Diez Nieto, estreno a los 90

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Próximo a cumplir 90 años de edad, Alfredo Diez Nieto sigue siendo un creador lúcido y fecundo. Compartiendo con Harold Gramatges el honroso privilegio de ser el compositor en activo más longevo del país, el maestro irradiará sus más recientes imágenes sonoras como parte del ciclo Conciertos cubanos, organizado por la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Mañana sábado 27, en la Basílica Menor de San Francisco a las 6:00 p.m., el Trío Concertante, integrado por Fernando Muñoz, Dianelys Castillo y Leonardo Gell, tendrá a su cargo el estreno mundial del Trío para violín, clarinete y piano, escrito este mismo año por Diez Nieto.

Estos jóvenes intérpretes, que en poco tiempo han sentado cátedra por la seriedad con que encaran la comunicación musical, se acercaron meses atrás al maestro con la intención de incorporar algo suyo a su creciente repertorio.

La petición no se hizo esperar: Diez Nieto decidió escribir una obra original, que posiblemente sea la primera partitura de un autor cubano para ese formato.

Hoy viernes, los melómanos recibirán otra ofrenda de nuestro ilustre compositor. Como parte del programa que la serie Conciertos cubanos dedicará, a las 3:00 p.m. en la sala Martínez Villena de la UNEAC, a los 90 de Harold y suyos y a los 70 de Roberto Valera y Jorge Garciaporrúa, se escuchará el Capricho no. 2, por parte del dúo D’Accord (clarinete; Vicente Monterrey; piano, Marita Rodríguez).

La obra data de 1973, época en la que Diez Nieto trabajó con frecuencia formatos de cámara en piezas como Preludio, para viola y piano: Fiesta, para dos trompetas y piano; y Movimiento, para tres contrabajos.

Autor de un catálogo que destaca por su diversidad e intensidad, nuestro compositor, nacido en La Habana el 25 de octubre de 1918, ha visto cómo con el tiempo los valores de su creación son cada vez más apreciados.

Al margen de las tendencias de moda, sin estridencias publicitarias, ha ido sumando obras notables no solo por su riguroso sentido constructivo sino por una sensibilidad personal.

Cuando Iván del Prado rescató para la Orquesta Sinfónica Nacional y la fonografía insular la Sinfonía no. 1, escrita en 1943, advirtió a este cronista: "Descubrirás una de las páginas más inteligentes y hermosas del repertorio instrumental cubano de la primera mitad del siglo XX".

Lo propio se podría aplicar a obras como la Gran sonata, de 1978, difundida a escala internacional por Cecilio Tieles. Es una pieza clave en el desarrollo del lenguaje pianístico entre nosotros.

Algunos han tratado de encasillar su obra en las márgenes del nacionalismo. Quizás ciertas partituras encajen en esa estética, pero en realidad la cubanía no es en su caso proclama ni adorno, sino una vibración interna: tanto es el libre vuelo de su discurso como su ceñida expresión.

En el 2005, Diez Nieto fue reconocido con el Premio Nacional de la Música. Lo recibió con esa modestia que ha marcado cada acto de su vida. Pero seguramente como un nuevo estímulo para entregarnos nuevas sorpresas.

 

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