Un reciente
editorial aparecido en la prestigiosa revista Science, plantea que
es hora de establecer una nueva relación científica entre Cuba y
Estados Unidos, no solo para atender retos compartidos en salud,
clima, agricultura y energía, sino también para comenzar a construir
las bases de una cooperación en otras áreas.
A pesar de la proximidad de ambas naciones y de muchos intereses
comunes, indica la publicación, "el embargo estadounidense y
regulaciones posteriores como la ley Helms -Burton de 1996, han
bloqueado en gran medida los intercambios científicos."
Señala que la comunidad científica de los Estados Unidos puede
beneficiarse de la ciencia de alta calidad que se ha desarrollado en
Cuba, de la misma manera en que los científicos cubanos podrían
aprovechar las ventajas de instalaciones de investigación que están
más allá de las posibilidades de cualquier país en vías de
desarrollo.
Menciona los resultados del país caribeño en el manejo y
mitigación de desastres. Recuerda que Cuba se encuentra en el camino
de los huracanes que se desplazan hacia los Estados Unidos y traen
gran destrucción. Compartir los conocimientos en esta esfera nos
beneficia a todos, subraya el editorial.
También hace alusión a la extensa experiencia de Cuba en el
estudio de enfermedades tropicales como el dengue y los importantes
pasos dados en el desarrollo de la biotecnología, incluyendo la
producción de vacunas y anticuerpos monoclonales, campos donde la
cooperación científica repercutiría en bien de la salud de ambos
pueblos.
Luego de reclamar la ampliación de la actual licencia que permite
viajes limitados de científicos norteamericanos a Cuba, el editorial
de Science se pronuncia por iniciar una nueva era de cooperación,
tomando en cuenta la celebración dentro de pocos años del
aniversario 150 de las academias nacionales de ciencias de ambos
países, las más antiguas del mundo fuera de Europa.