Angerona contra los embates del tiempo

SONIA SÁNCHEZ
sonia.sh@granma.cip.cu

Foto: Raúl LópezUna fina hierba se erguía apenas llegados a la ruinas del memorable cafetal Angerona, Monumento Nacional orgullo de los artemiseños y de todos los cubanos que alguna vez se hayan seducido con las sugerentes leyendas de trabajo y amor emanadas de esos murallones donde habitaron en el siglo XIX el alemán Cornelio Sauchay, su propietario, y la hermosa exiliada haitiana Úrsula Lambert.

El verde pasto era la reciente huella dejada por la lluvia de los huracanes que no tuvieron piedad por estos meses con parte del Occidente cubano. No obstante, las ruinas permanecen allí, arrogantes, lastimadas por el paso del tiempo, pero a sabiendas de que no están envueltas en el olvido.

De 1813, fecha de su fundación, llega hasta nuestros días el hálito de Angerona, segundo cafetal en importancia del país en la época, después del Isabelica. Entre los restos de la casa de vivienda, el barracón de los esclavos, la casa del administrador, los secaderos, la torre vigía y los seis aljibes parece desprenderse el mito de la pasión entre Cornelio y Úrsula, sobre quienes la fabulación popular dice que se conocieron en las calles de La Habana y levantaron lo que resultó un importante punto en la economía agroindustrial del territorio.

"Angerona marca la época de esplendor de lo que fue la agricultura cafetalera del siglo XIX. Este lugar, por tanto, fue de sumo valor para el auge y crecimiento de lo que era por aquel entonces el poblado de Artemisa. De igual modo, la hacienda poseía algunos elementos que la hacían distinguirse dentro del entramado de las propiedades cafetaleras por sus características arquitectónicas, el tratamiento dado a los esclavos, a los que se les pagaba y se les dotaba de ciertos beneficios, así como por las costumbres de sus dueños", dijo María Teresa Rangel Chirino, promotora cultural del museo municipal de Artemisa Manuel Isidro Méndez.

En esta entidad se conserva aún la estatua de la diosa romana del silencio y la fertilidad de los campos, Angerona (tallada en blanco mármol de Carrara), que ofrecía el primer saludo a quienes visitaban la plantación, adonde llegaron notables personalidades como Cirilo Villaverde, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Ramón Zambrana y su esposa Luisa Pérez de Zambrana, el reverendo norteamericano Abiel Abbot, Wetherman y la Condesa de Merlin.

¿CÓMO EVITAR QUE SE PIERDAN LAS RUINAS?

La vicepresidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, Ana Cristina Perera, enfatizó que a partir de su inclusión en las listas de monumentos nacionales del país, esta institución ha tratado de contribuir a preservar las ruinas del cafetal Angerona.

La especialista reconoció la dificultad existente para restaurar y mantener el inmueble por su alto grado de desgaste físico lo cual requeriría "de una elevada cifra de financiamiento y es ahí donde no podemos actuar más". Un paso significativo ha sido, precisó, el trabajo del museo municipal en aras de sembrar la comprensión en las personas del entorno, en la comunidad en general.

"Este es el estado en que se encuentra el cafetal Angerona, pero lo primordial es que se conozca su valor histórico, independientemente de que el país en estos momentos no esté en condiciones de facilitar todos los recursos materiales para su preservación. Sigo insistiendo en que lo más importante es el trabajo sociocultural que se desarrolla alrededor de estas ruinas.

"La estrategia del Consejo Nacional de Patrimonio es sumar a todos los organismos a la conservación de esos sitios y monumentos. Con el Ministerio de Turismo hemos establecido mecanismos de trabajo para que conozcan las estrategias con respecto a la conservación del patrimonio."

UN EQUILIBRIO ENTRE SOCIEDAD Y NATURALEZA

A pesar de tantos avatares, las ruinas del cafetal Angerona, declarado Monumento Nacional de la República de Cuba el día 31 de diciembre de 1981, no languidecen bajo las inclemencias del tiempo. El museo Manuel Isidro Méndez busca rescatar su significación mediante un trabajo comunitario con los pobladores más cercanos.

"Hemos sensibilizado a instituciones para encontrar aquí un equilibrio entre la sociedad y la naturaleza", apunta María Teresa. Destaca que los cuartos sábados de cada mes, desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde transcurre en las ruinas una gran feria cultural, a la que asisten repentistas y poetas de la comunidad, grupos folclóricos de la Casa de Cultura, personas que elaboran tallas en madera o trabajan el papier maché, personalidades y figuras populares en la cultura de Artemisa, se imparten conferencias, se ofrecen visitas dirigidas, ocurren presentaciones de libros y "la Sociedad Culinaria habanera participa trayendo platos de la época que degusta la comunidad: arroz con piña, maní o maíz, en los cuales usan sazones tradicionales".

Así, las ruinas del cafetal Angerona sortean escollos y continúan enhiestas en espera de que la mano del hombre acaricie su reciedumbre amurallada. Artemisa las quiere para la posteridad.

 

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