La vinculación pudiera parecer mucho más lejana que la distancia
geográfica entre ambos países, pero el nexo es tan latente que
resuena por estos días en el podio de la Asamblea General de las
Naciones Unidas.
Allí el presidente George W. Bush intentó tranquilizar al mundo
sobre los esfuerzos de la Casa Blanca para poner coto a la crisis
financiera extendida desde el mercado hipotecario norteamericano, y
que tiene en vilo a Wall Street y a los principales centros
financieros internacionales.
Pero este nuevo traspiés del capitalismo fue antecedido por la
espiral de los precios del petróleo y de los alimentos, y tiene como
secuela impulsada desde Washington que grandes extensiones de
tierras y cultivos de granos y cereales estén dedicados ahora a la
producción de los llamados biocombustibles.
Ocurre además cuando los países ricos continúan subsidiando a sus
productores, en desleal competencia con los agricultores del Tercer
Mundo, muchos de ellos sometidos a la ruina o en posiciones
desventajosas respecto al control monopólico de las transnacionales
de los mercados internacionales y nacionales.
A ello se suma el crecimiento de la demanda en algunas de las
naciones más pobladas del planeta, al tiempo que fenómenos
naturales, como los huracanes que han azotado a países del Caribe,
incluida Cuba, afectan cosechas y capacidades.
En tales circunstancias, y con el foco puesto en la crisis
financiera norteamericana, la alimentaria desaparece de los
titulares de los grandes medios de comunicación, y también de la
agenda de gobernantes del club de países ricos, desentendidos de
compromisos para la contribución al desarrollo del Tercer Mundo.
Es por ello que el Banco Mundial advirtió que otros 100 millones
de personas podrían traspasar el umbral de la pobreza extrema,
debido al alza de alimentos y combustibles, una combinación fatal
para muchos pueblos del planeta.
Una estadística terrible aportó el secretario general de la ONU,
Ban Ki-moon en el discurso que inauguró el actual periodo de
sesiones de la Asamblea General de la ONU: "solo en un año los
alimentos básicos que consume la mitad de la población mundial
subieron a más del doble de su precio".
Y respondiendo a la pregunta que da pie a este comentario, el
presidente panameño, Omar Torrijos, puso el dedo en la llaga.
Criticó que se destinen cientos de miles de millones de dólares para
salvar empresas —en referencia a la crisis económica norteamericana—
mientras "todavía se mira con indiferencia que cada año 5,6 millones
de niños menores de cinco años mueren debido a una causa directa o
indirecta de malnutrición".
Torrijos no escondió su incredulidad respecto a la meta fijada en
la ONU para reducir en el 2015 a la mitad la cantidad de
hambrientos. "¿Cómo se va a poder cumplir con ese objetivo si el
precio del arroz ha subido 74% y el trigo 130 %?", cuestionó.
"Nuestras naciones han pagado y tendrán que continuar pagando el
costo y las consecuencias de la irracionalidad, el derroche y la
especulación de unos pocos países en el Norte industrializado, que
son los responsables de la crisis alimentaria mundial", denunciaba a
su vez el primer vicepresidente cubano José Ramón Machado Ventura,
al intervenir en nombre del Movimiento No Alineado y de nuestro
país.
Casi a la par de la intervención del jefe de Estado panameño en
Nueva York, en Roma el senegalés Jacques Diouf, director de la FAO,
anunciaba que el número de personas que padecen hambre aumentó de
850 millones a 925 millones.
No puede ser de otra manera, cuando el índice de los precios de
los alimentos creció del 12% en el 2006, 24% en el 2007 y 50% en los
primeros meses de este año, según el último reporte oficial de la
FAO.
Las perspectivas, entonces, no son mejores que cuando en junio
pasado tuvo lugar en la capital italiana la llamada Cumbre
Alimentaria, convocada por la ONU tras la ola de hambrunas que
desató disturbios en varios países, en particular en Haití, hoy con
una situación mucho peor tras los huracanes de las últimas semanas.
Al coro de advertencias se sumó el director del Fondo Monetario
Internacional. Dominique Strauss-Kahn alertó que en el próximo año
medio centenar de países subdesarrollados "seguirán en situación de
riesgo". Por ello subrayaba que mientras la comunidad internacional
tiene la atención puesta en la crisis financiera que están viviendo
las economías avanzadas, es importante no perder de vista la otra
crisis.