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Increíble haber hecho tanto en tan poco tiempo
Alicia Alonso repasa los 60 años del Ballet
Nacional de Cuba y anticipa las alegrías del inminente Festival
Internacional de La Habana 2008
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Tal vez parezca una cifra abrumadora, pero a la principal
protagonista de esta hazaña se le han ido como si nada las vueltas
del calendario: "Sesenta años es un plazo breve en la historia; lo
increíble es haber hecho tanto en tan poco tiempo", sentencia esta
mujer que transpira voluntad y plenitud de vida.
Alicia
Alonso, leyenda mundial de la danza.
Seis décadas atrás, el 28 de octubre de 1948, Alicia Alonso no
solo fundó la primera compañía profesional danzaria del país, sino
dio los pasos iniciales de la Escuela Cubana de Ballet.
"Imagine usted lo que esto representa; una islita pequeña, que
heredó el subdesarrollo, con una Escuela reconocida en el mundo
entero. Y luego, el hecho de que no es una escuela para una élite,
es de todo un pueblo, con profesores y bailarines salidos del seno
de ese pueblo y un público amplísimo y diverso. ¡Oiga, eso es algo
fabuloso, que no existe en ninguna otra parte, lo puedo asegurar!",
exclama Alicia con legítimo orgullo.
"La verdad hay que decirla —precisa—: la Escuela es obra de la
Revolución. Desde el primer encuentro que sostuve con Fidel me di
cuenta de que él comprendía la importancia de la cultura artística,
y particularmente del ballet, para la Revolución y consiguió que
muchos, hasta nosotros mismos, comprendiéramos esa idea".
“Nosotros
sabemos que la melodía es fundamental”.
CÓMO BAILAN LAS CUBANAS Y LOS CUBANOS
Con Alicia la conversación es fluida. Tiene respuestas rápidas
para cada pregunta, pero sabe darle peso a las palabras. Si requiere
un dato, lo verifica con su compañero, Pedro Simón, reconocido
crítico e investigador literario y en la actualidad director del
Museo de la Danza. Lo único difícil radica en la imposibilidad de
captar, en una entrevista para la prensa escrita, el movimiento de
las manos de Alicia. Muchos de sus comentarios van acompañados de
gestos, acentos e hiatos corporales con los que enfatiza o matiza
una apreciación.
Se remonta a los años de fundación. Primero fue el Ballet Alicia
Alonso; más tarde, en 1955, Ballet de Cuba, y luego del triunfo
revolucionario, Ballet Nacional de Cuba. Hasta ese último momento,
bailar en la Isla era un acto quijotesco; las adargas lanzadas
primero contra la desidia oficial y después para desmontar el
intento de la tiranía de convertir a la compañía en un instrumento
de propaganda del régimen.
Mirta,
Josefina, Loipa y Aurora: “Nunca perdieron su personalidad, pero
bailaban con el estilo de nuestra Escuela”.
Apenas Alicia supo que el sátrapa había sido derrocado por el
Ejército Rebelde, regresó a La Habana desde Estados Unidos, país en
el que ya ocupaba una altísima jerarquía artística.
"Allá me decían —recuerda— que yo bailaba distinto, y me dediqué
a estudiarme a mí misma. Junto a Fernando Alonso analizaba lo que
tenía de diferente. Cobré conciencia acerca de cómo sentía la danza
y cómo la proyectaba. Ese fue el principio de la Escuela, un modo de
entender el ballet que transmití inicialmente a Mirta Pla, Josefina
Méndez, Loipa Araújo y Aurora Bosch, cuatro primeras figuras
formadas por mí, a las que enseñé los clásicos del ballet. Nunca
perdieron su personalidad, no bailaban igual, eso lo cuidé mucho.
Pero bailaban con el estilo que caracterizaría a nuestra Escuela".
Desfile
de uno de los festivales anteriores: “Mi mayor satisfacción es ver
el talento multiplicado”.
