Como casi todos los días, la mañana también se nubló pero aun así
en la plaza con su antiquísima iglesia y la Casa Municipal de
Cultura los pobladores se congregaron para disfrutar una jornada con
música de concierto. Una mañana distinta a pesar de todos los
cambios que han padecido durante las últimas semanas.
Desde el paso de los huracanes la naturaleza no es la misma en
ese poblado turístico de Pinar del Río. En el trayecto hacia la
comunidad son claramente visibles los efectos del viento en la
otrora frondosa vegetación de los mogotes y en las casas de los
habitantes.
Los estados de ánimos tampoco son los mismos, pero al decir de
Francisco González, director de la Casa de Cultura, "el arte es la
inyección para devolver el ánimo, es la medicina que cura y relaja".
Por eso la Dirección Municipal ha tratado de mantener la vida
cultural activa, no solo con las ocho brigadas artísticas que han
visitado el pueblo, sino con actividades tradicionales como la
concurrida Noche Campesina que se realiza todos los miércoles, y el
estreno de la película Kangamba en la sala de televisión.
En el centro del pueblo, la Banda comenzó ejecutando la
contradanza Cecilia Valdés del fundador de la Ópera Nacional
de Cuba, Gonzalo Roig, para luego amenizar al público con piezas
antológicas del folclor mexicano y el estreno de la obra Viñales,
de Horacio Cabrera.
En tanto, los niños comenzaban a planear su primera incursión
artística. A veces corrían por la plaza y viraban con una idea nueva
o un nuevo miembro para la banda. Cuando de repente uno de ellos me
pregunta: "¿los músicos están aquí porque somos damnificados del
ciclón?", "si" les contesté y un muchacho que participaba desde
lejos me dijo: "ojalá no pierdan la costumbre, me refiero a los
artistas en general, eso es bueno para que el pueblo se instruya".
Al concluir la presentación de los 82 músicos de la Banda con su
director Moisés Hernández, dos cantantes del Teatro Lírico Nacional,
y la actriz Kenia Ortiz, quienes sin dudas entregaron a los
viñaleros su mejor manera de ser útiles en estos momentos, el
público aplaudió y agradeció sin tapujos la distracción.
Finalmente, mientras nos preparábamos para el regreso, los niños
impresionados con lo que acababan de presenciar, continuaban
organizando su banda. Los dejé motivados con la idea momentánea de
actuar en la plaza y buscarse un nombre. Con la despedida, Kike, uno
de ellos me preguntó: "Entonces ¿ustedes cuándo regresan?",
"esperemos que pronto", pude contestarle.