La toma de Nicaro

René Castaño

Octubre de 1958. Nicaro, pequeño pueblo del este de Mayarí también conocido como Lengua de Pájaro por su alargada forma geográfica, está bajo el control económico de la transnacional estadounidense Nickel Processing Corporation. Los yankis explotan esos yacimientos minerales para satisfacer sus desmanes imperialistas.

Una vista panorámica del Nicaro de hoy.

Pero la efervescencia revolucionaria que agita al país también ha llegado a ese pueblo de mineros. Hubo allí un núcleo fuerte de obreros, organizadores del Movimiento 26 de Julio, de la talla de René Ramos Latour y Rafael Orejón Forment, quien fuera asesinado por la tiranía durante las Pascuas Sangrientas. Los habitantes de Nicaro y sus alrededores fueron decisivas fuentes de avituallamientos del Segundo Frente. La Columna 19 fue testigo y beneficiaria de esa ayuda.

Después de un ataque realizado por las fuerzas revolucionarias el 23 de febrero de 1958, aumentó la guarnición del ejército de la tiranía en Lengua de Pájaro.

El 20 de octubre de 1958, un cerco del ejército enemigo a los revolucionarios provocó el efectivo ataque al cuartel de Nicaro. La presencia rebelde enardeció al pueblo y conllevó a que este saliera a las calles como muestra de apoyo. Debido a esta acción la guarnición batistiana abandonó el cuartel para trasladarse al puerto de Antilla.

Poco después entrarían en Nicaro más fuerzas del Ejército Rebelde para conservar el pueblo bajo su protección.

Se supo que el enemigo se preparaba para retomar Nicaro, pero la decisión del comandante Raúl Castro fue mantenerlo ocupado, y trazar estrategias defensivas para mantener la plaza.

La jefatura del Ejército Rebelde conocía que dada la proximidad de la farsa electoral del 3 de noviembre y la cantidad de empresarios norteamericanos que habitaban y laboraban en Nicaro, ocupar ese pueblo por varios días provocaría un escándalo de repercusión internacional. En el orden de las acciones militares significaba la posibilidad de batir los refuerzos que llegarían por tierra y por mar.

Días después, luego de varios enfrentamientos con el enemigo, Nicaro dejó de constituir un objetivo militar para los rebeldes; el fin estratégico perseguido se había cumplido. El comandante Raúl ordenó a los jefes de columna la retirada de todas las fuerzas rebeldes de aquella región.

 

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