Valle Blanco ya tiene escuela

Freddy Pérez Cabrera

MANICARAGUA.— Aliesky Morera pasó unos días muy mal cuando su mamá le contó que el ciclón había destruido parte de su escuela. Mamita y ya no podré jugar más en la computadora, fue la primera pregunta que hizo el niño de apenas siete años, quien cursa el segundo grado en el colegio Manuel Ascunce Domenech, ubicado en una empinada colina de la localidad de Valle Blanco, en Manicaragua.

La escuela Manuel Ascunce tiene una matrícula reducida pero está dotada de todos los medios de enseñanza.

Para los pequeños Alejandro Hernández y Dianelys LLanes, la principal preocupación, al igual que la de los otros cinco niños que integran el colectivo, era la suerte corrida por la maestra Maida Concepción, a quien todos idolatran.

El impacto en la comunidad por los daños causados por el ciclón en el centro fue muy grande porque allí no hay nada más importante que la escuela y su maestra. De ahí la disposición de los vecinos para reponer lo perdido.

Tan pronto pasó el fenómeno, la pedagoga se personó en el centro y, junto a algunos padres y autoridades del Consejo de Defensa, evaluó los perjuicios causados por el Ike. Con mucho pesar comprobó que el techo había volado en pedazos, lo que provocó que parte de la base material de estudio se mojara.

Aliesky Morera recobró la alegría con el reinicio del curso escolar.

En medio de la desgracia hubo la conformidad de que ninguno de los principales medios de enseñanza—televisor, video, computadora— sufrieron averías por haber sido trasladados del lugar de manera oportuna, expresa la maestra.

Con la colaboración de los vecinos, al otro día ya estaban trabajando para restaurar el centro y reiniciar el curso escolar tan pronto como fuera posible. Recopilaron las partes del techo menos dañadas y, con la ayuda del municipio, en pocos días la institución quedó como nueva.

El pasado lunes 15 resultó un día de fiesta en Valle Blanco. Hubo regocijo en el rostro de los infantes, de la maestra Maida y de los padres, quienes reconocen que lo realizado para devolver la alegría a Valle Blanco no ha sido en vano.

Proeza compartida

La Manuel Ascunce es una de las 66 escuelas de la montaña averiadas al paso del huracán, de las cuales ya se habían recuperado 43, en un esfuerzo colosal para devolver la tranquilidad a niños, padres y docentes.

En Villa Clara el número de planteles perjudicados superó los 250. No obstante, ningún estudiante dejó de recibir clases este lunes, aunque algunos de ellos lo hicieran en casas de familia o de los propios maestros, consultorios médicos, círculos sociales u otras instituciones que cedieron su espacio de manera generosa, según reconoció Rolando Rodríguez Royero, director provincial de Educación.

Ha sido una verdadera proeza de los trabajadores del sector y del Estado cubano, afirmó Rodríguez, quien reconoció la labor desempeñada por maestros y cuadros, los que permanecieron en el centro para proteger las instalaciones, los medios de enseñanza y la base material de estudio, logrando así que los daños fueran menos.

Un dato ilustrativo del altruismo de los educadores villaclareños es que 416 maestros y profesores de esta provincia perdieron su casa o tuvieron una afectación muy grande y, sin embargo, hoy se encuentran frente al aula.

En ningún municipio hubo que lamentar la pérdida de una sola computadora, video o televisor. Los principales daños están en los colchones mojados, los techos y la carpintería, aseguró el director provincial de Educación.

 

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