Durante la ceremonia, realizada en la Plaza de la Revolución
Antonio Maceo, se reconocieron los aportes de "El petiso" —como le
decía el Che— a la formación de profesionales en la Facultad de
Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, donde impartía clases de
Bioquímica cuando asesinaron al Guerrillero Heroico.
Granado recordó su contribución en los primeros años de la
Revolución y la evaluó de sincera y desinteresada; como un aporte a
la enseñanza de la Fisiología, la Farmacología y la Bioquímica.
Agradeció el título y recordó el legado del Che, que pervive en
las transformaciones de la América del Sur, en la memoria colectiva
del continente, en la misión de los médicos llevando vida y
esperanza a los más necesitados.
Alberto integró los claustros de profesores de las escuelas de
Medicina de Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba.
En su viaje por Sudamérica el Che y Alberto conocieron la
situación social en que vivían los pueblos olvidados y construyeron
una amistad a prueba de fronteras y calendarios.
Con posterioridad, Granado se radicó en Venezuela. Trabajó como
bioquímico y ayudó en el leprosorio de Cabo Blanco. Al triunfar la
Revolución viajó a Cuba y comenzó a impartir clases en el nivel
universitario.
Similar condecoración recibió el doctor José Antonio Gutiérrez
Muñiz, quien además de sobresalir por su labor pedagógica, es
investigador titular, miembro de la Asociación Latinoamericana de
Pediatría y se desempeñó como Ministro de Salud Pública desde 1972
hasta 1979.