Retos del deporte cubano: la fórmula es participar

OSCAR SÁNCHEZ
oscar.ss@granma.cip.cu

Tras concluir los Juegos Olímpicos de Beijing en agosto pasado, Cuba aparece entre los 19 países que han ganado más de 190 medallas y es uno de los 18 que acumulan más de 65 preseas doradas en la historia de ese máximo concierto atlético universal.

Foto: Ricardo López heviaDayron Robles ganó medalla olímpica de oro en Beijing’08.

Tan encumbradas posiciones han sido fruto de una acertada voluntad política, que situó al deporte como un genuino derecho del pueblo, convirtiéndola además en el soporte para poder vencer en un mundo cada vez más marcado por la abismal diferencia entre ricos y pobres, que en la escena deportiva alcanza una magnitud verdaderamente cruel.

Fidel nos lo decía el pasado 24 de agosto, justo cuando cerraba sus cortinas la monumental cita de la capital china. La cara y moderna tecnología en el deporte "no está al alcance del 80% de los países representados en Beijing", afirmó en su Reflexión de ese día, titulada Para el Honor, medalla de oro.

Ante esa realidad que nos enfrenta a una desigual confrontación, Cuba no ha renunciado a continuar su senda victoriosa. Pero necesita traer al centro de sus estrategias a esa voluntad política. Releamos otra vez lo dicho por Fidel aquel 24 de agosto:

"Estos méritos de nuestro deporte no nos eximen en lo más mínimo de responsabilidades presentes y futuras", y agregaba que "El hecho de que participen más naciones y las competencias sean más duras es en parte una victoria del ejemplo de Cuba. Pero nos hemos dormido sobre los laureles. Seamos honestos y reconozcámoslo todos. No importa lo que digan nuestros enemigos. Seamos serios. Revisemos cada disciplina, cada recurso humano y material que dedicamos al deporte. Debemos ser profundos en los análisis, aplicar nuevas ideas, conceptos y conocimientos. Distinguir entre lo que se hace por la salud de los ciudadanos y lo que se hace por la necesidad de competir y divulgar este instrumento de bienestar y de salud. Podemos no competir fuera del país y el mundo no se acabaría por eso. Pienso que lo mejor es competir dentro y fuera, enfrentarnos a todas las dificultades y hacer un uso mejor de todos los recursos humanos y materiales disponibles".

PARTICIPAR ES LO MÁS IMPORTANTE

Todas las esferas de desarrollo social en nuestro país se basan en la oportunidad que tenemos de participar y el deporte no es la excepción. Por ese carril deben correr las estrategias las cuales, desde edades tempranas hasta las categorías superiores, deben estar indisolublemente ligadas a nuestras posibilidades.

Los Juegos Nacionales Escolares son una de las grandes conquistas del deporte revolucionario, fuente inagotable de medallistas olímpicos y mundiales. ¿Pero estamos explotando todas las potencialidades en ese sector? Hoy en esas competencias, en más de 20 disciplinas, participan básicamente los alumnos-atletas de las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE). Son los que se supone tengan un mayor nivel a partir de un criterio de selección que los hizo llegar hasta esos centros, pero estar en la EIDE no debe verse como un pasaporte directo a esos Juegos, porque estaríamos enclaustrando el deporte en un recinto de hormigón, perderíamos una de las premisas de estos centros que es el sistemático examen de las cualidades que le hicieron llegar a esa matrícula y lo que es aún peor, estaríamos cercenando por completo la opción de más y mejores competencias en la base.

Si cada estudiante de la EIDE participara en el campeonato municipal, esos torneos se verían prestigiados por esa presencia y al propio tiempo contarían con la posibilidad de evaluación del talento seleccionado y no se descartaría —de eso estoy seguro— la aparición de otros. Pero necesitamos ese torneo de base, hoy prácticamente ausente. Lo mismo debe ocurrir a nivel provincial, los de la EIDE deben someterse a la prueba de ganarse un puesto a la justa nacional. Nótese que en vez de unos Juegos Escolares, tendríamos tres y en dos de ellos no se ha salido de la provincia, no ha habido que albergar a nadie ni trasladarse a grandes distancias. Por lo que se ajustaría a las posibilidades en que hoy se desarrolla la vida económica del país, y ojo, estaríamos luchando contra un elitismo desde temprana edad, muy dañino, pues luego es muy difícil de curar. Desde pequeño hay que sentir por el terruño y eso se logra compitiendo primero en la base, donde al niño lo conoce todo el pueblo o todo el barrio.

EN BUSCA DE REVITALIZAR EL CALENDARIO NACIONAL

Es cierto que desarrollar torneos a cualquier nivel en el ámbito nacional cuesta y no poco. Solo en transporte, alimentación, infraestructura para hospedaje y el propio aseguramiento a las instalaciones que acogen a cualquier lid, exige la movilización de cuantiosos recursos. Ha sido el esfuerzo del país y las iniciativas de los trabajadores del deporte los que han permitido mantener el calendario competitivo nacional, aun cuando este se ha visto disminuido, en ocasiones considerablemente. Sin embargo, urge revitalizarlo.

Aspirar a lauros internacionales exige tener un buen desarrollo en casa. No es nueva la idea de celebrar competencias en los lugares donde un deporte es pasión, es decir, utilizar la preferencia de las localidades para celebrar allí los principales eventos de esa modalidad, contando con el apoyo de las organizaciones e instituciones de esos territorios. Recuerdo justas de altísimo nivel de tiro con arco en Jagüey Grande, incluso con participación internacional; no está lejos en el tiempo la opción recreativa de los torneos de boxeo en Moa o en Cienfuegos, que también llegaron a tener participación foránea, y de los que salieron o se curtieron grandes glorias.

Los campeonatos nacionales deben ser revisados, pero no condenados a prácticamente no existir. Deben buscarse variantes, por zonas en el caso de los deportes colectivos y luego una final; en tanto los individuales pudieran tener su expresión en distintas plazas, pienso en el atletismo, por ejemplo, que es muy amplio, con un torneo de velocidad, lanzamientos y saltos en distintas sedes.

Son solo algunas ideas para estimularnos todos a buscar nuestras propias alternativas, sabiendo de antemano que algunas disciplinas, por su alto costo en infraestructura e indumentaria, no tendrían las mismas soluciones.

Si un país está preparado para hacerle frente a la lucha desigual en el escenario deportivo, es Cuba, que cuenta con la inteligencia de los más de 30 000 graduados de nivel superior en Cultura Física y con una historia muy rica que debemos traerla al presente.

 

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