Señor Presidente;
Querido Padre Miguel D’Escoto. Saludo otra vez su elección y su
presencia en este debate. Usted encarna aquí hoy la voz de los
pueblos, la voz de los humildes. Usted puede, Padre, contar con
Cuba.
Señores delegados:
Como cada año, desde 1992, comparecemos ante la Asamblea General
de las Naciones Unidas para reclamar el levantamiento del ilegal e
injusto bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos
contra Cuba desde hace ya casi cincuenta años. Siete de cada diez
cubanos han pasado toda su vida bajo esta política irracional e
inútil, que intenta sin éxito poner de rodillas a nuestro pueblo. El
bloqueo es más viejo que el señor Barack Obama y que toda mi
generación.
La votación que tendrá lugar dentro de unos minutos ocurre en
circunstancias muy particulares, tras el paso devastador por Cuba de
dos poderosos huracanes, cuando solo faltan seis días para las
elecciones en Estados Unidos y en el escenario de una profunda
crisis financiera internacional frente a la que ninguno de nuestros
países es inmune.
Más de 500 mil viviendas y miles de escuelas e instituciones de
salud afectadas, un tercio del área cultivada devastada y una severa
destrucción de la infraestructura eléctrica y de comunicaciones,
entre otros daños, es el resultado de fenómenos naturales nunca
antes vistos y que constituyen una prueba de los efectos del cambio
climático para los países del Caribe.
Si la pérdida de vidas humanas fue mínima, ello fue el resultado
del enorme esfuerzo realizado previamente por las autoridades y el
pueblo, que permitió evacuar y proteger en lugares seguros a 3.2
millones de personas. A fin de cuentas, era Cuba y no New Orleans
cuando el huracán Katrina.
Pese a los cuantiosos daños y la devastación provocada por los
huracanes, a ningún enfermo en Cuba le ha faltado asistencia médica
y todos los niños cubanos y los 30 mil jóvenes de 125 países que
estudian becados en nuestras universidades están ahora mismo
asistiendo a clases. Nadie ha quedado ni quedará abandonado.
En nombre del Gobierno y el pueblo cubanos, quisiera expresar
nuestro profundo agradecimiento a todos aquellos que, de una forma u
otra, manifestaron su solidaridad y respaldo a Cuba en esta
dramática coyuntura. Hasta la fecha, hemos recibido ayuda procedente
de 64 países.
En contraste con la amplia solidaridad recibida y con las
afirmaciones hechas aquí esta mañana por el representante del
gobierno de los Estados Unidos, a cuyas palabras daré debida
respuesta más adelante, en contraste con ello, el gobierno de los
Estados Unidos ha respondido con su habitual cinismo e hipocresía.
Mientras se negó a acceder a nuestra solicitud de que nos permitiera
comprar a empresas norteamericanas con créditos privados, aunque
fuera por seis meses, alimentos y materiales indispensables para la
reconstrucción, por otro lado ha intentado orquestar una burda
campaña de propaganda con la que pretende acusar a nuestro Gobierno
de no ocuparse de su pueblo.
Cuba, por su parte, ha actuado apegada a sus tradicionales
posiciones de principio. No podemos aceptar una supuesta ayuda de
quienes han recrudecido el bloqueo, las sanciones y la hostilidad
contra nuestro pueblo.
Cuba no ha solicitado al gobierno de los Estados Unidos que le
regale nada. Simplemente hemos pedido que se nos permita comprar.
La Administración del presidente Bush miente una vez más a la
comunidad internacional. Miente cuando declara haber otorgado
licencias por 250 millones de dólares para ventas agrícolas a
nuestro país tras el paso de los huracanes. Las ventas de alimentos
existen desde el año 2001, y no son —como se ha pretendido explicar
aquí— una decisión posterior a los huracanes para ayudar a Cuba
después del paso devastador de estos fenómenos meteorológicos. Las
ventas existen desde el año 2001, y adquirir estos productos es
únicamente posible bajo estrictas medidas de supervisión y tras un
enrevesado y burocrático proceso de otorgamiento de licencias caso a
caso por parte de numerosas instituciones del gobierno de los
Estados Unidos. Cuba, además, tiene que pagar al contado y por
adelantado. La realidad es que el gobierno de los Estados Unidos ha
puesto cada vez más obstáculos para limitar dichas compras.
