En
medio de los más devastadores desastres naturales que haya vivido
Cuba en los últimos 50 años, y cuando diversas voces renombradas en
Estados Unidos pedían un cambio de política de la Casa Blanca hacia
el archipiélago cubano, la secretaria de Estado Condolezza Rice se
plantaba ante los medios para decir que "no es hora de levantar el
embargo (bloqueo)".
Pero en este como en otros temas, la administración Bush está de
espaldas al pueblo norteamericano. En la misma medida en que crece
la impopularidad de este gobierno (la peor de la historia), lo hace
también la cifra de ciudadanos norteamericanos que rechaza la
irracional política hacia Cuba.
Una investigación de Zogby International y Diálogo
Interamericano, desarrollada entre el 23 y el 25 de septiembre y
revelada la pasada semana, constató que la mayoría de los 4 752
votantes estadounidenses encuestados en todo el país, apoyan una
revisión de las relaciones con Cuba (60%), mientras el 84% de los
entrevistados identificados con el Partido Demócrata coincidieron en
la necesidad de cambios. Así se manifestó también un 60% de los
llamados independientes y un 35% de los simpatizantes del gobernante
Partido Republicano.
Una parte significativa de los participantes en el sondeo (62%),
también se pronunció por permitir a las empresas norteamericanas
hacer negocios con la Isla. El 68% consideró además que se debían
autorizar los viajes a nuestro país de los ciudadanos
estadounidenses.
Estos datos muestran un crecimiento significativo entre los
norteamericanos de los deseos de una mejor relación entre Estados
Unidos y Cuba. En julio del 2007, una encuesta similar de Zogby
reflejaba que poco más de la mitad de los participantes (56%)
pensaba que se debían levantar las restricciones.
A la vez, el 1 de octubre, un juez federal de Florida frenaba los
ímpetus revanchistas y viscerales de la mafia de Miami, al suspender
temporalmente una ley estatal, aprobada en el Congreso floridano a
propuesta del representante David Rivera (el mismo que dijo iría a
la guerra de Iraq y todavía lo están esperando), la cual buscaba
impedir los ya restringidos viajes a su país de los residentes
cubanos en Estados Unidos.
Bajo el pretexto de que las entidades de Florida debían evitar
contactos con países considerados "promotores del terrorismo" por el
Departamento de Estado, la llamada Florida Travel Act establece
fianzas de hasta 250 000 dólares e impuestos a las agencias de
viajes que tramitan pasajes y envían paquetes a Cuba desde ese
estado sureño norteamericano, para con ese dinero financiar
investigaciones de las actividades de las propias entidades de
viajes.
Contra tan macabra ley se habían manifestado las compañías "charteadoras"
de aviones, las agencias de viajes y varios sectores sociales de
Miami, especialmente los agrupados en la Alianza Martiana, que han
organizado ocho protestas en ese condado contra las prohibiciones de
viajes.
La decisión del juez Gold abre el camino para lo que pudiera ser
un largo proceso judicial en los tribunales federales. Las fuerzas
de la extrema derecha irán a la revancha en su intento de reforzar
las clavijas del genocida bloqueo, que ha ocasionado daños directos
por más de 93 000 millones de dólares. Pero estos sectores, con
poder político, van siendo enfrentados por los deseos mayoritarios
de los norteamericanos de cambiar la historia de las relaciones de
su país con la pequeña nación vecina.