.— En momentos en que
importantes analistas políticos aseguran el triunfo del
afro-norteamericano Barack Obama en las elecciones de Estados
Unidos, permanece latente la interrogante de qué sucederá una vez
asuma la presidencia.
Si se diera esa profecía, que ahora vaticinan los oráculos
mediáticos estadounidenses, quedaría por responderse la pregunta de
si realmente cumplirá las expectativas de las capas más pobres, o
haría como otros que le antecedieron.
Varios norteamericanos han consultado a renombrados astrólogos y
pitonisas, sin lograr una respuesta concreta. En una situación que
es totalmente nueva para un pueblo escéptico por la aplicación de
fracasadas políticas.
La ruta hacia el reconocimiento político que le permitió al
candidato demócrata, Barack Obama, intentar llegar a la Casa Blanca
fue históricamente larga para otros negros en Estados Unidos, y
hasta sangrienta para la mayoría de sus antecesores.
El único que pudo postularse en el siglo XIX fue el destacado
abolicionista Frederick Douglass, un esclavo que aprendió a leer por
su cuenta, algo ilegal para los negros en aquel entonces, hasta que
escapó a Nueva York donde se convirtió en escritor y orador.
Cuando la primera mujer que intento llegar a la Casa Blanca ,
Victoria Woodhull, se postuló en 1872 por el Partido por la Igualdad
de Derechos y lo nombró como su compañero de fórmula, Douglass se
mostró reacio a intentar asumir siquiera dicha candidatura, tal vez
porque hasta ese momento una investidura de tal nivel era reservada
solamente para los blancos adinerados.
En las décadas posteriores al fin de la Guerra Civil, se
impusieron una serie de leyes racistas, como las de Jim Crow, las
cuales marcaron el comienzo de una era preñada de abusos y
linchamientos, con prohibiciones a la participación de los negros,
los indios americanos y los chinos en la política electoral de
entonces.
Pero el cambio comenzó cuando el movimiento por los derechos
civiles se propuso como objetivo lograr el ejercicio del sufragio
por los negros en los estados sureños.
Charlene Mitchell, una comunista, se convirtió en la primera
mujer afro-americana en una elección presidencial al competir por
dos estados.
Por otro lado, Shirley Chisholm, fue la primera mujer negra
electa para ocupar una banca en el Congreso y la primera en intentar
convertirse en candidata a presidente por los demócratas en 1972.
"Con ella, fue una suerte de ejercicio político simbólico que la
gente, incluyendo a los propios negros, no pensaban que fuera
posible", afirmó en una entrevista de la época Lee Edwards,
historiador de la Fundación Heritage en Washington.
El reverendo Jesse Jackson, quien luchó junto a Martin Luther
King por los derechos civiles, se postuló a la candidatura
presidencial por el Partido Demócrata en 1984 y 1988, sin lograr
ningún éxito.
Jackson declaró recientemente que Obama está corriendo la vuelta
final de un maratón que duró muchas décadas y eso indica que el
acceso de las minorías al poder político ya está asegurado, aunque
Obama no gane ahora.
Por su parte, la premio Nobel de Literatura 2007, la británica
Doris Lessing, aseguró en febrero último en una entrevista con el
diario Dagens Nyther que: Obama sería asesinado al poco tiempo de
asumir la presidencia, ya que un negro norteamericano no duraría
mucho en una posición como ésa por el racismo existente.
También algunos racistas pronostican que se producirán motines
callejeros contra el nuevo mandatario en caso que resulte ganador y
hasta especulan sobre un golpe de estado supuestamente ejecutado por
extremistas blancos dentro de las fuerzas armadas estadounidenses.
El director del "Middle East Forum", Daniel Pipes, declaró a la
revista National Review Online en enero pasado que, si Obama gana,
el presidente George W. Bush trataría de iniciar algún tipo de
conflicto bélico durante las restantes 10 semanas que le quedarían
de mandato. En esta recta final de la carrera electoral, para la
comunidad afro en Estados Unidos reviven los discursos de Martin
Luther King, cuando decía que había soñado que algún día en las
montañas rojizas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos
podrían sentarse en la misma mesa de la hermandad con los hijos de
los esclavistas.
Queda aún por ver si está visión profética se hace realidad, o
queda grabada como epitafio en la tumba de las grandes esperanzas
que la mayoría del pueblo estadounidense deposita en Obama, como
evidencian los sondeos.