Anualmente,
100 millones de personas caen en la pobreza por cuestiones
vinculadas a la salud según informes de la ONU. A la par crece la
insatisfacción mundial respecto a los servicios médicos e
incongruentemente, también se elevan los gastos del sector.
La única posibilidad de erradicar estos absurdos, en opinión del
argentino Ginés González García, presidente de la Asociación de
Economía de la Salud de América Latina y el Caribe, radica en el
establecimiento de políticas más eficaces de aprovechamiento de los
recursos. Debe existir una racionalidad económica que permita la
racionalidad ética inherente a todo sistema de salud, enfatizó.
Para Ginés, garantizarle los servicios médicos a la población no
es solo cuestión de justicia social, sino de eficiencia productiva.
La salud —acentuó— es una inversión en capital humano, y en tanto
produce riqueza es una herramienta de distribución de los ingresos.
Un pueblo sano trabaja más y gasta menos.
También recalcó que la calidad de la asistencia sanitaria de un
país no solo depende del capital que se le asigne, sino de los usos
y destinos dados a este dinero. Cuba es un ejemplo de adecuada
planificación de los recursos, revertida en optimización de los
servicios, subrayó.
Para ahondar en lo expuesto, recordó que Estados Unidos gasta
anualmente en salud una cifra similar al salario de dos meses de los
trabajadores de la nación; sin embargo, 44 millones de
norteamericanos carecen de atención médica. A pesar de ser uno de
los tres países, acompañado por Suecia y Alemania, que invierte en
un año 2 500 dólares per cápita en cuestiones de salud, la tasa de
mortalidad infantil en este país es mayor que la de Cuba en 0,7 por
cada mil nacidos vivos.