HOLGUÍN.— Gibara mantiene su encanto de pueblo
marítimo y aires de gran ciudad. Inmortalizada por el cineasta
Humberto Solás en filmes como Lucía y Miel para Ochún,
la Villa Blanca se empeña en un esfuerzo restaurador que le devuelva
la normalidad alterada por un siniestro visitante: el huracán Ike.
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El Astillero Alcides Pino sufrió
fuertes daños en las cubiertas y otros elementos de la
instalación. Hoy sus trabajadores están empeñados en
restañar los daños y comenzar la producción en las
próximas horas. |
Quien llegue hoy hasta allí extrañará de
inmediato parte del malecón. El mar, empujado por los vientos de Ike,
arremetió con fuerza nunca antes vista por los atribulados vecinos;
se tragó, en pocas horas, gran parte del muro y ocasionó enormes
destrozos a su paso.
Aquí nunca se había visto algo como eso, y si
habré visto yo mareas, dice Antonio González, con todo el derecho
que le asiste por sus 86 años de vivir allí. Su casa está a escasos
metros de donde, hasta hace dos semanas, estaba el malecón.
Cuando regresé al otro día y vi que no habían
quedado puertas, ni ventanas, ni na que se me hubiera
salvado, me convencí que como ese "bicho" —el Ike — no ha habido
otro por aquí.
El que sí resistió fue Camilo, dice Antonio,
mientras contempla admirado la estatua del Señor de la Vanguardia,
ubicada a poca distancia de su hogar.
El joven doctor Ibert Toledo Pérez, director del
Hospital Gustavo Aldereguía Lima muestra los destrozos que el
fenómeno de la naturaleza causó en la institución de salud.
Persianas metálicas retorcidas y restos de la
cerca perimetral derribados por el oleaje, daban la razón a cada una
de las palabras del galeno.
Afortunadamente ningún equipo médico sufrió daños
y ya están todos en funcionamiento. Es mucho más fácil levantar todo
esto que olvidar alguna vez lo que pasó aquí, expresa Ibert Toledo.
La hilandería Inejiro Asanuma, inaugurada el 21
de mayo de 1961 por el Comandante Ernesto Che Guevara, sirvió de
refugio a cientos de vecinos del barrio de Pueblo Nuevo, conocido
por El Güirito, arrasado por la furia de las olas.
Elpidio González Leyva, electricista con más de
37 años de labor en la hilandería, muestra orgulloso las viejas
plantas eléctricas.
Afirma: Están como nuevas. Como cuando azotó el
Flora, Gibara contó con la corriente que sale de aquí.
Pocas horas después del paso del meteoro por el
territorio, una rastra cargada con 10 toneladas de hilaza partía
rumbo a Santiago de Cuba, explica Solangel Guach, directora
comercial de la institución.
Gracias al esfuerzo de los trabajadores el día 22
de septiembre, a las 11 de la mañana, arrancamos la producción.
Aunque la paralización de la planta provoca grandes pérdidas, no
tenemos ninguna duda de que cumpliremos los planes, dice Solangel
con optimismo.
Pedro González García, vicepresidente del Consejo
de Defensa Municipal, prefiere la acción a las palabras. A este
genuino hombre de campo hay que buscarlo en las calles.
En Gibara hay todavía mucho por hacer, la
recuperación permite que más del 42% del servicio eléctrico esté
restablecido, aunque hay consejos populares como Cañada de Melones,
Arroyo Seco y Boca sin electricidad aún a causa de los complejos
trabajos que hay que acometer en las líneas.
En el municipio se afectaron 19 237 viviendas, se
reportan recuperadas más de 440. Las comunicaciones están
restablecidas a más del 90% de los usuarios.
También avanzan los trabajos de recuperación en
la agricultura, otra gran víctima junto a la vivienda. Hay que
destacar el esfuerzo realizado para dejar limpio el territorio. Más
de 100 000 metros cúbicos de desechos se han recogido con el apoyo
del pueblo y fuerzas y medios de las FAR, el MININT, el MINAZ, entre
otras entidades.
Las historias recordarán los malos momentos, pero
también hablarán de la recuperación para cambiar el entorno.