.— El presidente
brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, responsabilizó al Primer Mundo
por la crisis financiera y exigió que la voz de los países más
pobres sea oída en el diseño de un nuevo orden económico.
Las naciones pobres "son víctimas y no culpables" de la crisis,
reiteró al intervenir en la XVIII Cumbre Iberoamericana que sesiona
hoy en esta capital.
El mandatario se refirió a la necesidad de adoptar mecanismos y
controles que impidan que ocurran nuevas crisis y se intensifique la
especulación que afecta la economía real.
"La juventud es muy importante en estos momentos que atraviesa la
humanidad", sostuvo al referirse al sector al que está dedicado este
año el foro.
Lula explicó que el derrumbe de los mercados globales no podrá
ser contenido sin un esfuerzo de coordinación internacional y "ese
esfuerzo será injusto si no se cuenta con los países en desarrollo".
Durante su alocución llamó a no aceptar "un proceso que nos
excluye, en el momento en que los países emergentes son vistos como
esperanza" y pidió responder a la crisis con más integración, más
comercio justo y menos subsidios.
Asimismo insistió en la necesidad de "recuperar el papel del
Estado, marginado por las tesis del Consenso de Washington".
Lula dejó claro que vivimos un "momento de decisiones políticas"
que permiten redefinir el papel del Estado para renovar el apoyo a
los sectores productivos y aumentar la inversión en educación y
formación profesional.
En otro momento de su intervención, Lula criticó las medidas
migratorias de la Unión Europea y dijo que es urgente que la
comunidad actúe de manera coordinada debido al fuerte impacto sobre
la juventud.
"Brasil ve con preocupación la Directiva de Retorno aprobada
recientemente ( ). No se puede hacer apología de la libre
circulación del capital y prohibir la de las personas", planteó el
mandatario.