Del Museo de la Prehistoria, al aire libre en los valles
intramontanos pinareños, a la comunidad guantanamera de ranchería,
donde perviven los últimos descendientes de los taínos aborígenes,
Arturo Sotto trató de revelar los hilos de una isla insólita,
marcada por una espiritualidad sui géneris, donde lo extraordinario
subyace en los recodos de la cotidianeidad.
Esa intención se halla plasmada en el documental Bretón es un
bebé, coproducción cubano-brasileña que se estrenó este jueves
en la sala Chaplin, de la Cinemateca de Cuba, y luego se exhibirá en
los circuitos comerciales del país.
Inicialmente el filme fue concebido como uno de los once
documentales de la serie Los latinoamericanos, de la
productora brasileña Televisión de América Latina (TAL), cada uno
dedicado a un pueblo diferente de la región. TAL aceptó, entre
varias propuestas, el proyecto de Sotto y el ICAIC se implicó en la
producción.
Dentro de ese paquete, el documental de Sotto se llama Los
cubanos. "Pero entre nosotros —explicó el director— quise que
llevara por título la paráfrasis de un dicho muy de aquí. Cuando uno
dice ‘Fulano es un niño de teta’, está comparando a ese Fulano con
algo que lo sobrepasa. Y así sucede con André Breton, el padre del
surrealismo. Hay acontecimientos en la historia y el presente cubano
que supera la imaginación más surrealista".
Al dialogar ayer con la prensa, Sotto aclaró cómo nunca pretendió
"un ensayo sobre la identidad nacional; sencillamente edité una
sucesión de imágenes que quizá sugieran por acumulación muchas cosas
al espectador".
Lamentó haberse tenido que ceñir a 52 minutos. "Filmamos unas 70
horas —precisó— y tuvimos que dejar fuera historias maravillosas
como las de la ciudad de Remedios, donde se dio aquella pelea cubana
contra los demonios de la que escribió Fernando Ortiz e inspiró a
Gutiérrez Alea una película, o las de El Cobre, con su santuario y
la imaginería popular".
La filmografía de Arturo Sotto es una de las más interesantes
entre los realizadores cubanos que se dieron a conocer en los años
90. Tan elocuentes ha sido sus películas de ficción —Pon tu
pensamiento en mí (1995), Amor vertical (1997) y La
noche de los inocentes (2007)— como una documentalística que
tiene entre sus títulos En la Calzada de Jesús del Monte
(1990) y El hombre de las mil voces (2004). En el caso de
Bretón es un bebé, contó con la fotografía de Ernesto Granado,
la producción de Francisco Álvarez y la música de Roberto Julio
Carcassés.