Hacía muy poco había descubierto con Al este del paraíso,
la película de Elia Kazan que significara el debut de James Dean,
que el cine podía ser algo más complejo y hermoso de lo hasta
entonces perseguido en las carteleras. Esa misma sensación la volví
a experimentar con aquella cinta titulada El estigma del arroyo en
la que un actor desconocido daba vida al boxeador Rocky Graziano, un
candidato a delincuente juvenil que gracias a su perseverancia
terminó siendo campeón mundial de boxeo.
Fue tanta la intensidad dramática emanada de la actuación que
salí del cine dispuesto a ceñirme una corona en el Madison Square
Garden. Pero antes, siguiendo ciertas enseñanzas boxísticas
expuestas en la cinta y no obstante mi lastimosa flaquencia,
enfrentaría a Veneno, un matoncito del barrio al que todos los
muchachos temían por ser más fuerte, saber fumar y echarnos el humo
encima con una prepotencia avasalladora y, principalmente, porque ya
había dado pruebas de tener dinamita en los puños.
Era obligatorio "brincar" la calle si se caminaba por la misma
acera que Veneno.
Dos días después de ver la película no lo hice.
––¿Eh, pero tú no brincas? ––preguntó él desconcertado
––No, ni lo haré más ––monté la misma guardia cerrada del
boxeador de El estigma del arroyo y al mismo tiempo me llené
de la furia reconcentrada de la que él hacía gala en cada combate.
Veneno no solo tenía dinamita en los puños sino también
velocidad. Su derecha sobre mi frente, recta, demoledora, fue la
mejor enseñanza de que una cosa es en la pantalla y otra en la vida
real.
Pero no por ello dejé de admirar a lo largo de los años al actor
que interpretaba a Graziano y que recién ha muerto a los 83 años de
edad, ya convertido en un mito.
Paul Newman, a quien algunos solo pudieron reprocharle haber
llegado al cine cinco minutos después que Marlon Brando (algo de lo
que supo sacudirse), demostró con aquella cinta dirigida por Robert
Wise en 1956 que estaba en pleno dominio del "Método" aportado por
el Actor¢ s Studio y que marcaría a
actores como Brando y James Dean (vivir como los personajes y
profundizar en sus motivos, miedos y anhelos).
El golpe, Dos hombres y un destino, La gata sobre el tejado de
zinc, El color del dinero, La ley del indomable, larga sería la
lista de éxitos y de premios de este hombre que además de excelente
actor y director fue un comprometido con la lucha por los derechos
civiles en su país, que no por gusto el presidente Nixon lo hizo
figurar, por su propio puño y letra, en el número 19 de la lista que
elaborara con aquellos enemigos más connotados de su Administración.
"Hombre de conciencia", lo llamó Gore Vidal y el presidente Carter
lo envío como delegado a la ONU para que hablara en una Asamblea
general sobre el desarme.
Actor de inmensa popularidad, Paul Newman se sirvió de ella para
desarrollar una reconocida labor humanitaria y él mismo, que tuvo
que lamentarse de la muerte de su único hijo varón por sobredosis de
drogas, creó una organización benéfica para luchar contra ese
flagelo y también en ayuda de niños enfermos de cáncer.
Aunque alejado de los oropeles de Hollywood, fue una auténtica
estrella pisando sobre las alegrías y sinsabores de la Tierra.
Seguir viéndolo será siempre una fiesta, no importa que cada
película suya, justo en los comienzos, me siga trayendo
inevitablemente, a lo largo de medio siglo, el mismo reproche de
siempre: ¿cómo fue posible que no me agachara como su Rocky Graziano
para evitar la derecha recta, demoledora, del gran Veneno?