La
carismática Cristina Hoyos, quien se califica como "una mujer muy
trabajadora y muy luchadora" desde que empezó a bailar y quien
considera que bailando mejor cada día puede tener una mayor calidad
de vida, taconea en los escenarios cubanos en esta nueva edición del
Festival Internacional de Ballet.
Desde pequeña, en el seno de una familia pobre, interiorizó el
flamenco como sentido de su vida. Empezó en Sevilla en la academia
de Adelita Domingo. Alumna de Manuel Vargas y Enrique El Cojo, ha
bailado en las salas más importantes de todo el mundo. Durante más
de 20 años formó uno de los dúos más emblemáticos de la danza
española con el bailarín Antonio Gades.
Como creadora y coreógrafa su obra es amplísima. La trayectoria
de esta bailaora está avalada, no solo por la exquisitez de sus
movimientos, sino porque cuando sube a las tablas baila a través de
los sentimientos, interioriza lo que escucha. No interpreta; siente.
La
música flamenca no cesa su cantar. La voz rasgada al compás de las
notas salidas de la guitarra expresan sentimientos. La alegría, la
tragedia, la pasión. Es un viaje imaginario, pero a la vez real.
Como ha dicho la Hoyos, es ir con el tiempo sin olvidar la raíz. Los
teatros cubanos se visten de gala y una columna de la Catedral de la
Habana Vieja se estremece. Los botines negros de Gades en las
montañas del Segundo Frente Oriental Frank País quieren cobrar vida.
El flamenco vive y Cristina Hoyos, quien quiere dejar de ser
cabecera de cartel, sigue bailando.