Cuando se piensa en Giselle, obra cumbre del romanticismo
danzario, todos imaginan a Alicia Alonso.
El cine recoge su mítica interpretación del personaje, pero pocos
conocen los sacrificios y riesgos que afrontó por un sueño.
En el año 1940, Alicia y su esposo Fernando bailaban en Estados
Unidos como miembros de la recién fundada compañía American Ballet
Theatre, cuando, inesperadamente, la joven de 20 años sufrió un
desprendimiento de la retina de los dos ojos y a consecuencia del
percance debió ser operada de la vista.
Desde entonces, los médicos dictaminaron que nunca más volvería a
bailar. Las diversas cicatrices que las intervenciones quirúrgicas
dejaron también contribuyeron a deteriorar su visión pero la fuerza
de carácter de Alicia y el sueño de convertirse en una gran
bailarina, se impusieron.
Aún inmóvil y vendada sobre una cama, donde debió reposar por año
y medio, Alicia ensayó con los dedos de las manos el ballet que por
entonces anhelaba bailar: Giselle. A diario, repasó cada detalle de
la coreografía. Todo estaba en su mente: la música, los pasos, la
pantomima, el sentido de la danza.
En contra de las orientaciones de los médicos, regresó a los
escenarios y protagonizó lo que puede considerarse tanto una hazaña
como un milagro. Asumió el papel de Giselle en sustitución de la
célebre bailarina inglesa Alicia Márkova, quién había enfermado poco
antes de la presentación.
Tras solo cinco ensayos, Alicia Alonso se convirtió por primera
vez en la frágil campesina, en el espíritu adorable, el 2 de
noviembre de 1943, en el Metropolitan Opera House de Nueva York,
junto al prestigioso bailarín inglés Anton Dolin como Albrecht y el
elenco del American Ballet Theatre.
Aquella noche, en la persona de Alicia triunfó Cuba y toda
América. Había demostrado que una latina podía asumir con excelencia
técnica y estilística un papel hasta entonces reservado para
intérpretes eslavas o anglosajonas.
Tanto impacto causó la Alonso con su primera interpretación del
personaje que al término de la función el gran coleccionista de
danza George Chaffée le arrebató de los pies a la artista sus
zapatillas ensangrentadas por tantas horas de trabajo y profetizó:
esto es para la historia.
Así se inicia la extensa y hermosa leyenda de Alicia Alonso
Giselle, ballet que con el tiempo pulió al detalle y hasta realizó
una versión propia que hoy perdura como la más lograda de cuantas se
encuentran en el repertorio internacional.
El venidero 2 de noviembre, en la sala García Lorca del Gran
Teatro de La Habana, el 21 Festival Internacional de Ballet
celebrará una Gala por el 65 aniversario del debut de Alicia en
Giselle donde las nuevas generaciones del Ballet Nacional de Cuba
darán continuidad a su leyenda.