Somos un pueblo unido, vencedor de las adversidades

Presidente del Parlamento cubano destaca simbolismo del aniversario 140 del inicio de nuestras luchas por la independencia

Texto: marlene herreraEste pueblo nació de un hombre que le entregó su vida entera y supo combatir hasta la muerte completamente solo. Este pueblo dio Cinco Héroes que resisten hace ya más de diez años en total soledad sin vacilar, sin renunciar a la Patria y sus principios. ¿Qué no seremos capaces de hacer todos unidos?, dijo Ricardo Alarcón, en el acto nacional por el aniversario 140 del inicio de nuestras luchas por la independencia.

El presidente del Parlamento e integrante del Buró Político subrayó su certeza en que "podemos mirar a los ojos de los hombres del 68 sin sonrojarnos. Podemos inclinarnos, respetuosamente ante ellos y decirles que hemos hecho todo lo posible por estar a su altura, por imitarlos. Nosotros también hemos tenido que encarar desafíos que parecían insuperables. Pero tratamos de vencerlos y seguiremos haciéndolo".

El 10 de octubre de 1868, destacó, no fue solo un alzamiento para conseguir la soberanía y crear un estado independiente. Empezó ese día la Revolución cubana, la única, la misma que reanudó Martí, continuó la generación de Mella y de Guiteras, volvió a levantarse en la Sierra y en el llano, hasta triunfar con Fidel finalmente a casi un siglo de su inicio.

Esa Revolución única que hoy defendemos y construimos entre todos, frente a las peores dificultades, está al igual que hace 140 años frente al mismo Imperio que siempre trató de derrotarla y aniquilar a su pueblo, remarcó el dirigente.

Poner fin al dominio colonial, recordó, era una meta que parecía imposible de alcanzar en la fecha que ahora conmemoramos. España no estaba ya ocupada por las fuerzas napoleónicas como a principios de aquel siglo cuando se inició la rebelión en su imperio continental, no tenía que pelear en otros frentes y pudo concentrar en Cuba un ejército superior y más numeroso al que había desplegado antes para combatir en toda América.

"Sobre Cuba se cernía otra amenaza: el gobierno de Washington, mientras respaldaba abiertamente a España y reprimía con saña a la emigración patriótica esperaba con frialdad el momento oportuno para intervenir y someternos a un nuevo vasallaje."

Para Céspedes no bastaba con poner fin a la esclavitud. El objetivo era, son sus palabras, "restituir" a los antiguos siervos "su natural calidad de hombres libres, ejercitando su personalidad con toda amplitud, gozando de los mismos derechos civiles y políticos que los demás ciudadanos con perfecta igualdad". En ningún lugar del planeta se proclamaba entonces un programa político tan radical que todavía hoy sigue siendo un sueño irrealizado para la inmensa mayoría de la humanidad, apreció Alarcón.

Martí al igual que Céspedes, denunció el peligro de la intervención imperialista. Como él, concibió la batalla como una verdadera revolución social cuya meta debería ser "conquistar toda la justicia".

Pero treinta años después, los ideales de la Demajagua fueron mancillados y aplastados por la intervención imperialista. Las proezas de dos generaciones de héroes y mártires se hundieron en la nada, sepultadas bajo un nuevo coloniaje, evaluó Alarcón.

Mas la marcha debía continuar. El pueblo se levantó, para caer una y otra vez e incorporarse de nuevo. Muchos entregaron sus vidas, afrontaron los peores suplicios, resistieron y pelearon enfrentando siempre el mismo enemigo, sintetizó el líder parlamentario.

Pese a todas las adversidades, el pueblo mantuvo viva su esperanza y un día la Revolución regresó. "Al frente de ella para conducirla y guiarla estaba y estará siempre el cespedista mayor, el compañero Fidel Castro".

Pronto celebraremos medio siglo de la victoria. En opinión de Alarcón han sido "años difíciles, de trabajo, esfuerzo y abnegación. Años duros que nos han obligado a crecernos, a empinarnos hasta crear una obra en que la justicia se ha vuelto realidad tan natural como el aire que respiramos".

Se trata, sopesó, de "una obra de la que siempre estaremos orgullosos porque es nuestra, la hemos hecho con nuestros brazos y nuestras mentes y la hemos salvado y defendido en las circunstancias más difíciles desafiando al Imperio más poderoso y su agresión brutal".

En Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, renace una vez más el hombre de la Demajagua, sostuvo Alarcón. "Cada uno de ellos, está solo, lo ha estado durante largos años, no tienen más arma que su dignidad y su patriotismo, pero nadie puede doblegarlos, nadie podrá vencerlos jamás. Cada uno de ellos es la síntesis irreductible de la Patria, la prueba suprema de que este pueblo y su Revolución son invencibles".

Su ejemplo, convocó Alarcón, debe guiarnos en esta hora decisiva de la Patria. "Ahora cuando hay que multiplicar el esfuerzo y la dedicación al trabajo, con el rigor, la disciplina y el entusiasmo a que nos ha convocado el Presidente del Consejo de Estado, compañero Raúl Castro".

 

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