Les animaba el deseo de compartir en un ambiente sano con los
países del área y contribuir a que los anfitriones sintieran el
orgullo de organizar un evento de calidad, como lo merecía su
afición.
Tan pronto comenzaron a darse los primeros pasos para oficializar
la inscripción de nuestra comitiva, el Departamento de Estado de los
EE.UU. interpuso las cláusulas del bloqueo para evitar que las naves
de Cubana de Aviación aterrizaran en tierra boricua.
Hubo momentos tensos que recordaron la epopeya del barco Cerro
Pelado en 1966, mas la solidaridad de los propios puertorriqueños y
de otras naciones, firmes en su reclamo de poder contar con los
cubanos en la competencia, abrió las puertas de la Isla del Encanto
a una representación que brilló en la ciudad de los Leones de Ponce.
Conocedores de la calidad de nuestras figuras, de inmediato
surgieron las muestras de respeto y simpatía de la afición, que se
acercaba a ellas para solicitarles un autógrafo, estrecharles la
mano o dejar el instante de un encuentro fortuito plasmado en una
foto.
Y si el pueblo boricua fue amistoso en grado sumo, no faltaron
personajes dedicados a la deleznable tarea de intentar comprar a
nuestros atletas, quienes regresaron a la Patria con la satisfacción
de haber contribuido a que el evento fuera un éxito. Quizá en el
mundo no existan otros jóvenes que deban defender los colores de su
país bajo tan despreciable presión.
Las jornadas de labor para los periodistas acreditados se
extendían desde bien temprano en la mañana hasta entrada la
madrugada del siguiente día. Vivíamos en un modesto hotel, en el
centro de la ciudad, donde sus encargados depositaron tal confianza
en el pequeño grupo de la prensa al punto de respirarse un agradable
aire de familiaridad.
Y en un ambiente de camaradería tan contagioso como el del hotel,
en las noches de trabajo en el centro de prensa, apremiados por el
horario de cierre de los periódicos, siempre aparecía un tiempo para
compartir con toda esa gente de pueblo deseosa de seguir hablando de
las hazañas vistas en los Juegos. A veces en aquellas conversaciones
nos sorprendía el amanecer.
En una de esas tertulias surgió la propuesta de un grupo de
amantes del deporte de iniciar un bello intercambio. Consistía en
que equipos de baloncesto y béisbol boricuas, integrados por
jugadores en edades escolares, viajaran a Cuba acompañados de algún
familiar para efectuar durante una semana varios partidos, además de
conocer lugares de interés histórico de Ciudad de La Habana.
Muy rápido cuajó el proyecto, que en los años sucesivos sobrepasó
la cifra de más de 300 participantes. En un simbólico gesto de
solidaridad traían pequeñas donaciones de balones, redes y tenis,
entre otros renglones. El fruto esencial de aquellos encuentros fue
el florecimiento de la amistad entre niños que tal vez en el futuro
representarían a nuestros dos países en prestigiosos certámenes
internacionales.
La intensificación de las prohibiciones para que puertorriqueños
y norteamericanos nos visiten ha limitado casi a cero esas
oportunidades de confraternizar. ¿Acaso estos topes ponen en peligro
la seguridad nacional de Estados Unidos? ¿Temen que nuestros pueblos
se conozcan más a fondo?
En varias oportunidades se les han negado las visas de entrada a
territorio estadounidense a delegaciones nuestras que debieron
competir allí con el ánimo de clasificar para importantes lides. Ese
es un derecho reconocido por el Comité Olímpico Internacional (COI)
violado una y otra vez, a pesar de que a los anfitriones de esos
torneos se les exige garantizarlo.
El periodo comprendido entre mayo del 2007 y abril del 2008 ha
sido de recrudecimiento del bloqueo en la esfera del deporte como en
otras de la vida nacional.
Subsidiarias de compañías norteamericanas ubicadas en diferentes
países cancelaron operaciones de compra de equipos destinados a la
preparación para los Juegos Olímpicos de Beijing; negaron la venta
de reactivos y sustancias de referencia para el trabajo en el
Laboratorio Antidoping, e, incluso, imposibilitaron la adquisición
de nutrientes y recuperantes para el consumo de los atletas, entre
otras medidas. Buscar esos productos en otros mercados, valiéndose
de intermediarios, los encarece.
No han faltado ni faltarán ejemplos de esos desmanes. Es
imposible creer que el bloqueo es un tema que solo concierne a Cuba
y Estados Unidos; el carácter extraterritorial e inhumano del cerco,
el más prolongado impuesto a una nación, no deja lugar a duda de
cuáles son las intenciones del vecino norteño.