Cosechar en una hectárea lo que produce una caballería

El coronel Orlando Cardoso Villavicencio, Héroe de la República de Cuba, ha probado en el surco las ideas que comenzó a soñar cuando era prisionero de guerra

ORLANDO ORAMAS LEÓN

Pensar por estos días de carencias que Cuba puede resolver una parte importante de sus necesidades alimentarias sin grandes erogaciones, a corto y mediano plazos, y de manera sostenible, pudiera parecer una quimera difícil de conseguir.

El coronel Orlando Cardoso Villavicencio, Héroe de la República de Cuba, ha probado en el surco las ideas que comenzó a soñar cuando era prisionero de guerra

Sin embargo, hay un cubano convencido de ello e incluso ha experimentado sus sueños en el surco, por lo que los considera probados. Es por ello que padece por no recibir la respuesta que cree merece un asunto de tanta importancia.

Orlando Cardoso Villavicencio, Héroe de la República de Cuba en atención a su hombradía al resistir con toda dignidad los diez años, siete meses y un día, aislado en su diminuta celda y rodeado del odio de sus captores, en la prisión somala de Lanta Buur.

Hace poco más de dos años Granma le publicó una amplia entrevista en la que rememoraba que, cuando finalmente le permitieron salir al patio de la prisión, se vio forzado a comer hierbas para poder suplir la falta de vitaminas y proteínas, lo que afectaba severamente su salud. Comenzó entonces a sembrar frijol, maíz y otros cultivos en diminutas porciones de aquel pequeño patio, mientras acudía a enciclopedias y literatura sobre el tema para nutrirse de la experiencia y los conocimientos sobre agricultura.

La calabaza empalada da buenos resultados… y no se cae.

Con todo ello, y la tenacidad, consiguió rendimientos en aquellas pequeñas porciones de agreste suelo que le hicieron pensar: "Se acabó la necesidad en Cuba y el mundo", mientras concebía en la soledad de su celda escuelas para preparar técnicos agrícolas y la conformación de brigadas que dominaran a la perfección lo que ahora algunos denominan el "experimento Villavicencio".

ORLANDO TIENE LA PALABRA

"Después de la entrevista de Granma me empezaron a llover las invitaciones desde varios lugares para aplicar mis experiencias. Pero decidí hacerlo con el Estado y en mi natal Camagüey. Por eso me fui a Najasa, un territorio que no tiene industrias y su agricultura está deprimida. Pasé mucho trabajo porque nadie creía en mi proyecto. Afortunadamente el secretario del Partido en el municipio, Eduardo Almanza González, se sumó con entusiasmo."

El primer secretario del Partido en Najasa, Eduardo Almanza, avala en el terreno la experiencia.

Según mi entrevistado, el objetivo es producir cantidades de alimentos de forma diaria y constante. Su primer experimento fue con el maíz, básico en la dieta de muchos países. "Empezamos con una caballería, llena de marabú. Mi idea es dividir la cantidad de tierra entre la cantidad de semanas dentro del ciclo del producto, que en el caso del maíz es de 90 días o 13 semanas.

"Quiere decir que dividí la caballería en 13 partes, cada una de ellas equivale a una semana de trabajo. ¿Dónde está lo novedoso? Yo siembro, por ejemplo, una hectárea en una semana. Este lunes roturo la hectárea, el martes le paso la grada, el miércoles tiro el surco y el jueves siembro, tengo una semana para prepararla.

"Porque a su vez la hectárea la divido en siete partes, por cada día de la semana, todo un cronograma de organización del trabajo y con un mínimo de fuerza de trabajo. Al terminar esa semana, empiezo el próximo lunes el mismo proceso en la segunda hectárea de la caballería. Y así sucesivamente durante las 13 semanas; cada semana siembro una hectárea. Al terminar la número 13 regreso a la primera, recojo el producto e inmediatamente la preparo para la próxima siembra. El ciclo se repite constantemente, pues el propósito es tener cuatro cosechas de maíz en el año. Con disciplina y constancia, el trabajo se humaniza y hay tiempo para otras actividades.

Cardoso Villavicencio inició pruebas de campo en abril del año pasado. Su estreno dio resultados contra todos los pronósticos:

"Sembré el maíz en mayo y muchos se mostraron incrédulos, especialistas y campesinos decían: ‘maíz de mayo, maloja pa’tu caballo’. Fue un año de mucha lluvia que le mató el maíz a mucha gente. Llegué a siete hectáreas, con rendimientos. En agosto empezó la cosecha.

"Como sembrábamos todos los días, recogíamos todos los días. Fueron siete semanas, para siete hectáreas. Cada semana recogía y sembraba una hectárea. Najasa no pudo con el maíz que se estaba cosechando. La primera cosecha fue de 30 000 mazorcas por hectárea y la segunda de 35 000.

"Fue apenas el comienzo. La granja estatal que más había producido maíz en Camagüey era La Victoria, que logró 11 000 mazorcas en una hectárea.

"Nosotros cosechábamos 30 000. Allá fue mucha gente a ver aquello. Me preocupó que alguien, a pesar de ver el maizal, con las mazorcas grandes y lindas, y elogiarlo, me respondiera lapidariamente: ‘Todo está muy bueno, pero no es una alternativa’."