La prima ballerina assoluta profundiza en el tema:
"La Escuela Cubana de Ballet tiene uno de sus fundamentos en la
forma en que guardamos el estilo de cada ballet y otro en la
relación del bailarín con la música. Yo siempre he dicho que la
técnica es el idioma, pero hay que saber qué se dice y cómo se
comunican las cosas, y ese es el estilo. Cada obra tiene el suyo y
se debe ser fiel a este. En cuanto al otro aspecto, nuestra Escuela
cultiva la musicalidad del intérprete. Muchos piensan que se baila
con el ritmo, pero nosotros sabemos que la melodía es fundamental,
que ella determina el tiempo de cada movimiento, la orientación del
gesto, la proyección del lenguaje del cuerpo".
"¿Lo distintivo en los varones? El bailarín cubano se hace notar
por la caballerosidad en su relación con la pareja, no importa qué
personaje haga".
LA BELLA DURMIENTE Y OTRAS ALEGRÍAS
Ante la inminencia del XXI Festival Internacional de Ballet de La
Habana —del 28 de octubre al 6 de noviembre—, la vida de Alicia se
vuelve mucho más agitada por estos días.
Una coreografía revisitada por ella, La bella durmiente del
bosque, le exige máxima dedicación. Ha retocado la coreografía
que concibió sobre la original de Marius Petipá:
"Habrá dos funciones el miércoles 29 y el jueves 30 en el Gran
Teatro de La Habana. Tengo mucha ilusión con esta producción, que
puede considerarse un reestreno, después de 22 años sin presentarse.
La solidaridad y el compromiso de muchos amigos de la compañía harán
posible que La bella durmiente del bosque se presente con
todo el esplendor que merece. Contaremos con unos excelentes
decorados de Ricardo Reymena y el concurso del diseñador de
vestuario francés Philippe Binot".
En el orden coreográfico, Alicia aportará la primera puesta en
Cuba de A la caída de la tarde, que realizó especialmente
hace unas semanas en Santo Domingo para los actos por la nueva
investidura presidencial de Leonel Fernández, y el estreno mundial
de Lucía Jerez.
"En efecto, se basa en la única novela que escribió nuestro José
Martí —comenta—, y es el homenaje de la compañía a los 400 años de
existencia de la literatura cubana. Para mí es un placer trabajar
sobre un guión de Fina García Marruz, una poetisa a la que admiro
mucho. Encontré una partitura de quien fue un buen amigo, Enrique
González Mántici, que le viene como anillo al dedo. Todo esto se
completa con los diseños de Frank Álvarez, un artista de mucho
valor".
La fecunda huella de esta leyenda viva de la danza mundial
quedará marcada también por la función de gala que recordará el
aniversario 65 de la primera vez que bailó Giselle.
"¡Pero no hable solamente de mí! —protesta—. Debe conocerse lo
que traen otros coreógrafos, como el español Ramón Oller, que monta
con nosotros una obra basada en textos musicalizados de Rosalía de
Castro; de su compatriota Iván Pérez Avilés, un joven que ha
cosechado éxitos con el Ballet de Cámara de Madrid y luego en
Holanda y Dinamarca; del francés Michel Descombey, desde hace más de
30 años en México, quien nos conmoverá con su pieza dedicada al Che
Guevara; y, entre los cubanos, de Eduardito Blanco, que estrenará su
coreografía La Campanella, con la música de la famosa pieza
que juntó los genios de Liszt y Paganini. También habría que hablar
del gran interés de la crítica por el Festival y de los esfuerzos, a
pesar de las circunstancias adversas por las que se enfrenta el
país, para extender el evento más allá de La Habana, con funciones
en el Sauto, de Matanzas, el teatro de Cárdenas y en Las Tunas, una
ciudad cuyos habitantes tienen un espíritu tremendo y aman la danza.
El público cubano se merece un Festival como este que preparamos".
¿Y acaso ella también no lo merece?
"Sepa usted —me dice con marcado énfasis— que hemos formado a
nuevas figuras, pero hay otras que vienen atrás: sus nombres todavía
no circulan en boca de los aficionados; y están los estudiantes de
nuestras academias, y de nuestra Escuela Nacional, una instalación
insuperable, impulsada por Fidel. Ya verá usted el asombro ante el
desfile de inauguración del Festival. Nunca ha habido tanto talento
como hoy. Mi mayor satisfacción es ver el talento multiplicado". |