Si al gobierno de los Estados Unidos realmente le preocupara el
bienestar del pueblo cubano, el único comportamiento moral y ético
sería levantar el bloqueo impuesto a mi país, violatorio de las
normas más elementales del Derecho Internacional y de la Carta de
las Naciones Unidas.
Para que se tenga una idea de la magnitud de las afectaciones que
ocasiona cada año al pueblo cubano la política de bloqueo, solo en
términos económicos, bastaría con indicar que su impacto en un año
casi equivale a la estimación de los daños ocasionados de conjunto
por los huracanes Gustav y Ike.
Los huracanes son fenómenos naturales que se agravan en las
condiciones del cambio climático y el calentamiento global.
Lamentablemente, no pueden ser evitados. El bloqueo es una política
genocida e ilegítima. A diferencia de los huracanes, las autoridades
norteamericanas sí pueden ponerle fin y evitar al pueblo cubano su
prolongado sufrimiento.
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el
gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es el principal obstáculo
tanto a la recuperación del pueblo cubano tras el paso de los
huracanes como a nuestro desarrollo económico y social.
Cálculos muy conservadores revelan que el daño directo acumulado
que ha provocado el bloqueo a Cuba supera los 93 mil millones de
dólares, casi dos veces nuestro Producto Interno Bruto. Al valor
actual del dólar, ese monto equivaldría a no menos de 224 mil 600
millones de dólares. No es difícil imaginar lo que Cuba habría
alcanzado si durante estos casi 50 años no hubiese estado sometida a
esta brutal guerra económica a escala planetaria.
En abierto desacato a la voluntad expresa de la comunidad
internacional y a dieciséis resoluciones consecutivas de la Asamblea
General, el gobierno de los Estados Unidos adoptó durante este
último año nuevas y más duras sanciones económicas contra Cuba;
arreció la persecución contra la actividad de las empresas cubanas y
de otros países; desplegó una demencial cacería contra nuestras
transacciones financieras internacionales, incluso cuando intentamos
realizar nuestros pagos a los organismos de las Naciones Unidas. Su
ensañamiento ha llegado al extremo de bloquear los sitios de
Internet que tengan vínculos con nuestro país.
Por otro lado, Washington incrementó a niveles sin precedentes el
apoyo financiero y material a las acciones para derrocar el orden
constitucional cubano. A tal fin, aprobó 46 millones de dólares
adicionales destinados a la subversión interna en Cuba y otros 39
millones para mantener las ilegales transmisiones de radio y
televisión contra nuestro país. Sólo esos fondos superan en ocho
veces el monto de la supuesta donación ofrecida al pueblo cubano
tras el paso de los huracanes.
En un Informe elaborado por la Oficina de Auditoría del gobierno
norteamericano, publicado en noviembre del 2007, se reconoce
explícitamente que de los 20 programas de sanciones aplicados a
diferentes países, el bloqueo contra Cuba constituye el conjunto de
sanciones económicas más abarcadoras jamás impuestas por los Estados
Unidos.
Señor Presidente:
El amplio y documentado informe presentado por el Secretario
General con la contribución de 118 países y 22 Organismos y Agencias
Internacionales, me releva de insistir aquí en los ejemplos que
prueban que no hay aspecto de la vida económica y social de Cuba que
no esté afectado por el bloqueo norteamericano.
Desde la imposibilidad de acceder a insumos y equipos para la
cirugía cardiovascular infantil, o de tomógrafos imprescindibles
para la oncología moderna, hasta la persecución con multas y cárcel
a los ciudadanos norteamericanos que viajen a Cuba e, incluso, a las
agencias turísticas que lo promuevan. El gobierno de los Estados
Unidos debería explicar a esta Asamblea por qué considera como
enemigos a los niños cubanos enfermos del corazón.
Mienten cada año ante esta Asamblea los representantes del
gobierno de los Estados Unidos cuando repiten que no existe tal
bloqueo, y que sus medidas no son las principales causantes de las
carencias y sufrimientos que a lo largo de estos años ha padecido y
padece el pueblo cubano.
