Redescubriendo a María Elena Llana

SONIA SÁNCHEZ
sonia.sh@granma.cip.cu

Foto: Yander ZamoraFue un redescubrimiento de María Elena Llana. "En cada cuento siempre he puesto algo muy profundo mío. Ese toque de sinceridad es uno de los atractivos que pudiera tener mi literatura".

Poco a poco, en el espacio que para los entusiastas de las letras ofrece cada mes el Instituto Cubano del Libro (ICL) en El autor y su obra, amigos y conocedores de la escritora y periodista María Elena Llana (Mariel 1936), la poetisa, narradora, profesora, ensayista y crítica Mirta Yáñez, la también poetisa Basilia Papastamatíu y el investigador Enmanuel Tornés, desenredaron la madeja que enhebra el decursar de la homenajeada en cada uno de estos campos a los que tanto ha ofrecido.

Ella, a través de la ternura que la adorna, se dejó conducir aunque con una media sonrisa aclaró que consideraba el idioma como un instrumento fundamental. "Siempre he trabajado con él, es un gran misterio en el que trato de navegar. El reto está en la originalidad y la imaginación".

Periodista de profesión,—se graduó de la Escuela Manuel Márquez Sterling en 1958—, al triunfo de la Revolución —"un deslumbramiento principal que me congratulo de haber vivido"— pasó a trabajar al diario Revolución, las redacciones de La Calle y La Tarde y programas radiales; fue jefa de redacción de Prisma e integró el consejo de dirección de la revista Cuba, para ocupar diferentes responsabilidades en la agencia Prensa Latina. Actualmente sigue dando su aporte como escritora en el Instituto Cubano de Radio y Televisión.

"Lo disfruté todo en el periodismo, desde el trabajo de titulista hasta el de hacer una noticia, género que reconozco más difícil aún que un comentario".

En el plano creativo María Elena Llana, autora de La reja (1965); Casas del Vedado (1983), con el que obtuvo el Premio de la Crítica en 1984; Castillo de naipes (1999); Ronda en el malecón (2004) y más recientemente Apenas murmullos y la antología personal Casi todo (2006), optó en la década del sesenta por la literatura imaginativa que linda con lo fantástico. "Pero caí en el ostracismo de ser mujer en una época tan difícil".

"¿Es que la nueva cuentística cubana no tenía nombre de mujer?, insistió Tornés, quien calificó a la Llana como representante femenina de la mejor narrativa cubana: precisa, reflexiva, de una sorprendente capacidad comunicativa y dueña de "una elegancia marcada por la práctica de un lenguaje francamente culto, sin falsos coloquialismos". Consideró a La reja como "libro antológico".

Papastamatíu reseñó la valiosa obra de María Elena Llana en tanto, Mirta Yánez, entre bromas anecdóticas de sus encuentros, no quiso pasar por alto cualidades de su creación literaria, entre estas "la ampliación del costumbrismo. Lo lleva a la exasperación de todos sus límites rompiendo con lo tradicional". La presencia del humor negro señaló también entre sus virtudes literarias: "lo usa con distinción y dominio".

A lo expuesto se puede añadir el criterio dado en cierta ocasión por la poetisa y narradora Marilyn Bobes —presente en esta familiar tertulia— sobre la labor creativa de la Llana: "alimenta su obra de un mundo fantástico, surreal, nutrido de ironía, humor y fenómenos paranormales.(¼ ).Tan realista como imaginativa, poseedora de una prosa impecable y tan dueña de lo extraordinario como de lo real. María Elena Llana es en mi opinión la más importante cuentista entre las cubanas que comenzaron a publicar después de 1959".

Frente a este ser femenino y lúcido, que quizás pudiera estar más en la polémica de la crítica, nos sorprendió el atardecer en uno de los valiosos inmuebles de La Habana Vieja. Otro descubrimiento de María Elena Llana.

 

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