Esclavitud mundial

David Batstone y E. Benjamin Skinner

En el mundo existen, hoy, 27 millones de esclavos, más que en cualquier otro momento en la historia humana. La globalización, la pobreza, la violencia y la avaricia facilitan el crecimiento de la esclavitud, más que en cualquier otro momento de la historia humana.

La globalización, la pobreza, la violencia y la avaricia facilitan el crecimiento de la esclavitud, no solo en el tercer mundo, sino también en los países desarrollados. Tras la fachada de cualquier gran urbe o ciudad importante del planeta, hoy es probable encontrar un comercio próspero en seres humanos.

Al menos 800 000 personas se trafican cada año a través de las fronteras internacionales y hasta 17 500 nuevas víctimas cruzan cada año las fronteras de EE.UU., según el Departamento de Justicia de ese país. Más de 30 000 esclavos adicionales pasan por territorio norteamericano mientras son transportados a otros destinos internacionales. Los abogados del gobierno han procesado 91 casos de comercio de esclavos en ciudades a través de Estados Unidos y en casi cada estado de la nación.

El comercio de seres humanos rivaliza hoy con el tráfico de drogas y el tráfico ilegal de armas entre las actividades criminales top del planeta. El comercio de esclavos se sitúa en el tercer lugar en la lista, pero está acortando la brecha. Según el reporte Tráfico de Personas 2004 del Departamento de Estado, el FBI estima que el comercio de esclavos genera réditos anuales por 9,5 mil millones de dólares. Un informe emitido por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en el 2005, titulado Alianza Global Contra Trabajo Forzado, asegura que esa cifra de negocios está más cerca de los 32 000 millones de dólares anuales.

Como aconteció con los esclavos traídos a las costas de América hace más de 200 años, los esclavos de hoy no son libres para buscar sus propios destinos. Bajo coerción realizan el trabajo para las ganancias personales de quienes los subyuguen. Si los esclavos modernos intentan escapar de las garras de sus amos, se arriesgan a la violencia contra su persona o represalias contra sus familias.

El incremento severo y extenso de la pobreza y la inequidad social opera como criadero de reclutas. Los padres desesperados por la estrechez pueden vender a sus niños o por lo menos ser proclives a los bribones que permitirán al comerciante de esclavos tomar control sobre las vidas de sus hijos e hijas. Las mujeres jóvenes de comunidades en extrema pobreza están más expuestas a riesgos de ofertas de trabajo en lugares lejanos. Los pobres son aptos para aceptar préstamos que los comerciantes de esclavos más adelante pueden manipular para robarles su libertad. Millares de traficantes engañan a los hijos de padres rurales empobrecidos, con promesas de becas, de educación libre y de una vida mejor. Todas esas trayectorias conducen al insospechado reclutamiento de las cadenas del mercado de la esclavitud.

Aunque la modernidad hace emerger nuevas formas de esclavitud para satisfacer los mercados globales, el trabajo esclavo continúa siendo la forma más común de esclavitud en el mundo.

(Tomado de Rebelión)

 

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