Señores delegados:
El bloqueo no es exclusivamente una cuestión bilateral entre Cuba
y los Estados Unidos. La aplicación extraterritorial de las leyes
norteamericanas y la persecución contra los legítimos intereses de
empresas y ciudadanos de terceros países —de los países que ustedes,
señores delegados, representan ante esta Asamblea—, es un tema que
concierne a todos los Estados aquí reunidos.
El bloqueo viola también, de manera flagrante, los derechos del
pueblo norteamericano. Quebranta su libertad de viajar, consagrada
en la propia Constitución de los Estados Unidos. El Departamento del
Tesoro ha endurecido en los últimos años su estricta política de
rechazo a las licencias para intercambios religiosos, profesionales,
culturales y estudiantiles entre el pueblo norteamericano y el
pueblo cubano.
El bloqueo impide, además, las relaciones normales entre los
cubanos que residen en los Estados Unidos y sus familiares en Cuba.
Señor Presidente:
Dentro de unas horas será elegido un nuevo Presidente en los
Estados Unidos. Este deberá decidir si admite que el bloqueo es una
política fracasada, que cada vez le provoca un mayor aislamiento y
descrédito a su país o si persiste, con obcecación y crueldad, en
intentar rendir al pueblo cubano por hambre y enfermedades.
Desde esta tribuna, señores delegados, lo reitero:
Jamás podrán doblegar al pueblo cubano. Ni bloqueos, ni huracanes
podrán desalentarnos. No habrá fuerza humana o natural capaz de
someter a los cubanos. Si se quiere un ejemplo, ahí están esos cinco
héroes cubanos, luchadores contra el terrorismo, que han cumplido ya
una década de injusto y cruel encierro en cárceles norteamericanas,
y que son un símbolo de la determinación de nuestro pueblo de
defender con dignidad su libertad e independencia.
Agradezco a los oradores que me han antecedido por sus palabras
de solidaridad y aliento con el pueblo cubano, por su defensa del
derecho de Cuba, que es hoy también el derecho de todos los pueblos
aquí representados, por su defensa de la Carta y del Derecho
Internacional.
Rechazo, letra por letra, las afirmaciones realizadas aquí por el
representante del gobierno de los Estados Unidos.
A usted, señor, le digo que ustedes, los representantes del
gobierno de los Estados Unidos en esta sala, deberían sentir
vergüenza; ustedes están solos, en la más profunda y absoluta
soledad. El mundo está con nuestra pequeña isla rebelde.
Y le aclaro, señor, no somos antinorteamericanos, somos
antimperialistas; no profesamos a su pueblo odio, ni espíritu de
revancha. Consideramos a su pueblo también víctima, como nosotros,
de la política ilegal y absurda de su gobierno.
Se necesita, señor, algo más que poderío y fuerza militar
—ustedes deberían saberlo ya—: se necesita autoridad moral.
Ustedes tienen la fuerza, es verdad; pero nosotros tenemos la
razón.
Ustedes no tienen argumentos, ustedes repiten cada año la misma
sarta de ideas inconexas y superfluas; nosotros tenemos todos los
argumentos, están en los documentos aquí distribuidos y están en
nuestras palabras.
Su Secretaria de Estado no viene a esta Asamblea, a este momento,
no solo por arrogancia, es que no tiene nada que decir; hay también
temor y vergüenza en esa decisión.
Ustedes amenazan; nosotros no amenazamos jamás. Nosotros
solicitamos apoyo a esta Asamblea, con respeto y con hidalguía.
Ustedes usan la mentira; nosotros usamos la verdad.
Ustedes castigan a nuestros niños, a nuestros ancianos, a
nuestros enfermos; nosotros no culpamos a su pueblo, su pueblo es
víctima también. Les ofrecimos nuestros médicos dispuestos a
arriesgar sus vidas y a ofrecer su talento cuando el huracán Katrina,
para salvar vidas y aliviar el dolor; ustedes no lo permitieron. Un
día deberán responder por esa decisión.
Su Presidente dejará en unos días su cargo. Apretó el bloqueo
contra Cuba a límites insospechados, llevó la guerra económica
contra nuestro pueblo a niveles esquizofrénicos, nos amenazó con el
cambio de régimen; sin embargo, se va sin lograrlo, es el número
diez que habrá pasado por aquí repitiendo la misma política fallida
e ilegal.
