Pero la efervescencia revolucionaria que agita al país también ha
llegado a ese pueblo de mineros. Hubo allí un núcleo fuerte de
obreros, organizadores del Movimiento 26 de Julio, de la talla de
René Ramos Latour y Rafael Orejón Forment, quien fuera asesinado por
la tiranía durante las Pascuas Sangrientas. Los habitantes de Nicaro
y sus alrededores fueron decisivas fuentes de avituallamientos del
Segundo Frente. La Columna 19 fue testigo y beneficiaria de esa
ayuda.
Después de un ataque realizado por las fuerzas revolucionarias el
23 de febrero de 1958, aumentó la guarnición del ejército de la
tiranía en Lengua de Pájaro.
El 20 de octubre de 1958, un cerco del ejército enemigo a los
revolucionarios provocó el efectivo ataque al cuartel de Nicaro. La
presencia rebelde enardeció al pueblo y conllevó a que este saliera
a las calles como muestra de apoyo. Debido a esta acción la
guarnición batistiana abandonó el cuartel para trasladarse al puerto
de Antilla.
Poco después entrarían en Nicaro más fuerzas del Ejército Rebelde
para conservar el pueblo bajo su protección.
Se supo que el enemigo se preparaba para retomar Nicaro, pero la
decisión del comandante Raúl Castro fue mantenerlo ocupado, y trazar
estrategias defensivas para mantener la plaza.
La jefatura del Ejército Rebelde conocía que dada la proximidad
de la farsa electoral del 3 de noviembre y la cantidad de
empresarios norteamericanos que habitaban y laboraban en Nicaro,
ocupar ese pueblo por varios días provocaría un escándalo de
repercusión internacional. En el orden de las acciones militares
significaba la posibilidad de batir los refuerzos que llegarían por
tierra y por mar.
Días después, luego de varios enfrentamientos con el enemigo,
Nicaro dejó de constituir un objetivo militar para los rebeldes; el
fin estratégico perseguido se había cumplido. El comandante Raúl
ordenó a los jefes de columna la retirada de todas las fuerzas
rebeldes de aquella región.