Ike no pudo dañar un saco

En el central Ecuador, con experiencias propias, un colectivo laboral protegió miles de toneladas destinadas al consumo nacional

Ortelio González Martínez

BARAGUÁ, Ciego de Ávila— Las chimeneas del central Ecuador, en este municipio del sudeste avileño, dominan las alturas con pretensiones de eternidad. A sus pies la vida sigue, ni siquiera estuvo detenida al paso del huracán Ike, el ciclón que no tuvo piedad con lo que se le interpuso.

Foto: Nohema Díaz muñozParte del colectivo salvador.

Jamás este coloso moledor y su gente habían pasado una prueba tan difícil, sobre todo porque en el momento del azote del meteoro permanecían guardadas en sacos 20 800 toneladas de azúcar refino destinadas al consumo nacional.

De haberse mojado ese volumen, el Estado cubano hubiese tenido que desembolsar más de siete millones de dólares para adquirir similar cantidad en el mercado internacional.

Poco después de que Esteban Lazo, miembro del Buró Político del Partido y vicepresidente del Consejo de Estado, en reunión con el Consejo de Defensa de la provincia llamara a aplicar las experiencias propias en cada lugar, una brigada de hombres de ese central ponía a prueba las suyas.

Al recibir el aviso de que Ike traía malas intenciones con Ciego de Ávila y que pasaría muy cerca de nuestro municipio, comenzamos a adoptar las medidas implementadas para estos casos, asegura Ramón Águila Rodríguez, jefe de producción de Crudo y Refino en la empresa azucarera.

Batallamos más de 72 horas sin descanso, siempre atentos. Ike podía golpear por el lugar menos esperado. Protegimos las puertas de los almacenes y las estibas de sacos con muros de bloques para impedir la llegada del agua, rememora.

Lo más sencillo en apariencia se convirtió en algo bien difícil: la colocación de 400 bolsas con áridos sobre las planchas de zinc del techo del almacén, acción decisiva en la que fue determinante la ayuda de cederistas del poblado, fundamentalmente, en el llenado de los sacos.

Después llegaron los toldos de nailon para cubrir las estibas. Terminaron de taparlas a las 2:00 de la madrugada.

Dicen que en los momentos más tensos un fogonazo de viento se llevó una de las planchas y fue cuando Bárbaro Urbano se subió como pudo en el techo y arregló el boquete.

Bárbaro, Alberto, Rodolfo, Valentín, Ángel, Eduardo, Roberto, Juan, Rolando, Iván y Ramón, los principales protagonistas, tienen su propia historia que contar, la historia del azúcar salvado.

Nada de fatales presagios, ni de cuentos de naturaleza que hicieran añicos la rutina cotidiana. Lo cierto fue que Ike se marchó con amargura, al no poder dañar, siquiera, un saco de azúcar.

 

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