Una
emisora alternativa, Radio La Luna, articuló las movilizaciones de
abril del 2005 en Quito. Miles de ecuatorianos, reunidos en la
capital del país, ponían fin al mandato de Lucio Gutiérrez. Era el
tercer presidente que en menos de diez años colmaba el hastío del
pueblo.
La lucha de los sectores populares en Ecuador, concentrada en
detener las recetas neoliberales, frenar el Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos, la presencia norteamericana en la base
de Manta, y en desnudar los fetiches de democracia y la corrupción
de las elites de poder, no encontró eco en las sucesivas
administraciones. La época quedó caracterizada por la inestabilidad
y el desasosiego.
La opción de canalizar estas demandas fue abierta por el gobierno
de Rafael Correa, y la hoja de ruta para el cambio puede comenzar
este domingo, 28 de septiembre, cuando 9,7 millones de ecuatorianos
están convocados a participar en el referendo constitucional.
La aprobación de la nueva Carta Magna marcará un giro
trascendental, pues su principal objetivo es desterrar el modelo
neoliberal que sumió al país en un periodo de crisis e inequidad.
Otros aspectos importantes en su contenido son la prohibición de
privatizaciones a los recursos naturales; la asunción por el Estado
de un papel fundamental en la administración y control de los
sectores y asuntos estratégicos del país, incluido el endeudamiento
externo.
El texto constitucional prioriza el desarrollo social por encima
del mercado, establece que la educación y la salud deben ser
reconocidos como derechos y no mercancías, sino como servicios
gratuitos.
Reconoce además la interculturalidad y plurinacionalidad e
incorpora como idiomas nacionales el quichua (una variante del
quechua que se habla en Ecuador) y el Shuar de los pueblos
originarios.
Otorga un amplio sentido a la participación ciudadana, que
incluye la capacidad de revocar a los funcionarios que incumplen con
su mandato, al tiempo que le reconoce a las organizaciones sociales
un papel fundamental en la transparencia y lucha contra la
corrupción.
El proyecto de Constitución establece la prohibición a la
presencia de bases y fuerzas extranjeras en el territorio nacional,
y en materia de política exterior es enfático en poner a Ecuador en
la senda de la integración latinoamericana.
Con la llegada a la presidencia de Rafael Correa, el 15 de enero
del 2007 al frente de Alianza País, muchos celebraron la
instauración de un Gobierno desmarcado del pasado.
Desde entonces, el enfrentamiento al neoliberalismo, la limpieza
en el manejo de los fondos administrativos y el activo papel dentro
del proceso de unidad que se va dando en América Latina, como se vio
en la Cumbre de la UNASUR que respaldó firmemente a Evo Morales
frente al golpismo, explican que un alto porcentaje de ecuatorianos
continúe apostando por esta gestión para transformar el país. Los
años de malestar provocado por la derecha tradicional, hoy en
decadencia, también argumentan la posibilidad del triunfo del Sí en
el referendo constitucional.
La influencia de la partidocracia, en la que se incluyen
organizaciones como el Partido Social Cristiano han quedado
debilitadas. Figuras como el magnate bananero Álvaro Noboa, rival
del actual mandatario en las elecciones del 2006 y uno de los
hombres más ricos del país, ganan en descrédito y pierden en
influencias en el escenario político de estos tiempos.
A la campaña por el NO se ha asomado el rostro más conservador de
la Iglesia y también la oligarquía de Guayaquil, cuyo alcalde, Jaime
Nebot, encabeza a los opositores y a las posturas separatistas.
En una reciente entrevista a AFP sobre su posición antagónica a
la Carta Magna, Nebot priorizaba dos razones: "lucho porque Ecuador
no se parezca a Bolivia o Venezuela"; este proyecto "distribuirá
igualitariamente los bienes de producción y los frutos del
desarrollo", tesis que "ya fracasaron en el mundo".
Para los sectores populares, dar el Sí a la iniciativa
constitucional significa la posibilidad de golpear a esta vieja
oligarquía y continuar el proceso de transformaciones que empezó a
gestarse décadas atrás, beneficiado ahora por las brisas de cambio
que se expanden por América Latina.