Es verdad que hace falta un cambio en los Estados Unidos y sus
políticas. Es verdad que we need a change, y es verdad
también que hay que cambiar el mundo en que vivimos, el de la
imposición y el chantaje, y hay que construir un mundo donde se
respete el derecho de todos los pueblos.
Le digo a usted que no se puede engañar a todo el mundo todo el
tiempo, como afirmó el gran Abraham Lincoln, respetado también y a
quien rinde tributo nuestro pueblo.
Usted ha dicho que su política es harto conocida, y es verdad. Su
política es harto conocida, lo que no se conoce es por qué ustedes
la mantienen ante el rechazo universal y de su propio pueblo.
Usted ha dicho que ustedes defienden el derecho de realizar
comercio con los países que deseen.
Ustedes pueden decidir no realizar comercio con un país, pero
ustedes no tienen derecho a perseguir a sus empresarios porque
quieran comerciar o invertir en Cuba, y mucho menos a perseguir a
los empresarios de otros países con la Ley Helms-Burton y con otras
legislaciones extraterritoriales.
Usted pide que esta Asamblea no examine la resolución que Cuba ha
presentado. Nosotros insistimos a la Asamblea en la importancia y la
necesidad de discutir esta resolución y aprobarla, porque aquí no
solo se dirime el derecho de Cuba, sino el derecho de todos.
Usted ha hablado de una "danza de los millones", ha repetido una
retahíla de cifras y de millones que supuestamente ustedes han
ofrecido.
Es verdad que nos ofrecieron 5 millones cuatro veces y lo
rechazamos, porque nuestra dignidad no se puede comprar ni con 5, ni
con 500, ni con 5 000, ni con 500 000 millones. Se lo advertimos, si
esa es la ilusión.
Usted ha dicho que son inaceptables las palabras del embajador
Jorge Bolaños, jefe de la Sección de Intereses de Cuba en
Washington. Yo se las repito otra vez aquí, una por una: "El bloqueo
es una política genocida e ilegal y debe ser levantado de inmediato,
respetando el clamor dieciséis veces ya expresado por esta
Asamblea."
Finalmente, señores delegados, quisiera compartir con ustedes el
sentimiento que embarga en este momento a nuestro pueblo, que allá
en nuestra isla sigue de cerca este debate.
Cuando mi hijo nació, en 1995, ya esta Asamblea General votaba
contra el bloqueo norteamericano contra Cuba; ya mi hijo tiene 13
años.
Cuando nació mi hija en el año 2000, ya esta Asamblea había
votado ocho veces contra el bloqueo; ya mi hija tiene 8 años.
¿Hasta cuándo los niños y los jóvenes cubanos tendrán que esperar
para que se haga justicia?
¿Hasta cuándo el pueblo cubano, que ha recibido el apoyo unánime
de esta Asamblea, tendrá que esperar para que se reconozca su
derecho y se haga justicia?
¿Hasta cuándo los jóvenes norteamericanos tendrán que enfrentar
el que se les multe y se les encarcele por intentar visitar nuestro
país, conocer nuestras universidades y nuestros estudiantes?
¿Hasta cuándo se considerará delito para un ciudadano de otro
país, de los que ustedes representan señores delegados, intentar
comerciar o invertir en Cuba?
¿Hasta cuándo se intentará rendir por hambre y enfermedades a
esos niños que, como mis hijos en Cuba, sueñan y creen que un mundo
mejor es posible; un mundo donde se respete la dignidad, la
independencia y la libre determinación de todos los pueblos?
El representante de los Estados Unidos ha pedido a esta Asamblea
no apoyar nuestra resolución.
Nosotros les pedimos a ustedes, con todo respeto, apoyar a Cuba,
apoyar nuestro derecho, apoyar nuestra resolución.
En nombre de ese pueblo cubano, mil veces heroico, que a pesar de
las adversidades no ha sido ni será derrotado, al cual no han podido
bloquearle ni matarle la esperanza y la alegría, invoco nuevamente
la solidaridad de esta Asamblea.
Nuestro pueblo confía en la decisión que ustedes habrán de tomar
dentro de unos minutos. En nombre de Cuba, les solicito votar a
favor del proyecto de resolución titulado: "Necesidad de poner fin
al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los
Estados Unidos de América contra Cuba".
Muchas gracias (Aplausos).