lo
prueban los 100 puntos de promedio de Elena (a la izquierda).
LAS AULAS ESPERAN
Los niños de ahora se perderán a Noemí, Amalia, Dulce, Consuelo y
otras de nuestras maestras inolvidables. Los profes de hoy tienen el
pelo muy negro, o muy rubio, hasta rojo; visten a la moda; comparten
las preferencias musicales de sus alumnos; son tan jóvenes como
ellos. Muchos tienen deseos e inquietudes de superación, pero les
falta tiempo e insistir en ello, también la confianza de una buena
parte de los padres. Lo peor, sin embargo, es que no son
suficientes.
En la capital se necesitan otros 8 576: 2 054 en la enseñanza
primaria; 4 396, en secundaria; 927, en la enseñanza técnica
profesional (ETP) y el resto, en preuniversitarios. En la
actualidad, sus puestos los ocupan profesores en formación, por
contrato y otros docentes.
Las
condiciones de las villas les permiten repasar los contenidos, tanto
en el salón de estudio como en sus cuartos.
No obstante, quedan por cubrir plazas para las asignaturas de
Inglés, Educación Física y de Profesores Generales Integrales (PGI)
en los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas
(IPVCE) y en dos centros de la ETP.
Plaza de la Revolución, La Habana Vieja, La Habana del Este,
Guanabacoa, Diez de Octubre, Cerro y Marianao, demandan el mayor
número.
La Dirección Provincial de Educación atribuye las causas al
éxodo, la inactividad y los bajos niveles de ingreso a la formación
pedagógica. El plan de ingreso a los institutos superiores
pedagógicos, para los graduados como bachilleres, concibe la entrada
de 575 estudiantes; en cambio, este año se incorporaron solo 488.
En
el círculo de interés de Pedagogía, supieron inculcarle a Leyma el
amor a enseñar. Y no solo regresó, sino que también procura motivar
a sus pequeños.
¿Cómo cubrir las necesidades, si entre un 17 y un 30% de los que
se han preparado en institutos preuniversitarios vocacionales de
ciencias pedagógicas renuncia a completar esta formación en la
enseñanza superior, y asumir posteriormente las aulas?
Unas y otras cifras muestran cuánto es preciso hacer, desde
entusiasmar a los más pequeños hacia esta hermosa labor, conciliar
los sueños de los jóvenes con las urgencias del país, mantener en
las aulas a quienes un día abrazaron el magisterio (tanto los que
aún se forman como los que llevan años frente a la pizarra)... hasta
distinguir al maestro, para que otros emprendan su mismo camino.
Resulta
una tradición de la escuela Eterno Baraguá guiar a los niños
mediante los círculos de interés.
EL INTERÉS RINDE FRUTOS
¿Cuántos de los que culminamos los estudios no recordamos con
añoranza los turnos del círculo de interés: cuando jugábamos a
hacernos grandes, y nos divertía pasar algunas horas llenando
historias clínicas, inseminando reses, apagando fuegos, compartiendo
la vigilancia del tránsito, o ayudando a la maestra a chequear la
tarea y la asistencia, tal como si impartiéramos clases?
Pero la apatía, sumada a la escasez material, condenaron casi al
olvido a esta fuente de motivación, primordial en las edades
iniciales en que comienzan las preguntas sobre "qué ser cuando
grandes". Vocaciones perdidas, entre ellas la del magisterio,
desconcierto al elegir, e insatisfacciones laborales pudieran
constituir el saldo de no atizar en las escuelas el movimiento
dirigido a la orientación profesional.
Liudys
Carrazana es una maestra aún muy joven, pero apenas llega de la
escuela recoge el video antes que nadie para ir a ver las clases de
la semana próxima, y prepararlas.
Junto a su maestra de entonces, Leyma López ayudaba a mantener la
disciplina en el aula y a recoger las libretas. Hoy se desempeña
como profesora de su propia escuela, la primaria Eterno Baraguá, en
el municipio de La Lisa.
Ellos supieron inculcarle el amor a enseñar, en el círculo de
interés de Pedagogía. Leyma no solo regresó, sino que desde hace
siete años además de impartir clases en aquellas aulas, realiza la
misma labor de motivar a sus pequeños: rescata canciones infantiles
que desarrollan la memoria, la comprensión, los valores...
Como esta joven, otros han vuelto al sitio donde enseñar era un
juego. Deneb Díaz lleva siete años. Lauren Martínez permaneció seis
y ahora dirige la escuela formadora de maestros Ocho de Octubre.
Yasnay Machado trabajó con ocho generaciones de niños y en estos
momentos colabora como psicóloga allí. Con Anneris Valdivia, la
actual subdirectora de superación de la Sede Universitaria Municipal
Pedagógica, ocurrió otro tanto.
Pareciera como si los muchachos nunca se separaran del colegio;
los de la brigada pedagógica, aún en secundaria, visitan el centro
una vez por semana. Gretel Columbié, Claudia Batista, Gretel Quirós
y Ayamei O’Farrill estudian en la Presencia de Celia, pero en la
tarde elegida desarrollan tareas con los niños de la Eterno Baraguá.
También Lázaro, Orisamel y Dayana, alumnos del pre pedagógico
Estrella Roja, acuden cada lunes para observar y preparar clases con
el maestro tutor; a medida que avanza el curso, incluso las
imparten. Igualmente, un día al mes, el aula pertenece a los
monitores.
Lo cierto es que ninguno de los profesores de este lugar
considera tal movimiento como algo extraordinario. Es su quehacer
cotidiano, una tradición, placer de guiar a los niños en torno a
disímiles temas: plantas medicinales, informática, estomatología,
educación vial, cuentos infantiles, matemáticas y, especialmente,
hacia la pedagogía.
Yo soy el maestro, Con la luz de tu sonrisa y Jugando con las
Matemáticas son círculos que atraen a los chicos. Mas, como asegura
Daymara Silveira, una de las subdirectoras, el ejemplo influye en la
formación vocacional; ya mis alumnos imparten clases en esta
escuela.
Alberto Manuel, aún en tercer grado, sigue los pasos de su profe.
A la pregunta de quién quiere ser maestro levanta rápido la mano. Ya
conoce de los grandes educadores de nuestra historia; y ayuda a
Víctor y Fernandito a realizar los deberes escolares. Cuando hace
bien su tarea, le confían la revisión de las demás libretas.
Mientras, aprende enseñando y halla en la profesión motivos para
soñarse de grande.
¿ORIENTACIÓN DESORIENTADA?
Lamentablemente, lo que resulta común para cualquier profesor que
llega a esa escuela de La Lisa —"lo establecido", como nos
confirmaron— no es frecuente encontrarlo en otros planteles, sino
todo lo contrario. Y, por supuesto, la orientación profesional
tampoco corresponde solo a Educación, sino a toda la sociedad.
Según explica Jorge Luis Pino Calderón —quien ha investigado
sobre el tema y lleva a cabo un proyecto de orientación profesional
pedagógica—, el Ministerio de Educación (Mined) tiene concebido un
sistema de orientación profesional que comprende cada uno de los
grados escolares, aunque no funciona igual en todas las
instituciones.
Tampoco puede pensarse, argumenta Pino, en desarrollar la
vocación en una escuela donde las clases no tengan calidad. Y los
maestros han de ser el ejemplo en el que los alumnos puedan mirarse:
buenos, comprometidos, inteligentes, investigadores y creativos.
"Nos corresponde ayudar al estudiante a encontrar un camino
profesional. La orientación ha de lograr que se identifique con las
necesidades del país, en tanto descubre lo hermoso del magisterio, y
de ese modo hacer coincidir sus intereses con la demanda social."
