Un grupo de especialistas y técnicos logra convertir la sangre en
productos imprescindibles que hoy se utilizan, fundamentalmente, en
salas de terapia intensiva. La renovación de la tecnología en la
Empresa de Sueros y Hemoderivados —donde tiene lugar este empeño,
gracias también a los miles de donantes que aseguran la materia
prima— garantiza, precisamente, mayor calidad y disponibilidad de
estos fármacos.
Ayer, tras el recorrido de la miembro del Buró Político y
ministra de la Industria Básica, Yadira García Vera, por diversas
áreas de la Empresa, este beneficio pudo constatarse. Un moderno
pasteurizador, con garantías para la seguridad viral, y la
reapertura del laboratorio de control biológico que no obligará a
realizar las pruebas fuera de la instalación, con el consiguiente
gasto económico y demora en las aprobaciones, fueron algunas de las
novedades.
Sobre ellas, la Ministra dijo que redundarán en más precisión,
eficiencia y resultados, e instó a sus trabajadores a seguir
esforzándose, pues "tienen gran responsabilidad en el país".
Según el director de la institución, doctor Daniel Pupo
Rodríguez, la renovación le evitará al país importaciones. "Para un
tratamiento del Guillain Barré, por ejemplo, necesitaríamos unos 26
000 dólares para la compra de Intacglobin. Y aunque garantizábamos
al paciente este y otros productos, ahora podremos aumentar la
disponibilidad".
La albúmina y la inmunoglobulina constituyen dos valiosas
obtenciones de esta empresa, única en el país. A complicaciones
posquirúrgicas, infecciones graves, grandes quemaduras, para reponer
volumen de sangre o elevar anticuerpos, debe llegar la validez de
estas sustancias.
Entre sus usos más demandados, específicamente de la
inmunoglobulina, está su aplicación en madres de grupos sanguíneos
RH negativo en el parto, posaborto y en las interrupciones, algo que
incide favorablemente en los índices de natalidad.