Tarde
aciaga la del 28 de octubre de 1959. Ese día, a las 6:05 p.m.,
despegaba del aeropuerto camagüeyano Ignacio Agramonte, rumbo a La
Habana, un avión Cessna con el Comandante Camilo Cienfuegos a bordo.
Esa noche el aparato bimotor en que viajaba el guerrillero no
llegó a su destino, ni tampoco pudo ser localizado en lugar alguno
de aterrizaje. Se desconocía su paradero. La búsqueda comenzó de
inmediato.
La intranquilidad comenzó a manifestarse entre los dirigentes de
la Revolución, y un sentimiento de profunda preocupación embargaba
al Comandante en Jefe Fidel Castro. En los rostros de todos se
expresaba el temor de que "algo fatal" le hubiera ocurrido a Camilo.
Y así fue. El Señor de la Vanguardia desaparecía físicamente,
aunque ha seguido viviendo en el corazón de los cubanos.