Retorno al pizarrón

PASTOR BATISTA VALDÉS

LAS TUNAS.— Dicen que cuando el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, se refirió al aporte que podrían ofrecer miles de jubilados de la Educación reincorporados a la docencia, varios vecinos acudieron a la casa de Luz María Guevara Baldoquín para comentarle tan grata noticia.

Para Luz María, volver al aula no es un sacrificio, sino una dicha.

La reacción no fue casual. "Sabían que daría inmediatamente mi paso al frente —opina la experimentada maestra. Me había jubilado en el 2002, con 40 años de trabajo en el sector y 59 de edad, pero mi pensamiento seguía en el aula, con los niños y el magisterio, que no han sido una parte de mi vida, sino mi vida entera".

Como Luz más de 300 maestros y profesores de esta oriental provincia de Las Tunas, y miles en toda Cuba, han renunciado al disfrute de su merecida jubilación para volver a las aulas.

"Te confesaré algo más: yo me siento mejor aquí (en el seminternado El Vaquerito) enseñando a estos niños de tercer grado, que descansando en mi propia casa. Ellos necesitan de nosotros y lo menos que podemos hacer es entregarnos por completo. Pero pienso que también a los jóvenes maestros les hace falta nuestra experiencia. Por eso estaremos educando mientras seamos útiles, tengamos capacidad y el país lo decida.

Como Alfonso, miles de jubilados han retornado a las aulas en todo el país.

"Hace casi medio siglo el Comandante en Jefe nos convocó a una gran batalla: la campaña de alfabetización. Y la ganamos. En estos días, delante de mis alumnos otra vez, he recordado aquel momento histórico y también las vicisitudes que después pasamos alrededor de 30 jóvenes, viajando diariamente hasta Holguín (más de 70 kilómetros) para poder estudiar y formarnos en algo tan bello y necesario como el magisterio, al cual hemos dedicado nuestra vida. Por eso, volver a impartir clases no es un sacrificio hoy para mí: es una dicha."

LA NECESIDAD TAMBIÉN ES MÍA

Con una historia y un presente muy similares, Alfonso Rosabal Álvarez se inclina y, como si deseara confesar algo muy íntimo, dice: "Sé que este llamado responde a una necesidad del sistema de educación y del país, pero durante el tiempo que estuve acogido a la jubilación me di cuenta de que también estaba requerido de algo, y era de los alumnos. Por eso muchas veces hasta me daba una vuelta por la escuela, para mirarlos un rato y atenderlos en cualquier cosa que pudiera ayudar.

Rafael pudiera impartir clases, pero es más útil asesorando a quienes están llamados a hacer Revolución en la docencia.

"Ahora, al volver y darles clases en quinto grado a los mismos niños con quienes empecé a trabajar antes de jubilarme, siento mucha alegría.

"Creo que son cosas normales en quienes estuvimos casi 40 años impartiendo clases en centros de esta enseñanza donde uno ve el fruto, y donde se enseña pero también se aprende: con el perfeccionamiento de los programas, con las transformaciones y con las nuevas materias propias de la cadena de grados."

LA TRINCHERA DE RAFAEL

Salvando las distancias, en términos tácticos la educación es también como un gran combate, en el que a cada quien corresponde la posición donde pueda resultar más útil.

Por eso, de nuevo en la trinchera del saber, a Rafael Ángel García Lorenzo no lo vamos a encontrar inclinado frente a un grupo de niños o jóvenes, como disfrutó gran parte de su vida en diferentes tipos de enseñanza mientras recalcaba una idea, formulaba una pregunta, comprobaba conocimientos.

Su vasta experiencia le reserva hoy un sencillo pero vital espacio en la Escuela Secundaria Básica Urbana Manuel Ascunce Domenech, donde realiza permanente labor de asesoría en beneficio de la joven directora Yailín Mariño, y también de jefes de grado, docentes en formación, profesores recién graduados e incluso especialistas y directivos del sector educacional.

Orgullosa de tenerlo allí, Yailín relata que con frecuencia vienen a consultarle o a pedirle consejos a Manuel educadores de otros centros y hasta de la propia sede municipal de Educación, donde él desarrolló funciones metodológicas y de dirección.

— Solo dos preguntas —le digo— para terminar: ¿Cuántas horas permanece usted aquí después de haberse reincorporado a la docencia?

"No las he contado. Pero puedo decirte algo: aunque para nosotros, los jubilados, se ha planteado cierta flexibilidad con el horario, llego a las 7:30 de la mañana y me voy cuando se retiran los demás trabajadores."

— ¿Y en cuanto a su esposa: cuál fue su reacción frente al retorno suyo a la educación y al ritmo de trabajo que usted lleva otra vez?

En el semblante de Manuel, hasta ahora predominantemente serio, aflora una sonrisa y, encogiendo los hombros, concluye: "Ella también echó a un lado la jubilación y se reincorporó a las aulas... en este momento está atendiendo a niños discapacitados en la escuelita Luis Augusto Turcios Lima."

 

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