Los éxitos del deporte cubano —como en otros campos de la vida
nacional— han motivado la admiración de quienes reconocen
sinceramente el esfuerzo de nuestro pueblo por abrirse camino, a
pesar de enfrentar el bloqueo más prolongado de la historia.
Otros, en cambio, además de pretender obviar esas realidades, a
lo largo de décadas han intentado socavar las conquistas que
comenzaron a gestarse a partir del triunfo revolucionario de 1959, y
hoy acrecientan sus ataques con el afán de desprestigiar y destruir
una obra que ha calado muy hondo de generación en generación.
Desde el mismo momento en que Cuba erradicó el profesionalismo,
en aras de fomentar el deporte como un derecho del pueblo, se inició
el tránsito por un sendero conducente a la creación de valores
éticos y morales en el hombre, educándolo en el amor a la familia y
a la Patria.
De esta y otras verdades no hablan los mercachifles
imperialistas, que ven al atleta como una mercancía expuesta en una
vitrina. Solo les importa ingresar dinero en sus arcas, cercenando
el derecho de los jóvenes a representar dignamente los colores de su
país, pues una vez firmado el contrato pertenecerán al dueño del
club, quien decidirá su destino.
Existen muchas más razones para sentirnos orgullosos de lo hecho
por el movimiento deportivo cubano, de la libertad e independencia
que nos otorgan sus victorias para repudiar con energía el
profesionalismo, la comercialización, la compra de talentos, el
soborno a los árbitros y otros funcionarios, el doping, y la
nacionalización de jugadores con tal de alcanzar un sitial destacado
en competencias internacionales, entre otras deleznables prácticas
concebidas para lucrar en detrimento del juego limpio.
Es preciso estar bien preparados para defendernos de quienes
pretendan involucrarnos en tan sucio negocio, ajeno a los
principios. No olvidemos que, como ninguna otra nación en el mundo,
a la nuestra se le aplica la Ley de Ajuste, que entre los nefastos
riesgos que acarrea para quienes toman ese camino de la salida
ilegal, también estimula el robo de atletas.
Esos mercenarios, como señalara Fidel en sus Reflexiones del
pasado 26 de agosto, no admitirán jamás que Cuba "es el único país
donde no existe el deporte profesional"; tampoco reconocerán que "es
el único país que hace años creó una gran Escuela Internacional de
Educación Física y Deportes de nivel superior, donde se han graduado
muchos jóvenes del Tercer Mundo y donde estudian en la actualidad
alrededor de 1 500 alumnos sin pagar un solo centavo."
Animados por la sana idea de ofrecer una ayuda desinteresada, hoy
más de
6 000 entrenadores de primer nivel colaboran en 47 países, y
no son pocos los que han dirigido a equipos ganadores de medallas en
importantes eventos, en los que, incluso, han enfrentado con éxito a
deportistas de la mayor de las Antillas.
Prepararse para responder a los retos que impone un mundo más
hostil significa no dudar en analizar con objetividad los resultados
y cuáles son las perspectivas de cada disciplina en los próximos
años.
A pesar de las arbitrariedades, de los despojos en las decisiones
en deportes de combates y otros, Cuba obtuvo 24 medallas en los
Juegos Olímpicos de Beijing, mas es preciso avanzar con una
estrategia para el nuevo ciclo 2008-2012, sin perder de vista que
cada acción ha de estar encaminada a la formación de valores en los
jóvenes, labor en la cual ocupan un lugar primordial el maestro (su
calidad, ejemplo, ética) y la familia.
Comprometidos con el análisis al que les convocó Fidel a la sazón
de la cita de Beijing, durante dos días intercambiaron criterios los
decanos de las Facultades de Educación Física, comisionados,
federativos y directores provinciales, junto al consejo de dirección
del INDER, en el Centro de Convenciones Pedagógicas de Cojímar.
José Ramón Fernández, vicepresidente del Consejo de Ministros y
titular del Comité Olímpico Cubano, puntualizó que Cuba aboga por un
deporte puro, que defienda con dignidad la Patria, opuesto a todo
tipo de trampas y fraudes. Queremos un deporte aficionado, que le
garantice al atleta una profesión al concluir su carrera, un trabajo
digno y el reconocimiento de su pueblo.
En una de sus intervenciones, Christian Jiménez, presidente del
INDER, señaló que no podemos hablar de estrategia sin afrontar temas
tan serios como el profesionalismo, la comercialización y el robo de
atletas. Apuntó que nuestros deportistas son fuente de estímulo,
símbolos del pueblo, poderosas razones para preservar esa conquista
de la Revolución.