El huracán y La Palma

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

"Me llamo Claribel y soy la promotora cultural de este Consejo, el Manuel Sanguilly. Los niños vienen en camino. Vamos a tener que hacer la actividad al lado de la panadería; hoy los eléctricos están arreglando lo que está pendiente y por eso no hay luz allá arriba. Pero aquí funcionará bien la cosa. Ya estuvieron trovadores y cómicos y les fue bien".

Foto: MARIO DÍAZLa Colmenita: ejemplo de entrega artística y humana.

Claribel es una negra joven de pelo suelto, bien plantada, que no sabe cómo dejar de sonreír. El techo de su casa se lo llevó una ráfaga y las paredes cedieron ante el empuje de la corriente. Como ella, decenas de familias sufrieron pérdidas materiales en este lugar de la geografía pinareña que en el plazo de una semana vio salir uno y otro huracán. "Yo creo que les gusta irse al mar por Sanguilly", dice un vecino. "Lo importante es que sean dos, cinco o diez huracanes, no nos ablandemos", comenta Claribel mientras ultima las diligencias para la presentación de La Colmenita.

Los niños actores de la compañía que dirige Carlos Alberto Cremata se han trasladado desde La Habana para compartir su arte con los pequeños de esta comunidad del municipio de La Palma. Y con los adultos. Porque el jolgorio alcanza para todas las edades. Es la primera de dos funciones sabatinas; en horas de la tarde recorrerán los once kilómetros que distan de la cabecera municipal.

Foto: JOSÉ J. MARTÍLa Colmenita actúa para los habitantes del Consejo Popular Manuel Sanguilly.

Los "colmeneros" se pasean, entre sones y guarachas, por la fábula de Caperucita. Aunque el cuento es harto conocido, la puesta en escena, irreverente e imaginativa, conquista a los espectadores como si se tratase de un estreno.

"Ellos no actúan, juegan, se divierten", comenta Cremata, dueño de herramientas pedagógicas que hacen de su tropa un ejemplo de entrega artística y humana.

Este último fin de semana, La Colmenita, multiplicada en cuatro brigadas, ofreció dieciséis funciones al aire libre en comunidades de Vueltabajo.

Apenas amaneció el sábado, los niños abordaron el transporte que los llevaría a su destino. Antes de la partida, el ministro de Cultura Abel Prieto, quien los acompañaría en la expedición, les explicó cómo no pocos de los niños que estarían en el público habían tenido que comenzar el nuevo curso académico en casas y portales de la vecindad, dado el daño sufrido por las escuelas.

Foto: ENRIQUE DE LA UZDespués de la actuación, una foto para el recuerdo.

En La Palma los espectadores nunca supieron cuándo terminaba la representación. "No es algo forzado —aclara Cremata— sino muy natural que nuestros muchachos, sin cambiarse el vestuario de la actuación, se mezclen con el público y compartan vivencias e intercambien direcciones. Más que el arte, nos interesa crear un ambiente de participación y solidaridad".

"Esto que hace La Colmenita —tercia Abel Acosta, viceministro de Cultura y presidente del Instituto Cubano de la Música— forma parte del espíritu de los cientos de artistas que se han sumado con sus talentos a las tareas de recuperación".

El arte se desgrana por estos días de uno a otro confín del archipiélago. En estos mismos momentos, en el extremo oriental, vibran los sones del Septeto Habanero y la rumba de Clave y Guaguancó, mientras la gente de Baracoa y Maisí descubren entre los integrantes de la brigada los rostros conocidos de alguna telenovela.

En Pinar del Río otros artistas comparten con la gente. Pedro Pablo Oliva, Humberto (El Negro) Hernández y otros pintores encaran la restauración del parque de Candelaria y preparan una expo-venta para recaudar fondos destinados a la recuperación.

Todo aporte se agradece. Ahora se atienden necesidades básicas, se organizan los esfuerzos constructivos y se hace hasta lo imposible para que en estos territorios castigados la normalidad vuelva a ser una condición cotidiana. Quizá mañana la épica de estos días asome en los versos de Miguel Barnet y Víctor Fowler, en la letra de una canción de Jorge Gómez o en la prosa de Laidi Fernández de Juan, participantes en la travesía.

Pero en la memoria de los años que vendrán, para los niños que se harán hombres y mujeres en Sanguilly y La Palma, habrá un espacio con el júbilo que La Colmenita inyectó en sus almas.

Erguida y valiente

Gustav fue el viento; Ike el agua. Gustav despeinó los árboles y las casas, y echó abajo una buena parte del tendido eléctrico. El daño de Ike vino después de la calma, cuando un diluvio soliviantó el cauce del río y la marea penetró hasta un kilómetro tierra adentro. Gustav llegó como pintado por los versos de José María Heredia, cuando en 1882 fue sobrecogido por una tempestad semejante: En fiera confusión el viento agita / las orlas de su parda vestidura... / ¡Ved!... en el horizonte / los brazos rapidísimos enarca, / y con ellos abarca / cuanto alcanzo a mirar, de monte a monte! Ike parece haber sido descrito por Juan Clemente Zenea, aquel poeta marcado por la tragedia: Salta preñado el río sobre el llano / y amenaza a los buenos labradores, / y encuentran los insectos un océano / en el agua que rueda entre las flores. Pero si hubiera que hallar metáforas que ilustren la vocación solidaria y la voluntad de resistencia de las mujeres y los hombres que se sobreponen a estos embates de la naturaleza, allí están los versos tenaces de El huracán y la palma, esa antológica pieza de Sindo Garay: Erguida y valiente / con blando capullo / que sirve de espada / doblada hacia el suelo / besando la tierra / batió el huracán.

 

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