Primer Congreso Nacional de Estudiantes

Por un futuro mejor

Raquel Marrero Yanes

El Movimiento de Reformas Universitarias, liderado por Julio Antonio Mella, significó un giro en la conducta de la juventud contra el sistema imperante en Cuba. Su más alta tribuna fue el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado del 15 al 25 de octubre de 1923, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Mella con profesores de la Universidad Popular José Martí.

El evento, concebido, organizado y dirigido por Mella, sesionó con el lema Todo tiempo futuro tiene que ser mejor. Reunió a 128 delegados de los institutos provinciales de primera y segunda enseñanzas, colegios, academias, asociaciones de antiguos alumnos y publicaciones estudiantiles, con el objetivo de perfeccionar acciones en lo educacional, social e internacional.

Al tercer día del encuentro, Mella dio lectura a su moción, que mereció aplausos prolongados. Nacía así la Declaración de Deberes y Derechos del Estudiante, que estipulaba, como primer punto, poner sus conocimientos al alcance de la sociedad.

En las sesiones abogaron para que la Universidad tuviera el derecho de regir sus destinos; fustigaron la corrupción de profesores, la enseñanza verbalista y superficial; denunciaron el desconocimiento de los derechos democráticos; y se pronunciaron por la reforma de la segunda enseñanza, de los planes de estudio y por la renovación de profesores. Además, propusieron una campaña contra el analfabetismo, y se declararon a favor de la enseñanza científica y espiritual.

El Congreso se convirtió en eco de las transformaciones en casas de altos estudios de Latinoamérica. Claros y firmes criterios antimperialistas fueron recogidos en los acuerdos de la histórica cita juvenil, la cual se declaró contraria al capitalismo universal.

Allí surgió la idea de que los jóvenes universitarios impartieran conferencias a los trabajadores, y aprobaron la creación de la Universidad Popular José Martí, anhelo hecho realidad en noviembre de 1923. Luego, el gobierno la tomaría como pretexto para desacreditar el liderazgo estudiantil e introducir el terror anticomunista en los centros universitarios.

La vida dio la razón a Mella: en Cuba era necesario, primero, una revolución social para hacer una revolución universitaria. Y así fue. La Universidad que soñó se multiplica hoy en función de una nueva sociedad.

 

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