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El incremento de actos de piratería en el golfo de Adén acerca el
peligro de una represalia bélica contra esa región, directamente
contra territorio de Somalia, cuyo litoral se identifica hoy como
refugio de delincuentes.
La situación se complicó en los últimos días en esa parte del
litoral, cuando una embarcación ucraniana cargada de armas para el
ejército keniano fue secuestrada y hasta ahora se negocia el pago
del rescate.
Si resulta condenable el saqueo y la extorsión a que se someten
las víctimas de tales acciones, el caso del buque Faina preocupó más
allá, toda vez que Estados Unidos lo vinculó con el terrorismo.
Esa relación establecida por Washington dirigido a un auditorio
sobresaturado del tema del terror acreditó con claridad que una
acción armada -coaligada con los aliados o en solitario- contra los
piratas era posible y más que eso, conveniente.
Pero una acción armada para poner coto a la piratería debe
evaluarse también desde el ángulo de la seguridad regional
nororiental africana, cuya población en cualquier caso tiene
bastante que perder.
El buque Faina -con 21 tripulantes- trasladaba 33 tanques T-72,
fusiles y armas pesadas ucranianas para el empleo de las tropas
kenianas, cuando fue abordado violentamente y conducido al litoral
somalí a la altura de la región del Puntland.
Las negociaciones sobre el abono de un pago para recuperar la
embarcación, el personal y la mercancía se extendieron, al parecer,
por falta de entendimiento entre los secuestradores y la naviera
responsable.
Primero, los asaltantes identificados como nacionales somalíes no
lograron concertar una cifra para el rescate, se pronunciaron por 20
millones de dólares, después solicitaron 30 millones de dólares y
ahora se desconoce el monto.
Las negociaciones presuntamente pasaron por momentos de
endurecimiento en la posición de los secuestradores, para algunos
eso fue un ardid a fin de generar ansiedad y crear tensiones que les
beneficiaran en las conversaciones.
A la dureza sucedió el ablandamiento y los asaltantes decidieron
negociar y pensar en el rescate, que en un momento determinado llegó
a disminuirse hasta los ocho millones de dólares, cifra, sin
embargo, que ninguna fuente pudo confirmar.
El Faina con bandera de Belice se dirigía al puerto keniano de
Mombasa, pero fue desviado por sus captores, quienes le condujeron
al puerto de Hobyo, al nordeste de Mogadiscio, la capital somalí.
Esa embarcación fue localizada por naves de guerra dirigidas a
preservar las condiciones de seguridad de la navegación, pero, por
sus características, siempre dispuestas a pasar a la acción
combativa.
Ahora, mientras el golfo de Adén se repleta con buques de la V
Flota estadounidense y de otras armadas, se percibe el advenimiento
de una solución tremendista al caso.
Mientras se alude a razones inmediatas para acostumbrar al
auditorio a la idea de que Somalia debe ser castigada, en lo
estratégico se tiene en cuenta que el escenario de referencia es un
lugar desde donde se puede controlar la comunicación interoceánica,
con radas importantes y frente al área petrolera por excelencia.