Con la reafirmación del vital compromiso entre cultura y nación
se celebró la gala artística por el aniversario 47 de la fundación
de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en el teatro
Mella.
El poeta y ensayista Miguel Barnet, presidente de la UNEAC,
destacó que los desafíos convierten a la institución en una
organización madura, cuyo principal objetivo es preservar la función
del creador en interés de la sociedad y su eticidad y ser portadora
de la memoria histórica y el perfeccionamiento de las obras de sus
miembros.
Reiteró el propósito de constituir la vanguardia artística y
cultural del país y dedicó un especial recuerdo a los fundadores
como el Poeta Nacional Nicolás Guillén, Juan Marinello, Alejo
Carpentier, Mariano Rodríguez, Harold Gramatges y Raquel Revuelta.
También señaló que existen nuevos bríos y que el énfasis está
puesto en el fortalecimiento de las bases fundacionales en un
proyecto abarcador, que cuenta con 14 comités provinciales y 19
municipales a lo largo de toda la Isla.
El programa artístico, sintético y de suprema calidad, abarcó las
esencias de lo cubano desde las raíces hasta los celajes del
frondoso árbol que constituye la cultura revolucionaria.
Entre sus hitos estuvo la interpretación de Omara Portuondo de La
Era, de Silvio Rodríguez, a capella y Zenaida Armenteros, esa eterna
gacela negra de la elegancia, quien del propio autor interpretó En
el claro de la luna, una canción que le viene como anillo al dedo.
Otro momento emocionante lo protagonizó la actriz Eslinda Núñez,
la eterna Lucía del cine cubano, quien leyó un texto esencial del
escritor José Lezama Lima sobre las esencias y la imagen de lo
cubano a lo largo del devenir hasta la llamarada libertaria del 26
de julio de 1953.
Raquel Hernández, esa gran señora de la canción cubana, regaló un
pequeño compendio de números paradigmáticos de Sindo Garay, mientras
el joven trovador Eduardo Sosa volvió a interpretar, con especial
sentido La Bayamesa.
La gala concluyó con las presentaciones de David Álvarez y Juego
de mano, en un derroche de cubanía con sus simpáticas guarachas y un
bolero de lujo, perteneciente a su más reciente disco