"Te digo, sin usar tractores, combustible, poca fuerza de trabajo, de forma manual, y con bueyes, se puede producir en una hectárea, con rendimientos inéditos y varias cosechas al año, lo que convencionalmente, y con recursos, se cosecha en una caballería. Lo he probado también en Las Tunas con el plátano, que tiene un ciclo de 52 semanas, y por eso lo organicé en 52 hectáreas. Cada semana siembro una hectárea y todas las semanas tengo producción. Si viene el ciclón, afecta las matas que están en producción porque el huracán generalmente derriba las grandes, pues el peso del racimo las hace balancear. Si todo eso no es alternativa, que me lo expliquen¼ "

CALABAZA AÉREA

"Coincidí con el 26 de Julio en Camagüey, y Raúl habló de la lucha contra el marabú. Yo estaba cortando el marabú para sembrar plátano en aquel terreno. Todos los días picábamos marabú y todos los días sembraba. Pero finalmente no encontré personal para eso.

"Después del discurso del Segundo Secretario del Partido me di cuenta de que eso era lo que yo estaba haciendo. Decidí entonces experimentar en Najasa lo que más rechazo había tenido hasta entonces: la calabaza empalada.

Explicaba los principios y la gente que no, ‘calabaza empalada, es cosa de locos’, pero ahí volví a tener el apoyo de Almanza.

"¿Cómo lo hacía?: La materia prima es el marabú. Quién me dice que no hay materia prima en Cuba. La calabaza se siembra tres por tres o tres por dos, unos nueve metros cuadrados por mata, eso varía. Yo la sembraba uno por uno; técnicamente suena imposible porque se extiende y se enreda. Pero para arriba sí es posible. Se van cortando las guías, se deja una o dos que crecen en la empalizada. Recogimos calabazas de 30 libras y no se caen. Toda la cosecha es de primera calidad; al no hacer contacto con el suelo no coge hongos, en caso de sequía el suelo no le roba la humedad a la calabaza, no se mancha, tampoco se pudre.

"El trabajo inicial es lo que cuenta: cortar el marabú, armar las empalizadas. La cosecha de un cordel paga la inversión del marabú, que sirve por años. Luego eso lo mantiene hasta una viejita. El experimento lo hice con un cordel, 20 por 20, unos 400 metros cuadrados. A los cuatro meses habíamos recogido poco más de 50 quintales de calabaza. Eso da en una hectárea un promedio de 1 200 quintales. "¿Qué cantidad de agua lleva ese cordel? Dos tanques de 55 galones diarios, un litro a cada mata todos los días. Cuando empezó a crecer esa calabaza mucha gente lo consideró un acontecimiento: 1 200 quintales por hectárea contra 200 en una hectárea sembrada de forma convencional.

"La calabaza la puedo cultivar en la montaña, en suelos pedregosos, con marabú, no lleva combinada, ni arado siquiera. En caso de agresión se convierte además en algo estratégico.

"Al concluir la recogida sembramos un cordel de maíz, uno de frijoles y otro de calabaza. Es decir, si siembro una hectárea de maíz aquí, siembro una de frijoles allá. El maíz absorbe nitrógeno del suelo y el frijol lo restituye porque lo toma de la atmósfera. Cuando termino la cosecha de maíz, entonces allí siembro frijoles, y viceversa."

¿BONIATO EMPALADO?

"Ahora empezamos con el boniato, que se prepara muy parecido a la calabaza, pero mucho más sencillo. Boniato empalado; le cortamos las guías ladronas y cerramos el surco, lo que nos permite sembrar más. La vianda crece bajo tierra más robusta y sana. Todos esos cultivos se siembran a su medida, por ello la disciplina tecnológica es fundamental.

"Nunca pienso en grandes cantidades, pienso en una hectárea, una caballería, dondequiera que haya un poquito de agua. Pero este proyecto se puede aplicar a todos los niveles, tanto a nivel local, provincial como nacional. ¿Te imaginas estar cosechando todo el año frijoles, maíz, calabaza, boniato, plátano... ?"

Llamada a Najasa

Eduardo Almanza González es el primer secretario del Comité Municipal del Partido en Najasa. Responde presto al teléfono, a pesar de estar enfrascado en las tareas de la recuperación en un territorio por donde pasó el ojo del huracán Ike.

-¿El experimento de Villavicencio?

Eso no tiene dudas. Lo hemos comprobado de manera intensiva con el maíz, la calabaza y también lo hemos hecho con el tomate y ahora con el boniato.

-¿Ventajas?

Podemos producir lo que vamos a comer todos los días, nos permite sembrar y recoger todos los días. Eso tiene una importancia territorial tremenda. Ello no quita que renunciemos a la fregat, al sistema de riego electrificado o a la siembra extensiva.

El sistema de Orlando tiene la ventaja del autoabastecimiento para la comunidad y el territorio y un gran valor para tiempos de guerra. Cuando lo ves dices, qué cosa más sencilla. Pero hay quienes no lo aplican o apoyan, a pesar de estar demostrado que podemos conseguir en una hectárea la producción de una caballería.

Aquí lo hemos extendido a 17 lugares, en cada unidad productiva de la Empresa Pecuaria Triángulo Cuatro: un cordón de calabaza empalada, uno de maíz y otro de frijoles.

El maíz lo sembramos a 20 cm uno de otro y a un metro de ancho del camellón. El frijol a 10 centímetros una planta de la otra, y a 0,45 el surco. Y fíjate, en el caso de la calabaza tuvimos insuficiencias porque no había agua, pero tengo un campesino que aún así la hectárea le daba 500 quintales. Dándose malo, la producción duplica lo que tradicionalmente se obtiene. Lo principal, te digo, es el hombre, es quien decide el éxito.

 

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