.— El gobierno indio está atrapado
hoy en un dilema en torno a la ofensiva en Sri Lanka contra los
separatistas Tigres Tamiles por las emociones políticas que ese
conflicto genera en el sureño estado de Tamil Nadu.
Por un lado, el partido regional Dravida Munnetra Kazhagam (DMK)
en Tamil Nadu incrementa sus presiones para que la India intervenga
para detener las operaciones militares en Sri Lanka.
Y, por el otro, Colombo está renuente a abandonarlas menos ahora
que siente que tiene acorralada a la agrupación separatista y se
apresta para el asalto final.
A manera de presión, los 40 parlamentarios del DMK, pieza clave
en la actual coalición gubernamental en Nueva Delhi, amenazaron con
renunciar y 14 de ellos presentaron cartas de dimisión simbólica.
La proximidad de las elecciones generales le propicia momento
oportuno para ejercer sus reclamos sabiendo que el gobernante
Partido del Congreso necesita mantener compacta la Alianza para la
Unidad Nacional.
En esta situación, la cúpula política en Nueva Delhi trata de
disipar la amenaza de renuncia del DMK al tiempo que optó por la
difícil tarea de persuadir al gobierno de Mahinda Rajapaksa que tome
nota de su preocupación interna.
La situación le resulta escabrosa dado que el grupo Tigres para
la Liberación del Eelam Tamil (TLET) está prohibido en la India y
fue decretado organización terrorista desde el atentado en 1991
contra el ex primer ministro Rajiv Gandhi, precisamente en Tamil
Nadu.
La naturaleza en el teatro de operaciones en Kilinochchi hace
difícil distinguir entre población civil e insurgentes separatistas
y sus partidarios, lo cual ha resultado en daños a la población, en
especial en un alto número de desplazados.
Eso es lo que más esgrime el DMK para sustentar sus demandas de
detener el sufrimiento de la comunidad tamil.
De una forma u otra, la India estuvo involucrada en ese conflicto
separatista, incluso directamente a fines de la década de 1980 en la
que un contingente militar enviado a manera de misión de paz
participó en combates contra los Tigres Tamiles.
No obstante, ha tratado en los últimos años de mantenerse al
margen aunque sin abandonar la asistencia a Colombo para no perder
la influencia sobre su vecino.
El dilema actual, entonces, para el gobierno indio es complejo ya
que no puede oponerse a las operaciones contra el TLET, mientras
tampoco desea jugar papel alguno en convencerlo a que se siente en
la mesa de negociaciones, según el diario The Times of India.
A fin de calmar los ánimos de sus aliados en Tamil Nadu, el
canciller Pranab Mukherjee dijo el jueves en el Parlamento que Nueva
Delhi favorece una solución política en el marco de una Sri Lanka
unida.
Y también recordó a quienes demandan que la India retire el apoyo
al gobierno srilankés, que en nuestra ansiedad no debemos olvidar la
importancia estratégica de Sri Lanka, y no es solo por su seguridad,
sino que está directamente conectada con la nuestra.
En otra arista de su dilema, Nueva Delhi teme que en la balanza
política regional otras fuerzas, como señaló Mukherjee, en alusión a
China y Paquistán, cubran el espacio que la India dejara en Sri
Lanka.
Por lo pronto, una delegación srilankés de alto nivel viajará a
la India para ayudar a disipar la tormenta política desatada por el
DMK y aclarar la postura del presidente Mahinda Rajapaksa de que la
ofensiva no es contra la comunidad tamil, sino contra el TLET.
Rajapaksa ha reiterado que una vez que libre la provincia norte
de la insurgencia separatista se procederá a un proceso político tal
como sucedió en la Provincia Este donde hoy el gobierno lo dirige un
ex comandante de los Tigres Tamiles.