Este es el argumento principal de la película Kangamba,
del realizador Rogelio París, quien eligió para la ficción escribir
el nombre con k. El filme, próximo a estrenarse en el país,
cuenta en los roles protagónicos con Rafael Lahera y Armando Tomey.
¿Cómo plasmar en imágenes tantas proezas? ¿Cómo recrear ese
pedazo de historia y memoria?, y aún más, ¿cómo interpretarlo?
Rafael Lahera comparte especificidades de su trabajo y su personaje.
"Mi personaje, el capitán Mario (Mayito), es un personaje de
ficción inyectado dentro de esta historia real. Para la película
tuvimos un entrenamiento militar bastante riguroso en la unidad de
tanques de Managua. Cuando llegamos a filmar era una vida totalmente
militar, nos levantábamos a las cinco de la mañana y nos vestíamos
como militares hasta que nos acostábamos.
"Hacer este protagónico fue un reto grande, que existieran los
personajes reales era una responsabilidad mayor. Yo estaba
comprometido hasta los tuétanos con lo que hacía y con el personaje
que interpretaba. Siempre trato de meterme mucho en la historia y
entregarme cuando me gusta lo que estoy haciendo.
¿Cómo se prepararon para interpretar la gran historia que tenían
delante?
"Comenzamos a hacer los trabajos de mesa con un mapa de Cangamba
como si fuéramos militares. Nos referíamos a las locaciones, las
trincheras, los quimbos, etc., buscándolos en el mapa. Teníamos que
conocer bien el lugar que se reprodujo en Camagüey.
"Durante el rodaje conocimos a casi todos los protagonistas
reales de la batalla. Cuando terminamos de hacer la previa tuvimos
un encuentro con muchos de los combatientes claves que, luego,
estuvieron durante el rodaje. Tuve el enorme placer de conocer al
coronel Fidencio González Peraza, uno de los héroes de esta historia
y con el cual mantengo un entrañable vínculo amistoso.
¿Cuáles fueron las mayores satisfacciones?
"Recuerdo cuando Fidencio estuvo en el Cangamba reproducido en
Camagüey y quedó muy emocionado con el lugar. Esa fue la primera,
saber que estábamos haciendo algo que, por lo menos a los
protagonistas de aquella historia, les era muy cercano. Luego
también las relaciones humanas que establecimos con ellos, dado que
es muy difícil recrear algo que ocurrió bajo un fuego real, bajo
condiciones bastante duras.
"Al general Enrique Acevedo le agradezco que haya tenido la
gentileza de llevarme a un campo de tiro y que casi me enseñara a
disparar. Me ayudó muchísimo, con él tengo una amistad magnífica que
surgió de las armas y de una historia de armas.
Hace 25 años en una situación similar, ¿qué hubieras hecho?
"Creo que hubiera respondido de la misma manera que ellos
respondieron. Yo no tuve el privilegio de ir a Angola, a lo mejor
hubiese sido uno de los sobrevivientes de Cangamba o no.
¿Cómo fue trabajar bajo las órdenes de París?
"Rogelio es una persona que sabe mucho de cine y es un hombre muy
apasionado, muy entregado. Desde los inicios de la película, él
trató de insuflarnos ese espíritu, se negaba incluso a llamarnos por
nuestros nombres, nos llamaba por los nombres de los personajes.
Volver a trabajar con Tomey, ¿cómo funcionó la química esta vez?
"Muy placentera, Tomey y yo somos compañeros hace tiempo y hemos
trabajado muchas veces en el mismo colectivo.
¿El resultado final?
"No es una película hollywoodense, queríamos que fuera una
historia bastante creíble y pienso que lo logramos. El mayor desafío
era hacer un digno homenaje a todos los hombres que estuvieron ahí y
no defraudar, en definitiva, al pueblo cubano, porque casi todos
tenemos un amigo o familiar que estuvo en Angola. Esperamos que la
historia se conozca en diferentes latitudes."