La salud también entra por la cocina

RONALD SUÁREZ RIVAS

El hecho de que las principales causas de muerte en Cuba guarden relación con los hábitos nutricionales, acapara hoy la atención de varios ministerios y organismos cercanos al tema.

La achicoria, una de las menos conocidas.

¿Qué comemos? ¿Con cuánta frecuencia? ¿En qué proporciones? Más que costumbres y gustos, la respuesta a tales interrogantes debería ajustarse a lo que resulta saludable y lo que no lo es.

Concepción Campa, integrante del Buró Político y directora del Instituto Finlay, asegura que hay alimentos que pueden ser considerados como medicamentos para determinadas patologías.

Yo siempre digo que la agricultura debe ser la verdadera industria farmacéutica de un país, porque no hacemos nada con producir toneladas de medicinas y tener una población enferma. La salud está en la prevención, añade la científica.

Foto: Yordanka Almaguer Varios tipos de hortalizas, ricas en vitaminas, han dejado de producirse por la escasa demanda.

Sin embargo, en nuestro archipiélago, el índice de enfermedades cardiovasculares y tumores —en los cuales la nutrición tiene incidencia— denota que no todo lo que se sirve a la mesa le hace bien al organismo.

El problema tiene varias aristas. La presencia en el mercado de productos para confeccionar un menú balanceado, en cantidades suficientes y a precios asequibles, es una de ellas; pero no la única.

Según la especialista, en ocasiones se han estado cultivando hortalizas y frutas que no han tenido demanda porque no existe tradición de cómo elaborarlas.

Para lograr que cada persona consuma diariamente 400 gramos de hortalizas y frutas, debe incrementarse la producción y hacerla más asequible.

Con el propósito de encarar la situación, diversas instituciones coordinan acciones a lo largo de la Isla. "Existe un programa en marcha, con una primera etapa para desarrollar hasta el 2015. Este es un trabajo cuyos frutos no se verán de inmediato, pero hay que comenzar", asegura el doctor Adolfo Rodríguez Nodals, jefe del Grupo Nacional de Agricultura Urbana.

Entre las metas está lograr que cada persona ingiera diariamente, al menos, 400 gramos de hortalizas y frutas. Además, se plantea la necesidad de incrementar las producciones de arroz integral, frijoles, viandas de pulpa amarilla, tubérculos y raíces.

La doctora Liudmila de la Concepción Izaguirre, del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, comenta que aumentar la disponibilidad y el acceso de la población a esos renglones es algo prioritario, pues son los que aportan las fibras, que resultan básicas en el control de las enfermedades metabólicas.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS), como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), coinciden en que un bajo consumo de frutas y hortalizas incrementa el riesgo de padecer cardiopatías, algunos tipos de cáncer y provoca cada año la muerte de más de dos millones de seres humanos.

A sus efectos se atribuye el 31% de las cardiopatías isquémicas, y entre un 20% y un 30% de los tumores malignos del tracto gastrointestinal superior.

Pero no solo se trata de explotar más eficientemente la tierra. "El consumo tiene que ir a la par de la disponibilidad. No basta que la gente conozca que el ajonjolí o el rábano tienen propiedades beneficiosas; también deben saber cómo prepararlos, y para ello es imprescindible la educación", dice Liudmila.

Aunque en todo el país se han comenzado a dar pasos, existen cuatro territorios en los que se trabaja de manera diferenciada para vincular la producción agropecuaria a la nutrición humana, a la vez que se pone énfasis en la capacitación de las familias.

Uno de ellos es el municipio pinareño de San Cristóbal (los otros son Jaruco, en La Habana, Colón, en Matanzas, y la barriada de Lawton, en la capital).

El estudio es exhaustivo y parte de la idea de que las cifras disponibles actualmente no son del todo precisas. El propio Rodríguez Nodals apunta que "las estadísticas que tenemos sirven de base, pero hay que perfeccionarlas".

Por ejemplo, una interpretación fría de los números que maneja el sistema de la agricultura en San Cristóbal podría sugerir que la producción del territorio permite la distribución de unos 340 gramos de hortalizas por habitante; sin embargo, en ellos no se descuentan las cáscaras y semillas, que aunque son incluidas a la hora de comercializar un producto, nunca llegan al paladar.

Los consultorios del médico de la familia —que a sus funciones tradicionales deben agregar la de consejeros nutricionales— y los medios de difusión locales, también desempeñan un papel relevante en este proyecto que persigue incrementar la calidad de vida de los cubanos, con la premisa de que al igual que el amor, una buena salud entra por la cocina.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir