Pocas
dudas quedan a comentaristas, estudiosos, académicos, estrategas y
operativos políticos de que Barack Obama ganará las elecciones
presidenciales de la semana próxima. Por delante estarán los
desafíos de presidir la rama ejecutiva del gobierno de la nación,
desde la cual tendrá que determinar sobre trascendentes aspectos del
futuro incierto de la Unión, tanto en el orden interno como externo.
En las últimas seis semanas la crisis económica, que ya es mundial,
le complicará aún más la tarea cuando Obama pase a residir y
trabajar en la Casa Blanca.
Debido
a la organización del sistema de gobierno, gran parte de las
decisiones que tomará la llamada próxima "administración" de Estados
Unidos requerirá del concurso del Congreso federal norteamericano.
Actualmente la Cámara de Representantes la componen 235 demócratas y
199 republicanos; una cómoda pero no decisiva mayoría. En el Senado
la composición actual es de 51 demócratas y 49 republicanos, (
aunque dos senadores, uno de los cuales, el conservador Joseph
Lieberman, de Connecticut, aunque electo como demócrata, es tan
cercano a los republicanos que apoya firmemente la candidatura de
McCain. Otro, el independiente autotitulado "socialista" por Vermont,
Bernard Sanders, vota regularmente con los demócratas).
Añádase a ese virtual empate entre ambas agrupaciones, el hecho
de que constitucionalmente el vicepresidente tiene la autoridad de
presidir las sesiones del Congreso y ejercer el voto decisivo en
caso de empate sobre una decisión senatorial, y queda expresada la
importancia para el eventual nuevo presidente demócrata de contar
con una mayoría en el Senado más amplia que la actual.
En las elecciones de mitad de mandato presidencial, celebradas en
noviembre del 2006, y como resultado del descrédito en que se
sumergió la administración Bush, el Partido Republicano perdió la
mayoría que desde 1995 detentaba en la Cámara de Representantes y
desde el 2003 en el Senado. Ahora, un criterio establecido por
consenso, es que el dominio demócrata se acrecentará en ambas
cámaras legislativas.
El dilema republicano ha sido claramente explicado por David Frum,
ex ayudante especial y redactor de los discursos del presidente
George W. Bush, en artículo publicado el 26 de octubre en el
Washington Post: "McCain está perdiendo de una manera tal, que
amenaza arrastrar en su caída a todo el Partido Republicano". Y
agrega: "La horrible campaña de McCain está teniendo horribles
consecuencias para todas las votaciones" y cita después a un "alto
miembro republicano en la Cámara de Representantes" que le expresó:
"No hay un escaño republicano seguro en todo el país. No quiero
decir que los perdamos todos. Pero podemos perder cualquiera de
ellos".
En realidad, aunque la situación es muy difícil para los
republicanos, no es tan grave como apunta el "alto miembro" citado.
Se calcula que los republicanos pueden perder entre 20 y 30 puestos
en la Cámara en unos 24 estados diferentes. RealClearPolitics estima
que hay 50 cargos fuertemente disputados, de ellos 38 republicanos
(en 17 de ellos no aspiran los actuales titulares) y 12 demócratas
(solo en uno de ellos el titular no aspira a la reelección). La
situación se inclina a los republicanos en 14, a los demócratas en
13 y los 23 restantes pueden ser ganados por el pretendiente de
cualquiera de los dos partidos.
Es entre esos 23 últimos que se espera que los demócratas se
alcen con la mayor parte, tomando en cuenta la actual situación
económica; el descontento con la actuación del Congreso, que tiene
niveles de aceptación más bajos que los de Bush; la ventaja de
recursos financieros de los demócratas; la mejor organización
demócrata en la base; y el hecho de que, en estados tradicionalmente
conservadores, entre los candidatos demócratas se han seleccionado
muchos de tales posiciones, que pueden competir de igual a igual con
los republicanos, mayormente de tendencias conservadoras.
Otros estimados amplían o reducen el número de escaños en disputa
o que pasarían a uno u otro partido, pero la valoración de
RealClearPolitics parece atinada y bien mesurada.
Del lado demócrata, la campaña de Obama se muestra en este final
de contienda inclinada a apoyar con personal y fondos a los
candidatos a representantes y senadores que enfrentan elecciones muy
cerradas y hasta a organizar presentaciones conjuntas de algunos de
esos candidatos con el propio Obama.
El pasado 22 de octubre, Obama hizo dos eventos en Virginia con
el ex gobernador Mark Warner, que aspira a senador, y posteriormente
con la candidata demócrata a un escaño por el distrito 11 de ese
estado, Judy Feder.
A partir de septiembre, la campaña de Obama ha hecho donaciones a
las organizaciones demócratas en los estados: entre otras, 600 000
dólares a Wisconsin, 822 000 a Michigan, 500 000 a Florida y cerca
de un millón a Ohio.
La batalla de más trascendencia en este segundo escalón es por
los puestos de senadores. Corresponde elegir 35 senadores (del total
de 100) y unos 15 pueden cambiar de manos republicanas o demócratas.
Nuevamente en este caso la ventaja está del lado demócrata, ya que
de esos cargos que están en fuerte disputa, solamente dos de ellos
corresponden a demócratas: la titular Mary Landrieu de Louisiana,
que se enfrenta a un candidato republicano, anteriormente dirigente
demócrata del estado, John Kennedy (sin parentesco con la familia de
John F. Kennedy) y el de New Jersey, Frank Lautenberg, de 84 años de
edad, que es retado por Dick Zimmer.
Por su parte, de los cargos en cerrada disputa, los republicanos
presentan 14 (11 titulares y tres "abiertos"); es decir, donde el
titular republicano se retira y no aspira a la reelección.
El objetivo máximo de los demócratas (muy difícil de lograr) es
alcanzar una mayoría de 60 senadores. Esta ventaja le permitiría, al
menos reglamentariamente, derrotar cualquier maniobra republicana en
las sesiones del Senado, conocida como "filibusterismo", según la
cual se puede introducir una moción de procedimiento, para prolongar
indefinidamente el debate de un proyecto de ley, lo cual de hecho
significaría impedir la votación sobre esa legislación. Se requieren
al menos 60 votos para derrotar el "filibusterismo".
En las contiendas senatoriales, los demócratas tienen buenas
posibilidades de elegir a la ex gobernadora de New Hampshire, Jeanne
Shaheen, frente al senador titular John Sununu; al ex gobernador de
Virginia, Mark Warner, quien disputa un asiento "abierto" al
republicano y también ex gobernador Jim Gilmore; a la senadora
estadual, Kay Hagan, que desplazaría a la titular de North Carolina,
Elizabeth Dole; al ex gobernador de Mississippi, Ronnie Musgrove,
que pretende impedir que se reelija el senador interino Roger Wicker;
al escritor y actor de "Saturday Night Live" Al Franken, que en
Minnesota aspira a vencer al senador titular Norman Coleman; al ex
congresista Mark Udall que en Colorado le disputa un asiento
"abierto" al también ex congresista Bob Schiffer; a Tom Udall, primo
de Mark, que aspira a un cargo también "abierto" en New Mexico,
frente al colega congresista Steve Pearce; al presidente de la
Cámara legislativa de Oregon, Jeff Merkley, que pretende derrotar al
senador titular, Gordon Smith; y a Mark Begich, alcalde de Anchorage,
Alaska, que presenta batalla al veteranísimo senador titular Ted
Stevens, a quien un tribunal federal declaró hace unos días culpable
de hechos de corrupción.
Solamente una victoria por una avalancha de votos de Obama frente
a McCain podría conducir a ese tipo de victoria.
Otras contiendas para senador fuertemente disputadas están
teniendo lugar en Maine, Georgia, Nebraska y Kentucky, en todas las
cuales parece haber ventajas para los candidatos republicanos.
La campaña de Obama ha estado instando a sus seguidores en todos
los estados para que vayan a trabajar a favor de los candidatos al
Senado, pero es más difícil que el propio Obama se presente
personalmente en esta última semana de campaña en los estados donde
la disputa no es favorable a los demócratas porque en algunos de
esos, como Georgia, Kentucky, Mississippi y Alaska, las
posibilidades de triunfo de Obama son inexistentes, mientras que en
otros como Oregon y Minnesota, la ventaja de Obama es grande y su
tiempo y esfuerzos deben concentrarse en otros estados donde la
disputa es más intensa, como en Florida, Ohio, Indiana y Missouri.
El fin de la campaña está prácticamente a horas de distancia y
cada minuto cuenta.
* El autor es especialista en Relaciones Internacionales y fue
jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos de
septiembre de 1977 a abril de 1989.