La motivación por las carreras pedagógicas es un reto. Mas,
precisamos que toda la sociedad actúe. El problema preocupa a
muchos, pero no ocupa a los suficientes, afirma Pino.
"Aunque no basta con orientar solo hacia la pedagogía; debemos
hablar de todas las carreras y ser capaces de encauzar la motivación
hacia las priorizadas. Los estudiantes tienen derecho a conocer
sobre todas las especialidades."
Persuadir resulta difícil; en ocasiones, ni los mejores
argumentos lo consiguen. Pero el ejemplo tiene una fuerza
incalculable: en la Secundaria Básica Experimental José Martí, los
primeros "valientes" lograron el milagro de que sus alumnos
siguieran ese camino y hoy compartan las aulas con ellos.
Por esta razón, liderados por la UJC, un grupo de jóvenes
maestros seleccionados (graduados o no) conformaron una comisión y
partieron hacia los preuniversitarios en el campo de la provincia La
Habana. ¿La idea? Entusiasmar a los futuros bachilleres con esta
profesión.
INVITADOS IMPRESCINDIBLES
Más de 4 500 maestros de otras provincias apoyan la enseñanza en
escuelas secundarias de la capital del país. Proceden de todas
partes, desde Guantánamo hasta Pinar del Río. Están repartidos en 16
villas. Crear condiciones para estos jóvenes entraña un singular
desembolso para el Estado; sin embargo, resultan imprescindibles.
Ellos también se han desprendido de la familia. Todavía Liudys
Carrazana llora y echa de menos a su mamá y papá. "Es difícil estar
lejos de casa tanto tiempo", aunque ya se coloca ante un aula con la
seguridad de estar preparada en cuanto imparte. Apenas acaba de
llegar de la escuela, deja los libros, el uniforme, y en ropa más
cómoda recoge el video antes que nadie para ir a ver las clases de
la semana próxima; las de esta ya las estudió.
En la villa Enrique José Varona, la mayor de todas, ubicada en la
Ciudad Escolar Libertad, comienza el ajetreo nocturno. Pueden
repasar los contenidos en el cuarto, donde hay ventiladores y
comodidad; o en el salón de estudio, con televisor, video y mesas
suficientes. Unos le conceden más tiempo a recuperarse de la
agotadora jornada; otros, a la preparación.
Liudys sabe que para llegar a ser tan buena como Milagros, su
profesora guía allá en Jiguaní, en la provincia de Granma, tendrá
que esforzarse. Por eso se sienta ante la teleclase, y en ese
momento nada puede distraerla, ni siquiera la añoranza.
"Me siento bien con haber venido. ¿La primera vez sola frente a
los niños? Me quería ir. Quien elige esta carrera tiene la gran
responsabilidad de enseñar."
¿Y MAÑANA?
La voluntad de los jóvenes maestros encuentra compañía este curso
en más de 658 profesores jubilados de la capital, que ahora retornan
a las aulas. Junto a la energía propia de la juventud para asumir
cualquier reto, llega el saber de los experimentados profes, a
quienes corresponde la tarea de impartir clases en las primarias, y
guiar la preparación de los PGI en las secundarias básicas.
Pero no basta. Además de los que ya están ante la pizarra, es
preciso cuidar que todos los iniciados en el camino para formarse
como maestros mantengan su decisión.
Profesores del Pedagógico visitan unidades militares donde
jóvenes que eligieron la pedagogía cumplen el Servicio Militar
Activo (SMA). Procuran reforzar la motivación a partir del Curso de
Orientación Educativa, no solo con los residentes en la capital,
sino con los de otras provincias ubicados en Ciudad de La Habana.
La cadena no debe romperse. El Instituto Superior Pedagógico
Enrique José Varona (ISPEJV) espera por quienes comienzan su
formación en los preuniversitarios vocacionales de ciencias
pedagógicas Estrella Roja, Ocho de Octubre y Vladimir Ilich Lenin.
