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Viñales, patrimonio eterno
Ronald Suárez Rivas
Viñales ha cambiado. En la distancia, sus mogotes siguen
pareciendo una manada de elefantes dormidos, como dijo una vez
Federico García Lorca; pero las huellas de la devastación están por
todas partes.
La
mayoría de las construcciones del valle no resistieron.
Desde el emblemático mirador, en la loma de Los Jazmines, la
maraña de árboles arrancados de raíz, los palmares desechos y los
escombros de las viviendas y las casas de tabaco, empañan uno de los
paisajes más representativos de Cuba.
En la calle central del pueblo, los pinos han desaparecido. Los
que sobrevivieron a los huracanes fueron talados a manera de
precaución, para evitar nuevos daños a las viviendas o el cableado
eléctrico.
Un
buen número de palmas fueron derribadas por los vientos.
Los estragos a la infraestructura turística son severos. Desde el
paso de Gustav, ninguno de los tres hoteles del valle ha podido
recibir nuevos huéspedes. El Rancho San Vicente fue el menos
golpeado (solo siete habitaciones), y por tanto el primero que
empezará a funcionar, pero el bosque que lo circunda está demolido.
El tendido eléctrico quedó tan maltrecho que solo los principales
asentamientos del municipio disponen hoy de algunas horas de
corriente, gracias a la instalación de grupos electrógenos móviles.
Sin embargo, la condición de Parque Nacional y Paisaje Cultural
de la Humanidad, hacen del impacto ambiental una de las principales
preocupaciones de Viñales.
LA NATURALEZA EN EL VÓRTICE DE LA
RECUPERACIÓN
Una evaluación preliminar acaba de poner cifras a la destrucción.
"El 70% del área presenta daños. Los más críticos están en los
bosques semidestruidos, en las bases de los mogotes, y los bosques
de galería de la cuenca hidrográfica, ambos con una afectación del
90%", asegura Joel Martínez, subdirector del Parque Nacional.
Así
quedó el mirador de Los Jazmines.
Reinaldo Fernández, delegado territorial del CITMA, explica que
tras el diagnóstico inicial, corresponde hacer el trabajo de campo
para comprobar qué ha pasado con especies endémicas y con la fauna.
"Hoy la gente dice que las aves se perdieron, pero el hecho de
que no se vean, aún no es alarmante, porque al afectarse los árboles
es probable que hayan emigrado en busca de alimento."
En
el lugar que ocupaban los pinos, en el pueblo de Viñales, se
sembrará baría, un árbol característico de este lugar.
Como ha sucedido en otras oportunidades, tras el paso de
fenómenos similares, la experiencia y el esfuerzo del hombre
volverán a estar presentes en la recuperación. "Los ecosistemas se
regeneran, pero a veces hay que ayudarlos. Además, debemos extremar
las medidas de protección, porque hay una masa vegetal que aumentará
el peligro de incendio forestal en el periodo de seca", precisa
Reinaldo.
Esta vez, no obstante, la acción de los especialistas no estará
volcada únicamente hacia el medio ambiente. "En Viñales hay un
sentimiento particular hacia la naturaleza. Las personas pueden
estar deprimidas y hay que explicarles qué va a pasar y cómo pueden
contribuir a reanimar su entorno", agrega.
Ciertamente, la furia del viento golpeó sin remordimientos en las
entrañas del valle. Ninguno de sus sitios representativos ha salido
ileso. "Aquí jamás se había visto algo así", dice Caridad Miranda,
quien a los 90 años es parte del patrimonio viviente de este lugar.
En su jardín de 1,04 hectáreas, que durante décadas atrajo a
visitantes de todo el mundo, Dora Alonso encontró la inspiración
para su cuento El valle de la pájara pinta. La exuberante
vegetación había contemplado inmutable el ciclón del 44, pero el
paso de Ike y Gustav la perjudicó seriamente.
A pesar de ello, Caridad no tiene dudas de que más temprano que
tarde los árboles y las flores volverán a crecer. "La naturaleza es
muy sabia. Lo que ella quita, lo da después".
¿Patrimonio en peligro?
Ricardo Álvarez, historiador local, advierte que el golpe de dos
huracanes ha avivado un viejo dilema. Muchas construcciones del
valle —que según las regulaciones patrimoniales deben tener cubierta
de guano o teja— no resistieron, y las familias perdieron sus
bienes.
"Es necesario buscar alternativas para que los campesinos
conserven sus tradiciones, pero tengan también condiciones de
seguridad", comenta.
No obstante, afirma que a pesar de los daños, Viñales no corre el
peligro de perder la condición de Paisaje Cultural de la Humanidad
que le otorgara la UNESCO en 1999.
"Los ciclones no comprometieron los factores que le hicieron
merecer esa categoría, porque la vegetación se regenera y las
personas siguen aquí, con sus costumbres ancestrales."
Guataca en mano, camino al campo, Francisco Hernández asegura que
las lluvias de los últimos días han traído buenas noticias. "Los
árboles, que después del ciclón parecían quemados, ya están
retoñando. Dentro de un año todo estará verde otra vez".
La coexistencia armónica del hombre con la naturaleza, que
siempre fue el mayor encanto del valle, ahora se refuerza cuando sus
habitantes se unen en el empeño de recomponer esta tierra rodeada de
mogotes, que semejan una manada de elefantes dormidos. |