La esencia humana se refleja en la capacidad de compasión y
solidaridad en momentos de tragedia, sea individual o colectiva.
Precisamente aquí, el ser humano descubre, de acuerdo a Fiodor
Dostoevsky, la respuesta a su eterna pregunta: "¿para qué se vive?"
Por eso, al ver a miles de personas y decenas de países acudir con
ayuda desinteresada a Cuba, que fue barrida durante 10 días por los
huracanes Gustav y Ike, uno siente que no todo está perdido en este
mundo metalizado e individualista.
Embestida como nunca por estos poderosos huracanes, que dejaron
una larga estela de destrucción, matando a siete personas, arrasando
más de 500 000 viviendas y dañando miles de edificios, Cuba no se
quedó sola. Mientras las ráfagas de 340 kilómetros por hora azotaban
la Isla, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fue el primero en
ofrecer todo lo que hiciera falta: apoyo financiero, e incluso
tierras venezolanas para producir alimentos en áreas no ciclónicas
disponibles.
Rusia fue el segundo país en acudir con aviones cargueros llenos
de alimentos. Angola, Vietnam, China, Ecuador, Nicaragua, Argentina,
Bolivia, Brasil, España siguieron el ejemplo, enviando dinero,
alimentos y material de construcción. La República Dominicana mandó
un cargamento de 676 toneladas de arroz, frijoles, madera, planchas
de zinc, una planta potabilizadora y cloro. Y así, un país tras otro
expresó su solidaridad con la Isla que sufrió pérdidas por unos
cinco mil millones de dólares.
Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de Estados Unidos que
considera a Cuba como su enemigo permanente y usa todos los métodos,
tanto legales como encubiertos, para castigar su rebeldía y
desobediencia al Gran Patrón. Aunque los tiempos cambian y nuevos
vientos soplan en el continente latinoamericano, Estados Unidos no
quiere percibirlo y trata de aferrarse a su estatus de amo del
"patio trasero", quedándose cada día más aislado.
Ni siquiera toma en cuenta sus intereses, ni el clamor de
agricultores y negociantes que quieren comercializar con Cuba porque
la perciben como un excelente mercado.
Los casi 50 años de bloqueo comercial contra Cuba le han causado
a la Isla un daño estimado en unos 93 000 millones de dólares.
Entonces, la actual tragedia cubana es una posibilidad más para
sofocar al país. El mismo George Bush, quien después del huracán
Michelle en el 2001 autorizó venderles productos agrícolas y madera
por más de 2 000 millones de dólares, ahora exigió "una inspección
de especialistas del Departamento de Estado para evaluar los daños
que ocasionaron Gustav y Ike".
Jamás exigió esto a Haití o cualquier otro país afectado por un
desastre. Simplemente mandaba o no la ayuda. Todo indica que en el
caso de Cuba, hay otras intenciones. Como sus especialistas de
inteligencia no tienen acceso a la información real sobre Cuba (lo
prueba el fallo de sus conclusiones sobre la evolución después del
retiro de Fidel Castro), ahora quieren mandar profesionales para
enterarse de lo que puedan, a cambio de víveres.
La negativa cubana no se dejó de esperar. La compasión y
solidaridad vienen del corazón, no de la mente. (Tomado de El
diario/La prensa, de Nueva York)