Fábrica de Tejas Infinitas

Un albergado fugitivo y otras historias

Enrique Milanés León

Vladimir Blancar Diéguez es todo un "caso": estaba evacuado porque su vivienda en Nuevitas fue derrumbada por el huracán Ike, y su esposa Mariluz permanece ingresada en Imías, Guantánamo, donde cuida de su embarazo. ¿Qué hizo el fornido mulato? Optó por abandonar el albergue temporal que le garantizó la Revolución y marcharse a Camagüey.

Foto: Jorge Luis TéllezLa fábrica sufrió los más severos daños de cubierta de su historia.

Él defiende sus razones: "Albergado no podía aportar nada y yo no me perdonaría eso en un momento como el que vivimos ahora". Vladimir es techador de la Empresa Serviquímica de Nuevitas que, como otras entidades, envió brigadas para colocar nueva cubierta a una parte de la Fábrica de Tejas Infinitas de Camagüey, cuyo techo voló en buena cantidad cuando Ike azotó la provincia.

"Me siento bien porque contribuyo a ayudar a la población. Así es la vida: posiblemente mi techo salga de esta fábrica", confiesa al reportero sin quitar la vista del gran agujero que, a imagen y semejanza de un ojo ciclónico, Ike dejó sobre la caldera de la fábrica como un recuerdo macabro.

¿VENGANZA DE HURACANES?

Puede tomarse como ironía o venganza ciclónica. Lo cierto es que llama la atención que la fábrica, única de su tipo en Cuba , perdiera con los vientos buena parte de su techo cuando su objeto, por años, ha sido producirlo. Según Alexis Batán Bacallao, el director general, algunos estimados sugieren que las tejas salidas de allí de por vida podrían cubrir todas las viviendas de la nación, lo cual es perfectamente creíble en una planta de muy larga data. Algunas tamboras llevan inscrito el año de fabricación: ¡1889!

Se acomete el techado de la caldera para garantizar el flujo continuo de cartón y tejas en blanco.

Ike les arrancó 3 543 tejas de fibrocemento, 500 de zinc y 2 947 de fibroasfalto, pero enseguida hubo reacción: en los lugares más urgentes, como el horno, la caldera y las máquinas, se colocan 500 tejas de fibrocemento rusas —más largas que las convencionales— y 460 de zinc, mientras que las de fibroasfalto, hechas allí, se pondrán cuando el país les conceda algún lote.

Lo más importante es que reiniciaron el trabajo: "En un día y medio hicimos las primeras 10 000 tejas—informa Batán— y solo esperamos techar completamente el horno para que el flujo vuelva a ser ininterrumpido". Cuando termine el techado de la caldera y de la máquina, se garantizará el suministro de cartón y tejas en blanco requerido para conseguir los volúmenes de 9 000 a 10 000 tejas diarias.

Vladimir Blancar: “Yo solo estoy cumpliendo con mi Patria”.

Con la actitud acostumbrada, los 178 trabajadores de la planta la echaron a andar parcialmente a solo 11 días del paso del ciclón, adelantándose a pronósticos que apuntaban al día 30 de septiembre. Pese a los daños y la interrupción, el colectivo mantiene el compromiso de cumplir con el millón 200 000 unidades previstas para el año, meta que implica añadir, medio millón antes del cierre de diciembre.

HEROÍSMO A LA ALTURA DEL TEJADO

Humberto Castellanos García, operador de máquina conformadora de cartón, atesora cuatro décadas de permanencia en la fábrica. "¿Vieja? Sí, es verdad, sin embargo mejoramos mucho la calidad y vamos a seguir avanzando. Tenemos veinte dificultades y las resolveremos para ayudar a más gente todavía".

Humberto dice estar acostumbrado a llevarles la contraria a los huracanes: un ciclón tumba miles de tejas en un día; ellos las producen. El hombre recuerda también los sucesos felices, cuando "Fidel estuvo aquí en el 86".

Cerca de él, Luis León Alomá, operador de autoclave y jefe de turno, señala cómo el pueblo de Cuba siempre responde, pero esta vez ha enviado un mayor volumen de papel y cartón. "Mire, esa cantidad es la mejor muestra. Todos aportan —añade— porque los cubanos somos muy unidos, todos quieren participar. La gente trabaja por su techo o por el de los otros; nadie sabe cuándo le va a hacer falta una teja".

Es hora de la merienda y Nioannys Fuentes Felicó comenta su trabajo de techador: "Es difícil por la altura y lo viejo del techo; debemos andar con cuidado. Somos de Nuevitas y mírenos aquí, esta es nuestra forma de ser solidarios".

Fue Nioannys quien le habló a Granma de Vladimir, el "albergado fugitivo". Y entonces Vladimir se decidió a contar su historia, la de un hombre que desde los días del ciclón no ha podido hablar con su mujer en Guantánamo, ni saber del estado del hijo que viene en camino; Vladimir, el techador confiado en que su Mariluz está bien y lo apoya: "Ella lo sabe, yo debía desprenderme de mi problema y ayudar; ella lo entiende porque también es una cubana solidaria".

 

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