En esta última institución, la muestra, bajo el título Lam in
North America, fue calificada por los principales periódicos de
la costa este como la más importante del autor cubano en ese país
durante los últimos 30 años y, en comparación con otras de la actual
temporada, al mismo nivel de interés que la antológica de George
O’Keeffe en el Museo de San Diego, y la del célebre escultor del
periodo barroco Gian Lorenzo Bernini en el Getty Center, de Los
Ángeles. La exposición del maestro cubano reúne 65 pinturas, guaches
y dibujos atesorados por ocho instituciones públicas de EE.UU. y dos
decenas de coleccionistas privados de esa nación.
El creciente interés del público norteamericano por la obra de
Lam se explica, según palabras del principal curador de la
exhibición, Curtis Carter, por el tremendo talento de un creador que
supo mostrar su universo espiritual producto de una hibridación
multicultural mediante las herramientas expresivas con las que sus
contemporáneos revolucionaron la pintura europea en la primera mitad
del siglo pasado. Para Carter, Lam continúa renovando la visualidad
de nuestros días desde la perspectiva de los discursos que definen
la diversidad cultural ante las tendencias globalizadoras que
tienden a nivelar los lenguajes de nuestra época.
Más allá de La jungla, emblemática pieza inscrita entre
las joyas del Museo de Arte Moderno de Nueva York, los espectadores
descubren la extraordinaria vitalidad de Lam en obras como
Trópico (1947), adquirida el año pasado por el Museo del Condado
de Los Ángeles, aunque también se rinden ante una pieza como
Mujer con largos cabellos (1938), aparentemente distante de la
iconografía por la que actualmente es reconocido el autor, y sin
embargo reveladora de un ritmo visual que anticipaba ya los mayores
logros del artista.
Con visible entusiasmo, el crítico Christopher Knight escribió en
el diario Los Angeles Times que "las pinturas de Lam siempre os
deparan sorpresas perpetuas". Basó su juicio en la peculiar manera
de entender el mestizaje como una realidad cultural en permanente
construcción.
En el catálogo de la exposición varios ensayos recuerdan el papel
de Cuba y la herencia africana asimilada por la identidad insular en
el salto cualitativo que registró la creación del artista a partir
de los años cuarenta, cuando después de su fecunda etapa de
formación y confrontación en Europa vivió y trabajó en La Habana.
De ello fue testigo Alejo Carpentier, quien escribió: "Yo
recuerdo que Wifredo Lam, en contacto con la naturaleza de Cuba, al
volver a contemplar los árboles que había visto en su infancia, al
ver las plantas que crecían a su alrededor sintió una especie de
choque. Hubo, de repente, un cambio diametral en su pintura y en su
manera de ver la superficie por cubrir colores. (¼
) Me di cuenta que estaba naciendo algo nuevo en la pintura de Lam.
Lam estaba realizando, poco a poco, una especie de simbiosis; estaba
hallando en los elementos de la flora tropical, de la flora de Cuba,
una serie de factores plásticos, que iban a transformarse en las
figuras imaginarias de sus lienzos".
Entre nosotros, la obra de Lam es preservada y promovida en
instituciones cubanas como el Museo Nacional de Bellas Artes y el
Centro Wifredo Lam.