Con el propósito de encarar la situación, diversas instituciones
coordinan acciones a lo largo de la Isla. "Existe un programa en
marcha, con una primera etapa para desarrollar hasta el 2015. Este
es un trabajo cuyos frutos no se verán de inmediato, pero hay que
comenzar", asegura el doctor Adolfo Rodríguez Nodals, jefe del Grupo
Nacional de Agricultura Urbana.
Entre las metas está lograr que cada persona ingiera diariamente,
al menos, 400 gramos de hortalizas y frutas. Además, se plantea la
necesidad de incrementar las producciones de arroz integral,
frijoles, viandas de pulpa amarilla, tubérculos y raíces.
La doctora Liudmila de la Concepción Izaguirre, del Instituto de
Nutrición e Higiene de los Alimentos, comenta que aumentar la
disponibilidad y el acceso de la población a esos renglones es algo
prioritario, pues son los que aportan las fibras, que resultan
básicas en el control de las enfermedades metabólicas.
Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), como la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), coinciden en que un bajo consumo de frutas y
hortalizas incrementa el riesgo de padecer cardiopatías, algunos
tipos de cáncer y provoca cada año la muerte de más de dos millones
de seres humanos.
A sus efectos se atribuye el 31% de las cardiopatías isquémicas,
y entre un 20% y un 30% de los tumores malignos del tracto
gastrointestinal superior.
Pero no solo se trata de explotar más eficientemente la tierra.
"El consumo tiene que ir a la par de la disponibilidad. No basta que
la gente conozca que el ajonjolí o el rábano tienen propiedades
beneficiosas; también deben saber cómo prepararlos, y para ello es
imprescindible la educación", dice Liudmila.
Aunque en todo el país se han comenzado a dar pasos, existen
cuatro territorios en los que se trabaja de manera diferenciada para
vincular la producción agropecuaria a la nutrición humana, a la vez
que se pone énfasis en la capacitación de las familias.
Uno de ellos es el municipio pinareño de San Cristóbal (los otros
son Jaruco, en La Habana, Colón, en Matanzas, y la barriada de
Lawton, en la capital).
El estudio es exhaustivo y parte de la idea de que las cifras
disponibles actualmente no son del todo precisas. El propio
Rodríguez Nodals apunta que "las estadísticas que tenemos sirven de
base, pero hay que perfeccionarlas".
Por ejemplo, una interpretación fría de los números que maneja el
sistema de la agricultura en San Cristóbal podría sugerir que la
producción del territorio permite la distribución de unos 340 gramos
de hortalizas por habitante; sin embargo, en ellos no se descuentan
las cáscaras y semillas, que aunque son incluidas a la hora de
comercializar un producto, nunca llegan al paladar.
Los consultorios del médico de la familia —que a sus funciones
tradicionales deben agregar la de consejeros nutricionales— y los
medios de difusión locales, también desempeñan un papel relevante en
este proyecto que persigue incrementar la calidad de vida de los
cubanos, con la premisa de que al igual que el amor, una buena salud
entra por la cocina.