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Fábrica de Tejas Infinitas
Un albergado fugitivo y otras historias
Enrique Milanés León
Vladimir Blancar Diéguez es todo un "caso": estaba evacuado
porque su vivienda en Nuevitas fue derrumbada por el huracán Ike, y
su esposa Mariluz permanece ingresada en Imías, Guantánamo, donde
cuida de su embarazo. ¿Qué hizo el fornido mulato? Optó por
abandonar el albergue temporal que le garantizó la Revolución y
marcharse a Camagüey.
La
fábrica sufrió los más severos daños de cubierta de su historia.
Él defiende sus razones: "Albergado no podía aportar nada y yo no
me perdonaría eso en un momento como el que vivimos ahora". Vladimir
es techador de la Empresa Serviquímica de Nuevitas que, como otras
entidades, envió brigadas para colocar nueva cubierta a una parte de
la Fábrica de Tejas Infinitas de Camagüey, cuyo techo voló en buena
cantidad cuando Ike azotó la provincia.
"Me siento bien porque contribuyo a ayudar a la población. Así es
la vida: posiblemente mi techo salga de esta fábrica", confiesa al
reportero sin quitar la vista del gran agujero que, a imagen y
semejanza de un ojo ciclónico, Ike dejó sobre la caldera de la
fábrica como un recuerdo macabro.
¿VENGANZA DE HURACANES?
Puede tomarse como ironía o venganza ciclónica. Lo cierto es que
llama la atención que la fábrica, única de su tipo en Cuba ,
perdiera con los vientos buena parte de su techo cuando su objeto,
por años, ha sido producirlo. Según Alexis Batán Bacallao, el
director general, algunos estimados sugieren que las tejas salidas
de allí de por vida podrían cubrir todas las viviendas de la nación,
lo cual es perfectamente creíble en una planta de muy larga data.
Algunas tamboras llevan inscrito el año de fabricación: ¡1889!
Se
acomete el techado de la caldera para garantizar el flujo continuo
de cartón y tejas en blanco.
Ike les arrancó 3 543 tejas de fibrocemento, 500 de zinc y 2 947
de fibroasfalto, pero enseguida hubo reacción: en los lugares más
urgentes, como el horno, la caldera y las máquinas, se colocan 500
tejas de fibrocemento rusas —más largas que las convencionales— y
460 de zinc, mientras que las de fibroasfalto, hechas allí, se
pondrán cuando el país les conceda algún lote.
Lo más importante es que reiniciaron el trabajo: "En un día y
medio hicimos las primeras 10 000 tejas—informa Batán— y solo
esperamos techar completamente el horno para que el flujo vuelva a
ser ininterrumpido". Cuando termine el techado de la caldera y de la
máquina, se garantizará el suministro de cartón y tejas en blanco
requerido para conseguir los volúmenes de 9 000 a 10 000 tejas
diarias.
Vladimir
Blancar: “Yo solo estoy cumpliendo con mi Patria”.
Con la actitud acostumbrada, los 178 trabajadores de la planta la
echaron a andar parcialmente a solo 11 días del paso del ciclón,
adelantándose a pronósticos que apuntaban al día 30 de septiembre.
Pese a los daños y la interrupción, el colectivo mantiene el
compromiso de cumplir con el millón 200 000 unidades previstas para
el año, meta que implica añadir, medio millón antes del cierre de
diciembre.
HEROÍSMO A LA ALTURA DEL TEJADO
Humberto Castellanos García, operador de máquina conformadora de
cartón, atesora cuatro décadas de permanencia en la fábrica.
"¿Vieja? Sí, es verdad, sin embargo mejoramos mucho la calidad y
vamos a seguir avanzando. Tenemos veinte dificultades y las
resolveremos para ayudar a más gente todavía".
Humberto dice estar acostumbrado a llevarles la contraria a los
huracanes: un ciclón tumba miles de tejas en un día; ellos las
producen. El hombre recuerda también los sucesos felices, cuando
"Fidel estuvo aquí en el 86".
Cerca de él, Luis León Alomá, operador de autoclave y jefe de
turno, señala cómo el pueblo de Cuba siempre responde, pero esta vez
ha enviado un mayor volumen de papel y cartón. "Mire, esa cantidad
es la mejor muestra. Todos aportan —añade— porque los cubanos somos
muy unidos, todos quieren participar. La gente trabaja por su techo
o por el de los otros; nadie sabe cuándo le va a hacer falta una
teja".
Es hora de la merienda y Nioannys Fuentes Felicó comenta su
trabajo de techador: "Es difícil por la altura y lo viejo del techo;
debemos andar con cuidado. Somos de Nuevitas y mírenos aquí, esta es
nuestra forma de ser solidarios".
Fue Nioannys quien le habló a Granma de Vladimir, el
"albergado fugitivo". Y entonces Vladimir se decidió a contar su
historia, la de un hombre que desde los días del ciclón no ha podido
hablar con su mujer en Guantánamo, ni saber del estado del hijo que
viene en camino; Vladimir, el techador confiado en que su Mariluz
está bien y lo apoya: "Ella lo sabe, yo debía desprenderme de mi
problema y ayudar; ella lo entiende porque también es una cubana
solidaria". |