"Si quieres hablar con él —sugiere Nancy Cruz, funcionaria de
colaboración en la esfera de la Salud— llega hasta el hospital
Ernesto Guevara. Allí puedes verlo ahora mismo en la sala G-4. Ante
la difícil situación que nos ha dejado este huracán, él renunció a
sus vacaciones para trabajar en lo que necesite la provincia."
Y, en efecto: ataviado en su blanca bata, Ángel me recibe con esa
sencillez inequívocamente familiar que no se aprende a la fuerza en
jornadas de laboratorio.
"El panorama es delicado por los estragos de Ike, también ante el
riesgo de enfermedades. Por eso varios compañeros nos hemos
incorporado voluntariamente a trabajar durante nuestras vacaciones."
De acuerdo con declaraciones del doctor Marcos del Risco,
director de Salud en la provincia, la misma actitud de Ángel Enrique
ha caracterizado a más de un centenar de médicos, enfermeras,
técnicos y otros internacionalistas, que no vacilaron en sumarse a
centros de evacuación, hospitales, policlínicos, consultorios,
actividades de higienización y otras tareas, para cerrar fila frente
al peligro potencial que pudieran representar brotes diarreicos, de
leptospirosis, dengue, hepatitis...
—¿Habrás pensado descansar, al menos un par de días, antes de
regresar a Venezuela?
"En verdad ni lo he pensado. Me siento bien, no estoy agotado,
soy útil aquí y voy a estar ofreciendo mi ayuda hasta que me
comuniquen la fecha de salida."
Aunque hubiera preferido tener a "su Ángel" a la distancia de una
caricia durante las 24 horas del día, Yanive (esposa de Mariño)
siente profundo orgullo de ese hombre a quien la pequeña Yara Yaiset
(fruto de ambos) va a admirar mucho más también.