A la Lenin le ha nacido un pre pedagógico en sus propias
instalaciones. Sus muchachos, más de 900, optan por especialidades
como PGI, las del área infantil y la de enseñanza media superior, de
la cual espera nutrirse el IPVCE.
Muchas madres de mi escuela les decían a sus hijos que no
pidieran ser maestros. Pero es lo que me gusta, sostiene Yuniel
Lázaro Hernández, de décimo grado. A Lázaro Lam, hoy en duodécimo,
sus padres le aconsejaron escogiera otro pre, o un politécnico. Pero
ni modo, y ahora ambos se alegran de su elección.
El ambiente de estudio del emblemático plantel parece contagiar;
convida a no desaprovechar el tiempo, prueba de ello son los 100
puntos de promedio de Elena Álvarez. Y Xianey Pons lo confirma: al
principio, los alumnos del IPVCE no se acostumbraban a nosotros;
luego sí. Compartimos no solo la escuela, sino las buenas clases, la
exigencia. Todavía no me imagino impartiendo clases a esos muchachos
cuando nos graduemos.
En el primer curso consiguió que el 92,4% de los matriculados
permaneciera fiel a sus preferencias, según Zenaida Camacho,
subdirectora general para la atención a la unidad pedagógica.
Sin embargo, las universidades pedagógicas a las que tributan los
IPVCP lograron en igual periodo solo el 71% de eficiencia, con 407
bajas, la mayor parte en las especialidades de PGI e Inglés.
Denise Prado no obtuvo la carrera deseada luego de culminar el
preuniversitario. Su última opción era el Pedagógico y se decidió
por la especialidad de Español Literatura, pero con el fin de
"saltar" luego. Tras un año de arduo estudio, donde consiguió las
mejores notas, logró cambiar de carrera para Filología. Hoy,
paradójicamente, imparte clases en la casa de altos estudios.
Historias como la de Denise se repiten, aunque quizás no con el
mismo final.
EL PEDAGÓGICO... Y LA SOCIEDAD
Alfredo Díaz, rector del ISPEJV; vicerrectores, decanos de
facultades, representantes de las organizaciones políticas y
estudiantiles del centro, y otros miembros del consejo de dirección,
coincidieron en expresar que el Instituto está consciente de su
papel en la formación de maestros: en sus 45 años han graduado más
de 65 000, y continúan empeñados en esta labor.
A ellos corresponde una cuota muy grande del desafío para cubrir
las necesidades, de manera tal que de los 2 538 alumnos sentados en
las aulas preparándose en un nivel u otro con tal de formarse como
licenciados en Educación Primaria, emerjan los maestros para
completar los 2 054 que aún faltan.
Mejor es la perspectiva en la enseñanza media superior, donde con
los profesores en formación responden a la demanda, de acuerdo con
lo expuesto por directivos de la institución.
En cambio, en la secundaria, con la suma de quienes estudian la
Licenciatura en PGI, los que transitan por el SMA a fin de
incorporarse en septiembre a la carrera, los habilitados (están en
las aulas pero eligieron carreras no pedagógicas), y los aún en pre
pedagógicos, será posible apenas sustituir en dos años a 1 000 de
los más de 4 500 maestros de otras provincias que apoyan la
enseñanza en la capital.
Queda mucho por hacer, molinos de viento por derribar como los de
aquellos padres que interfieren en los anhelos de sus hijos y profes
capaces de desalentar a quienes aspiran a seguir sus pasos. Resta
entusiasmar a niños y jóvenes, distinguir al maestro, continuar la
tradición pedagógica de Cuba. A la sociedad también le concierne.
Hemos todos de volver a aquel tiempo en que enseñar nos divertía,
cuando nos disputábamos la pizarra, las tizas y el deseo de comandar
el "aula", esa inocencia de niño que no se equivocaba al elegir la
sublime profesión de ser maestro. |