A César Leal se le reconoce por sus dotes de gran dibujante, una
línea sensible, poseedora de una carga afectiva de amplio registro.
Un día se sacó de encima la obsesión representativa, dando paso a la
creatividad imaginativa en la que el subconsciente individual se
impone. Algo que se mantiene hasta nuestros días...
Quien se quede solo con sus temas se equivocará. César Leal es
dueño de una escritura plástica, fundada en su capacidad de expresar
sentimientos y percepciones de la realidad que luego traduce a la
imagen con esa fuerte y enigmática manera de crear.
La obra del artista (Sagua la Grande, 1948) podría resumirse como
una síntesis de experiencias recogidas en su carrera y que hoy día
transmite entre formas y colores permeados, claro está, por
valoraciones críticas y especulaciones formales. En los acrílicos
sobre lienzo de reciente elaboración convergen trazos estilísticos
de otras etapas que había abandonado y que, nuevamente, apoyado por
la tan recurrida teoría posmodernista, regresan de la mano de un
lenguaje de símbolos creado de forma muy personal.
Después de mucho trabajar, César Leal se dio cuenta de que el
realismo no es otra cosa sino mirar por dentro de cada uno, y a
partir de ahí encontrar en el exterior lo que uno siente. No eso que
se ve por fuera. La muestra actual de La Acacia (San José No. 114,
entre Industria y Consulado, La Habana Vieja) titulada Carpe Diem
(Disfruta el momento), una amplia retrospectiva que va desde los
primeros trabajos de estudiante en 1965 hasta el 2008, deja entrever
los diferentes instantes que ha disfrutado en su amplio bregar por
las sendas de las artes plásticas, y permite calibrar, de manera
excepcional, la variedad y riqueza de lecturas de su creatividad
donde sobresale la exaltación, por momentos incontenible de sus
percepciones.
Pintar, desde la década de los noventa ha sido su obsesión.
Aunque rastreando por el horizonte creativo encontramos terrenos muy
firmes en otras disciplinas de la plástica, como el grabado y el
dibujo, presentes en esta exposición y donde los más jóvenes podrán
reconocer a un artista en todo el sentido de la palabra. En las
disímiles superficies tocadas por su poética que podría resumirse
como no tener ningún estilo —incluso dicho por él—, César Leal
exorciza recuerdos, nostalgias y pinta para no olvidar y para que no
olvidemos. Constante es en su trabajo la alusión a las huellas de la
realidad, del desarrollo progresivo y de la herencia cultural con el
hombre como centro gestor.
En las telas, desde principios de los noventa, armó su quehacer a
partir de un tratamiento neocubista-expresionista con una mezcla de
lo racional e intuitivo donde aparecía una sensualidad plena de
sugerencias (serie Parejas). En otras obras y series, de la
mano de esa poética que parte de la imagen símbolo, que le permite
analogías y contrastes entre elementos de disímiles procedencias
humanas, culturales y naturales aborda de manera crítica la
hipocresía, la doble moral, y otros aspectos sociales, a través de
elementos que pueden tener carácter local e incluso trascenderlo y
en los que revela una especie muy libre de pensamiento en torno a
ritmos y asociaciones de color que muestran una agresividad siempre
controlada.
Mientras que en los trabajos con elementos religiosos y míticos
se caracteriza por una sobriedad en los tonos. Signos distintivos
del arte moderno y otros íconos participan de este acto de
recuperación y desarrollo de formas no agotadas del arte universal.
El presente todo lo impregna y dirige a su vez los impulsos
pictóricos del creador hacia una progresiva reducción en el trazo y
el plano. El dibujo esquemático, busca el trazo certero y sutil con
ligereza. A su lado, el color definitorio cobra espontáneamente
fuerza, con una línea reforzada. Tonos llenos de luz, claridad que
todo lo llena, desvaneciendo los volúmenes, aplastados en un exceso
que juega con los planos y el espacio, en cuyo fondo sombras
misteriosas articulan la nada...
En sus parábolas pictóricas, él integra lo ético con la historia,
la ironía con el drama y persiste en ese camino de construir obras
de arte mediante elementos de otras realizaciones de la plástica
descontextualizada. Todos ellos constituyen algunos de los
instrumentos esenciales en los que César Leal fundamenta su obra.
Muchas veces, el arte nos transporta más allá de la realidad
aparente. La obra de este creador, como factor de reflexión,
conmueve lo real en su acto de verificación poética.