En un mundo todavía de alto nivel de machismo, incluso entre las
mujeres, está llamando cada vez más la atención personal que cada
día prodigan algunos miembros del sexo masculino, para los cuales
las palabras depilación, teñido de pelo y retoque facial van dejando
de ser ajenas y sobre todo, lejanas.
Metrosexual, este nuevo término que se escucha con más asiduidad,
viene a presentarnos un grupo de hombres para los cuales la
apariencia personal deja de ser sólo una combinación de ropa limpia
y planchada para convertirse en parte consustancial de su vida
diaria.
Hasta hace unos años, alguien escultural, con pelo en el pecho y
cierta dosis de tosquedad expresiva podía ser el ideal de pareja
masculina para las mujeres, pero hoy cada vez mayor cantidad de
hombres jóvenes se van introduciendo en este mundo de maquillaje,
cuidado facial, afeitado o depilación y también cambios en los
colores del cabello y el bigote, si se quiere, esta última variante
la más aceptada entre los de mayor edad.
El término, que aduce en el prefijo a las personas de las
metrópolis o las grandes ciudades, fue introducido en Europa a
mediados de la década del 90 del pasado siglo, para aplicarlo a
jóvenes en su período de postadolescencia, para los cuales el jean
roto o desteñido, los zapatos sucios y la apariencia desaliñada
había dejado de ser una carta de presentación.
Y aunque muchas personas con cierto grado de homofobia, puedan
dudar de la masculinidad de quien se aplica a estas costumbres, la
metrosexualidad se va extendiendo y desaparecen de las cámaras de
televisión las antiguas e "interesantes" canas masculinas, pasando a
la cotidianidad los aretes, los cambios de color de ojos, las
iluminaciones capilares y hasta el maquillaje discreto